Barcelona
26 de December de 2006
Pasado

Palau
| Añadir a favoritos | Convertir en página de inicio | Utilidades | Acerca de |

Pasado

Palau
He desarrollado un pequeño script para el cuaderno que me permita guardar el contenido o fragmento de interés de las páginas a las que enlazo. Esto es así porque han dejado de estar disponibles en la web parte de las referencias. Entiendo, como lo ha hecho la jurisprudencia estadounidense, que no infringe leyes de protección de la propiedad intelectual: los textos han sido expuestos públicamente en la red, y queda expresa su ubicación. La realización es muy tosca porque no dispongo de tiempo para mejorarlo y su función es meramente utilitaria. Tampoco ayuda la confusión babélica con la que cada navegador ha desarrollado su concepto de estilos y javascript. El código se asocia a un elemento, preferiblemente un hiperenlace. Al detener el ratón un momento sobre él aparecerá debajo un recuadro que permite acceder al contenido en caché que, por comodidad, es un simple fichero de texto. Como ejemplo se puede ver la entrada dedicada a Condoleezza Rice. Los hiperenlaces contienen dos llamadas a función:
< a onmouseover="enl(this);" onmouseout="desenl();" href="http://www....>
Hay que modificar además la plantilla para añadir en cada página la referencia al código de estas funciones:
< script src="http://www.atril.org/phineus/ wp-content/themes/phineus/scripts.js" mce_src="http://www.atril.org/phineus/ wp-content/themes/phineus/scripts.js" > < /script>
Podríamos examinar las diferencias entre un hoax (bulo) informático y una leyenda urbana, pero en el fondo el primero no deja de ser una adaptación del otro a los nuevos medios de comunicación. Sus características son las mismas: una mentira creada por un desconocido, sin finalidad aparente, que se difunde rápidamente hasta abarcar una gran extensión, permanece durante bastante tiempo enquistada en la cultura de calle, e, incluso en los casos en que su refutación es obvia, es difícil de erradicar. Los ejemplos son innumerables: la crionización de Walt Disney, el asunto Ricky Martin en Sorpresa, sorpresa, la chica de la curva, las snuff movies, la fórmula secreta de la Coca-cola, el filete de carne que desaparece en Coca-cola (hay tantas sobre este producto), etc. La página http://www.snopes.com/ está llena de ejemplos. No cuesta identificar en todas estas historias unos elementos comunes: un personaje famoso o situación cotidiana suscita el interés del oyente por el relato, que tiene que poseer una cierta verosimilitud -en numerosos casos es un amigo del narrador, de cuya honradez no se debe dudar, el testigo directo-; sin anular esta plausibilidad, la historia debe ser asombrosa para poder recordarla, y contener un elemento morboso, o terrorífico que incite a contarla rápidamente a otra persona. Richard Dawkins consideró que la información podía entenderse formada por ciertas unidades a las que denominó memes. Los memes se propagarían en la cultura de un modo parecido a los genes en las especies, y el ambiente determinaría su supervivencia. En esta teoría de la evolución de las ideas, las leyendas urbanas son entes de gran capacidad reproductiva, que se ven adornados frecuentemente en su propagación con elementos que los hacen más fascinantes.
El hoax es un correo masivo. Su medio de divulgación no es el boca a boca, sino internet. Puede ser parecido a las leyendas urbanas expuestas, u ofrecer o solicitar ayuda. Amenazas de virus si se abren determinados correos o se recibe cierto mensaje en el móvil, pronósticos de desgracias si no se reenvía el mensaje a un mínimo de personas, reclamo de solidaridad para un enfermo inexistente, ofertas de grandes compañías, etc. Estas cadenas no necesitan ser tan llamativas para sobrevivir, pues parte de su fuerza la reciben de la sencillez que en muchos sistemas de correos supone el pulsar un botón de reenviar. El nacimiento y evolución de los hoaxes es paralelo al del spam. No absolutamente por azar: a los mensajes reenviados sucesivas veces acompañan numerosas direcciones de email de posibles destinatarios de correo basura.
La tecnología ha multiplicado los medios en los que se reproducen las leyendas urbanas: el teléfono, el mensaje a móvil, el correo electrónico, recientemente los blog, y son bastantes las que en algún momento han saltado a la televisión, radio o prensa escrita. La publicidad ha visto pronto en ello un método sin parangón para hacer llegar un producto con una inversión mínima a una gran cantidad de personas. Se llama publicidad o marketing viral al que aprovecha las redes sociales, a menudo escondiendo de forma poco limpia su condición de propaganda. El adjetivo viral nos la emparenta nuevamente con la biología. Su difusión se asemeja a la de una enfermedad, y a juzgar por lo que se observa, van a ser cada vez más frecuentes.
El nombre era tan poco afortunado que el FBI decidió cambiarlo cuando hacía ya tiempo que había salido a la luz y se había admitido su existencia. Carnivore se llamó desde comienzos de 2001 DSC-1000, con intención de no asustar a la prensa. En realidad los medios de comunicación tendrían a partir del 11 de septiembre de dicho año otro foco de mayor atención, y este sistema de espionaje británico pasaría a verse hasta con buenos ojos. Como Echelon no evitó el derrumbe de las Torres Gemelas.
El sistema de Carnivore era tan burdo que cuesta entender que funcionase mal. Mediando una autorización judicial, se obligaba al proveedor de acceso a internet (ISP) del espiado a instalar un ordenador que espiaba su correo electrónico. Se almacenaba una copia de la información susceptible de ser investigada que más tarde el FBI analizaba. Esta simplicidad no desvelaba muchos interrogantes. El punto en que Carnivore se instalaba permitía en principio conocer todo el tráfico de internet (no sólo correo electrónico y, por supuesto, no sólo del sujeto investigado) que circulaba por el proveedor. El FBI argumentaba inicialmente que dicha información era filtrada para proporcionar sólamente correos del intervenido, después que se buscaban ciertos términos que podían ser usados por terroristas en su comunicación. Realmente, desde sus inicios Carnivore estuvo capturando tráfico sin filtrar. Finalmente, y bajo el amparo de la Ley de Supervisión de la Inteligencia Extranjera (ley FISA) se exigió el 12 de septiembre de 2001 a los proovedores principales de internet que instalasen el sistema, y un día más tarde se aprobó la Combating Terrorism Act, que permitía investigar las comunicaciones electrónicas sin mediar autorización de juez. Subsiguientes leyes han permitido un cotrol más amplio.
A pesar de todo, Carnivore nunca funcionó correctamente, y el FBI optó por utilizar software comercial hasta que a comienzos de 2005 lo retiró definitivamente.
Se publica hoy una noticia por la cual parece ser que el motivo por el que casi 2000 billetes se han deshecho en Alemania al contacto con el sudor es el consumo de la droga crystal speed. El asunto no debería sorprender a nadie: año y medio después de la introducción del euro un estudio ya reveló que en dicho país el 90% de los billetes contenían trazas de cocaína. En cuanto a España, como señala dicho artículo, la concentración en las mismas fechas era 100 veces superior. De hecho, España es el país que más cocaína consume porcentualmente.
El crystal speed es una metanfetamina (no sería ésta la que destruiría el papel, sino el ácido producido por la reacción entre pequeñas cantidades de sulfatos y el sudor). Produce aceleración del ritmo cardiaco y nerviosismo tras diez minutos de ser aspirada y, en grandes cantidades, pueden aparecer efectos alucinógenos. Como otras sustancias para uso recreativo -no es sarcasmo, sino terminología jurídica- es considerada ilegal en España, pero su consumo no constituye delito, aunque puede sancionarse con multa.
Lo expuesto, que muchos considerarán un problema, quizás pueda solucionarse copiando la nueva idea que con otra intencionalidad llevará a la práctica el Gobierno de México dentro de pocos días. Desconozco si admiten el lavado, pero los billetes de 50 que entrarán en circulación entonces no estarán fabricados con papel, sino plástico. El objetivo es que sean más duraderos, y obviamente no afecta en nada al consumo de droga. Pero un político honrado debe rechazar dinero que no esté limpio.