Los días que nunca existieron 1

Envía marthiano un comentario con el texto íntegro de un interesante artículo que la profesora de la Universidad de Salamanca Ana M. Carabias Torres publicó en Tiempos Modernos con motivo del cambio de milenio. Está repleto de información sobre las evoluciones que ha sufrido nuestro calendario hasta el momento actual, y no lo puedo reproducir por su extensión. Pero me he sentido tentado a añadir algunas notas pintorescas a uno de los hechos que describe: las distintas adopciones por parte de cada país de la adaptación que Gregorio XIII hizo al calendario juliano. Para entender a qué se refiere, hacer notar que el sistema propuesto por César introducía los días bisiestos para aproximar la verdadera duración del año, que es de 365 días y casi un cuarto. Concretamente 365′2422454 (365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,5 segundos), pero tal precisión no podía lograrse en aquella época ni sólo con esta mejora, y en el siglo XVI los solsticios arrastraban ya diez días de adelanto. Ana M. Carabias nos sigue contando así:

El retraso astronómico en la celebración de la fecha de la Pascua, era un problema considerado como “intolerabilis” (R. Bacón) y en el que la Iglesia y los intelectuales cristianos empeñaron toda su dedicación en orden a que dicha celebración pudiera llevarse a cabo en la fecha fijada por el Concilio de Nicea. Tras larguísimas y dificultosas investigaciones y negociaciones, se llegó a la Reforma Gregoriana del calendario: En 1582 apareció el sistema que aún hoy rige nuestro tiempo, a través de una bula del papa Gregorio XIII.
Su primera resolución fue, como la de Julio César, drástica: el día 4 de Octubre pasaba a ser, a todos los efectos, el 15 de Octubre de ese año. Los 10 días intermedios no han existido para Roma y su eliminación hizo de ese año 1582 el más corto. Se fijó en 365,2425 días el año, resultando una desviación mínima de exactitud. Y para prevenir futuros desfases, se redefinieron los bisiestos: son los años divisibles por 4, excepto los centenarios, que sólo lo serán si pueden dividirse por 400 (por eso el 2000 tiene 366 días mientras que el 1900 tuvo 365).
La bula papal de reforma del calendario sólo fue adoptada inmediatamente en España, Italia y Portugal. Francia la acató el 9 de Diciembre de ese 1582 (que pasó a ser el 20 de Diciembre), los estados católicos de Alemania y de los Países Bajos el 1 Enero 1583, Hungría en 1587, los estados protestantes alemanes en 1700, los británicos se resistieron hasta 1752 (cuando ya existía un intervalo de 11 días entre su sistema y el gregoriano: por eso allí el 12-Septiembre, pasó a ser día 14). Los más rezagados, URSS y Japón lo adaptaron respectivamente en 1918 y 1923.

Continúa en Los días que nunca existieron 2

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2 respuestas a “Los días que nunca existieron 1”

  1. Damián Isaac Meléndez Manzano Dice:

    hola, actualmente trabajo en un proyecto de edición y traducción de la bula papal “Inter Gravissimas”, y trato de buscar información por todos los medios posibles. ¿Podrías por favor decirme cuáles son tus fuentes; además de indicarme en dónde conseguir una buena edición de esta obra?

  2. Phineus Dice:

    Siento responderte, Damián, que mi conocimiento de la medición del tiempo es apenas el de un aficionado a la historia, y no soy adecuado para recomendarte una buena edición de la Inter Gravissimas. Respecto a las fuentes del texto, el ya citado artículo de Ana María Carabias Torres, publicado en el número 1 (año 2001) de la revista electrónica Tiempos Modernos, que menciona cierta bibliografía. Si lo que te interesa son los calendarios occidentales previos a la bula, Gerald James Whitrow da una visión somera pero clara y documentada “Time in History” (Oxford University Press, 1988), publicada en Crítica en 1990 como “El tiempo en la Historia”.

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