Ésta es la magnífica estupidez del mundo, que cuando enfermamos en fortuna -a menudo por los hartazgos de nuestra propia conducta- echamos la culpa de nuestros desastres al sol, a la luna y a las estr...

Abecé

9 de February de 2007

Abecedario

7=5

30 de January de 2007

Va un pequeño entretenimiento mátemático. Obviamente el razonamiento que sigue es erróneo, la cuestión es dónde, o por qué.

Cómo poner trabas a la cultura

25 de January de 2007

La abusiva cantidad de requisitos que la Fundación de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes exige para que se le haga un hiperenlace, después de meditarlo largamente, sólo puede tener por objetivo el evitar divulgar los contenidos del sitio. Como si una página web se diseñase para no verla. No tengo clara la validez de estas exigencias: un hiperenlace no deja de ser una referencia al documento que desde otro lugar se ofrece (no es una copia, pues éste se sigue almacenando en el servidor de origen). El que se use para, por ejemplo, calumniar o difamar, aunque no soy entendido en leyes, creo que no es delito; es decir, lo sería la difamación misma, pero no la mención de una dirección de Internet. Y, por supuesto, tampoco tiene relación con actividades ilícitas como el phising, más allá del uso de la misma tecnología. Así pues, la única pretensión que se me asoma pueden tener tales normas ha de ser dificultar la divulgación de la cultura. No se prohibe, desde luego, la referencia a la web, pero se le imponen condiciones tan peregrinas como que se haga en tipo de letra Arial negrita de doce puntos con valores RGB 155, 23, 26. Y si antes ponía en duda los conocimientos legales de quien lo redactó, ahora quedo en que tampoco posee facultades de editor, pues continúa indicando los valores de matiz, saturación y luminosidad, como si no constituyese redundancia. Quien esté interesado en conocer todas las condiciones, puede hacerlo leyendo el siguiente documento: marco legal. Y al anunciarlo acabo de contravenir multitud de condiciones de dichas normas, con lo cual, según se indica en su punto cuarto, podré ser perseguido por todos los medios que las leyes prevén. El portal, por su parte, no tiene apuro en presentar secciones de sugerencias, servicios, enlaces a otros organismos, etc. sin aplicarse para sí las mismas políticas que exige a sus enlazantes. En realidad, como dice Manolo, la primera referencia no autorizada hecha desde el sitio web es a Miguel de Cervantes. Que por otra parte, si pudiese hablar hoy, sería el primer interesado en que se le nombrase.

Un portal que adopta una política semejante es la Biblioteca Virtual de Andalucía. En realidad existen muchos otros, pero no por extendida la costumbre se hace más inteligible. Los buscadores de internet más conocidos utilizan como uno de los parámetros para valorar la importancia de una página web el número de enlaces que reciben desde otros puntos. Cuantas más páginas lleven a algo, más debe de interesar. Es un sistema tal vez burdo, pero mecánico y objetivo. Así, imponer trabas al uso de hiperenlaces tiene un doble efecto perjudicial: estamos perdiendo un posible lector que habría llegado hasta nosotros por una parte, y por otra reduciremos posiciones entre los resultados de búsquedas desde servicios como Google o MSN. En cualquier caso, el sinsentido de estas condiciones es tal que supongo muy pocos les prestan atención. Google tiene registrados más de siete mil enlaces a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. No me he molestado en buscar si alguno cumple las normas antedichas, porque tengo claro que sería una excepción. El resto, la casi totalidad, podrá ser perseguido por todos los medios que las leyes prevén.

Coplilla a Paco de Puente de Génave

18 de January de 2007

He encontrado este texto, que debe tener casi diez años. No creo que Paco llegue a leerlo, pero si es así, me perdonará la guasa:

Paco de Puente de Génave
tunante de vil calaña,
la matrona que te trajo
no vio otro romper de aguas.
Temían augures viejos
tu frialdad y mala saña:
se unieron en un infante
baja estofa y alta estafa.
Cuando viniste a la tierra
la luna se desangraba,
Mercurio a ver su pupilo
se entretenía en su marcha,
Marte se apegaba a Antares,
y Algol, falaz, se apagaba.
Aullaban lobos y perros,
corrían las alimañas,
maullaban gatos y linces,
los hombres se acobardaban.
No alcanzó tu boca el llanto,
que aire no necesitabas:
los ladrones nunca piden:
apresan, huyen y callan;
ni aire te diste ni dieron,
que quien presume se engaña,
y en timar, sujeto fuiste
activo sin semejanza.
Embaucaste, bribonzuelo,
sin respetar grey, compaña,
edad, condición ni fuero,
sin piedad ni tolerancia,
a aquél con quien te encontraste
allá donde caminaras.
(¿Por qué no te ajusticiaron
los amigos que hoy te amparan?
¿Quién hay más perjudicado
que el que es estafado en casa!)
Se cuenta que en tu bautizo
te bebiste toda el agua
porque no dijeran luego
que dejaste correr nada,
y tanto escamoteaste
aun en edad tan temprana
que a tu madre le chupaste
las raíces de las mamas.
Asustaste a tus parientes
con tus tretas y artimañas
y a la edad de quince meses
ya nada se te escapaba,
apuntabas las industrias
de vendedor de patrañas:
en suceso en modo infausto
vendiste al Diablo tu alma
con tan buenos regateos
que a lo que ni Dios tasaba
le sacaste un alma y media
en monedas de oro y plata;
vendiste tu madre a un moro
y por eso lengua mala
te trataba a ti de expósito
y otro tanto a ella de blanca;
vendiste fincas ajenas,
antiguallas todas falsas,
inventos inexistentes,
cristal por ricas alhajas;
a un ciego endosaste un cuadro,
a un gobernador tu plaza,
a un monje su campanario,
diste a un sordo su campana,
el aire vendiste a un ruso,
a un italiano la Alhambra
la luna, el sol, las estrellas,
te las comprase una gala.
¡Cuanta mentira dijiste!
Me dicen corazonadas
que no hay imaginación
que genere tanta fábula.
Gran novela habrías creado
si escribieses lo que narras,
pero sabes que el artista
no come por temporadas;
aunque a tu modo lo eras,
sin papel, sin tinta y caña,
sin cinceles ni martillos,
sin pincel, óleos o espátula:
inventaste mucho cuento,
bellos cuadros nos pintabas,
¡ni uno firmaste de ellos,
tu humildad era tan vasta
que terminadas tus obras
te embozabas como capa
una sonrisa escondida,
torva, convulsa y malvada,
y volvías tu cabeza
a la senda más cercana?
pero tu obra más excelsa
la hiciste aquella mañana
en que salido a la calle
con porte altiva y ufana,
tras leer la mano izquierda
de una pícara gitana,
pasaste bajo el dintel
de la puerta de una tasca
y con garbo y parsimonia
te aproximaste a la barra:
«Apuesto estos dos mil duros
a que hoy la tierra se acaba»
«¡Cuidado, que es Paco Cuenca!
¡Nadie le acerque barajas!»
«Que repita lo que ha dicho,
no sea que se haga borrajas.»
«Para quien no me escuchase
lo digo con voz más clara,
que hay término para el mundo,
y que tal final se alcanza.»
«Denle dos copas de vino,
este tipo está majara.»
La concurrencia despierta
y comenta la envidada.
De la calle ciudadanos
se asoman a ver qué pasa,
y su curiosidad sacian
pasando adentro con gana.
«Aclárenos usted cuándo,
no sea que luego nos salga
con que no ha mentado ahora
la fecha, tan señalada.»
«Al entrar ya se lo he dicho:
que de ahora mismo se trata,
y si en este nuestro día
el planeta fin no alcanza
aquí en sus manos entrego
las pesetas que jugaba.
Y a qué ponen tantos peros,
que si yo gano, de nada
les sirven estos dineros;
y si acaso ustedes ganan,
pues suyos son, ¿o no es eso
una apuesta lo que manda?»
Se soltaron al momento
billetes a gran mansalva,
los sueldos de todo un mes,
del negocio las ganancias.
Gran fortuna se reunió
y hasta hubo quien su esperanza
pusiera en don Paco Cuenca,
sospechando una celada.
Éste renovó su apuesta
y una lozana oleada
de rivales codiciosos
le añadiera aun más carnada.
El que narra estaba allí
ahogando penas amargas
con vino malo, que al cabo
ahoga sólo la paga.
Y apostó por Paco, pero
lo hiciera con la esperanza
de que el acabarse el mundo
no fuera noticia falsa.
Aguardaron los presentes
el final de la jornada,
unos con angustia inmensa,
otros con nerviosa ansia.
El reloj daba las horas
con indolencia y galbana.
¿Qué pasaría a la postre?
¿Sería una fanfarronada
la noticia alucinante?
¿O con fasto y algarada
de tambores y trompetas
recibiría a las ánimas
orfeón de ángeles músicos
para entablar la batalla
con demonios en ejército;
y gran sinfín de desgracias
acaecería en la tierra
y las cosas que anunciadas
fueron del Apocalipsis
(hambre, enfermedades, plagas,
muerte, destrucciones, guerra,
jinetes, pueblos en llamas,
sellos rotos, magnos juicios,
y al final dolor o calma)
todo sobrevendría ahora,
a las puertas de la tasca?
Era mucha la inquietud,
un sinnúmero las cábalas.
Las aguja de los minutos
inexorable avanzaba
al encuentro de las doce,
hora de gnomos y hadas,
de brujas, ogros y duendes,
de miedos y de fantasmas.
Hora de imposibles, pero
si es que algo se avecinaba,
solo eran del campanario
previsibles campanadas.
Así dio la medianoche
más sencilla y más mundana,
más limpia, clara y fresquita,
más suave y desengañada,
que pudieran recordar
las memorias más ancianas.
Y «¿Aún no ven que el mundo acaba?»,
dijo Paco. Las miradas
le apuntaron con inquina
y trazas de desconfianza.
«No hemos visto su final.
Aclárenos lo que pasa,
que somos cien contra uno
para no creer su guasa.»
«¡Eso mismo! ¡Mi dinero!
¡Terminemos esta farsa!»
«¡Alto ahí, que no se toque!
Veamos antes quien gana:
yo apostaba honradamente,
sin doblez y sin falacia
que el mundo no era infinito
que la tierra no es tan vasta
que no se termine nunca,
y es verdad bien constatada
que cuantos la navegaron
volvieron luego a sus casas
y que naves espaciales
lograron fotografiarla.
Ustedes me exigieron fecha
y yo, pues cualquiera es válida,
les dije que aquella misma,
a mí nada se me daba.
Y ayer, como un día cualquiera,
la tierra era limitada.»
Armóse gran alboroto,
nadie el discurso aceptaba;
alguien pidió que el dinero
no saliera de la sala,
otro que a don Paco Cuenca
se le diera apaleada,
se oía estruendo y griterío
y el odio se desbordaba
por la puerta hacia la calle,
por la calle hacia la plaza.
«¡Silencio se haga un momento!
¡Se acabó lo que se daba!
Parece que no se acepta
la apuesta, ya terminada.
Pues hagamos una cosa:
ya que no creen mi palabra,
juzgue un juez si es o no justo
que me lleve mi ganancia
según fuera o no verdad
lo que les aseguraba.»
Y el reclamar la justicia
fue idea muy acertada,
porque nada perdía Paco
si deshacían la trampa,
y se llevaba el dinero
sin costillas fracturadas
y todas las de la ley
si la ley se lo aceptaba.
Así fue, y es conocido
que gran fortuna sacara.
Comió servidor al menos
por tiempo de dos semanas.
Y por eso les decía
que don Paco, cuando engaña
artista es en el oficio,
comerciante de gran talla:
pinta sin tinta sus sueños
y cobra por sus palabras.
Demasiado, según veo.
Alguna incierta mañana,
cuando alegre desayune,
habrá veneno en su taza
(tal vez lo ponga un amigo,
el que con ustedes charla,
cansado de que le robe
quien pasa por camarada.
Que si antaño algo le diera,
luego el doble le quitara)
Pero eso quedará lejos,
don Paco no se amilana,
no piensa que exista el día
en que acabe su jarana.

El día juliano

28 de December de 2006

A pesar de que se debe a los astrónomos el diseño de prácticamente cualquier calendario usado actualmente o en la antigüedad, ninguno de ellos ha satisfecho sus necesidades. No nos referimos a las incorrecciones que con sucesivas mejoras se han ido subsanando, sino a otra cuestión: cuando más ligadas han estado sus divisiones a los ciclos del sol y la luna, y han sido por tanto de mayor utilidad para predecir sus movimientos, más difícil han sido de manejar para realizar cálculos. Por ejemplo, el calendario civil egipcio, con su año de exactamente 365 días, permitía fácilmente calcular cuántos días habían transcurrido entre dos fechas cualesquiera. La introducción de días bisiestos complica algo más la tarea, ya que exige contabilizar los veintinueves de febrero intermedios. Y la reforma del papa Gregorio añade un elemento de complejidad adicional. A lo que hay que sumar un sinfín de detalles más: los saltos con cada cambio de calendario, los desacuerdos (países o regiones con distinto calendario, o distinta fecha de inicio del año), la no existencia de año cero, las divisiones no decimales (el día tiene 24 horas, cada hora 60 minutos…), el cambio de hora -e incluso de fecha- según la longitud terrestre, los segundos adicionales que se agregan al final de algunos años, el cambio de hora en verano en algunos países de Europa, etcétera. Todo esto produciría importantes quebraderos de cabeza a los astrónomos modernos de no ser porque hace mucho decidieron crear un sistema propio lo más simple y exento de incoherencias posible.

El inventor fue Joseph Justus Scaliger. En 1583, recién estrenado el calendario gregoriano, este autor francés convertido al protestantismo publicó su Opus de Emendatione Tempore, en la que exponía un sistema sumamente simple para datar acontecimientos: contar los días a partir de una fecha. La elección de ésta es una cuestión que hoy carece de interés, pero en en sus cálculos buscó la coincidencia del ciclo lunar o metónico, el solar y el periodo de recaudación de impuestos en la antigua Roma. Esto le dio como fecha de inicio de su cuenta el lunes 24 de enero del año 4183 antes de Cristo según el calendario juliano (24 de noviembre en el gregoriano). Los días se referirían a dicho momento. Así, diríamos que el 1 de enero de 2000 acaeció el 2451544. Scaliger decidió llamar día juliano a tal datación en honor a su padre, Julius Cesar -el nombre no tiene por tanto nada que ver con el calendario juliano-. La cuenta comienza por cero y a mediodía (de Greenwich). Posteriormente se introdujeron periodos menores como divisiones decimales del día. Por tanto, para ser precisos deberíamos haber dicho que el uno de enero de 2000 fue el día juliano 2451544,5. Obvia decir lo útil que un sistema semejante ha resultado para la astronomía desde la época de su invención hasta la actualidad, en la que el instrumental y los registros están controlados por computadoras. Como curiosidad, los ciclos que Scaliger utilizó se repiten cada 7890 años, lo que denominó año juliano.

A partir del día juliano se pueden calcular fácilmente dos fechas más relacionadas con él: el día juliano modificado, que pretende hacer menos engorroso su uso, y que son las cinco cifras menos significativas; y el día lidiano, número de días transcurrido desde la entrada en vigor del calendario gregoriano, el 14 de octubre de 1582. El nombre del último deriva de Luigi Lilio Ghiraldi, como reconocimiento a su aportación a dicho sistema. Existen numerosas aplicaciones para calcular el día juliano disponibles en la red a partir de nuestra fecha. De hecho, la mejor forma de traducir una fecha de un calendario a otro es emplear como intermediario el día juliano.