Lidice
La primera referencia que se conoce de la población de Lidice puede situarse en torno al año 1300, y es una mención del abad Petr Zitavsky. Su iglesia de San Martin databa de hecho de 1352, aunque había sido destruida y recontruida después en las guerras husitas y en la de los Treinta Años. Disfrutó del primer sistema de calefacción en Bohemia y tuvo una pequeña importancia económica como pueblo minero. No obstante, su nombre no fue mundialmente conocido hasta el año 1942, cuando contaba con 503 habitantes. Mejor dicho, cuando ya había dejado de contar con ellos.
Para entender el porqué conviene remontarse a otoño del año anterior, cuando Hitler envió al que en su círculo más próximo se decía su sucesor en el Tercer Reich, Reinhard Heydrich, a Praga. Era uno de los mayores responsables del exterminio judío, y la intención de dicho traslado era la de ejercer una represión más severa sobre el espacio checo. Su gobierno dio comienzo con la instauración de la ley marcial, series de ejecuciones de intelectuales y la deportación de la población semita del Protectorado de Bohemia y Moravia al gueto de Terezín. Para terminar con su crudeza, el día 27 de mayo de 1942, Josef Gabcík y Jan Kubis, antiguos paracaidistas del ejército checoslovaco, apoyados por los británicos, perpetraron un atentado contra Heydrich, a causa del cual falleció el 4 de junio.
La represión de Hitler fue más que dura con la población: la Gestapo y las SS abatieron a cualquier persona sospechosa del golpe, hasta un total de 1.331 en Praga; los 3000 judíos de Terezín fueron llevados a Auschwitz, donde se los exterminó; 152 de otros 500 arrestados en Berlín fueron ejecutados el día de la muerte de Heydrich. Pero la locura más rematada aconteció unos días después: las autoridades habían creído encontrar una relación entre el asesinato y la ciudad de Lídice, a pesar de que ninguno de los interrogatorios que realizaron confirmó la prueba que poseían. La madrugada del 10 de junio unidades de la Gestapo, Sicherheitsdienst y de la Wehrmacht entraron en la población, dispararon a los 172 varones mayores de 16 años, deportaron a las mujeres al campo de concentración de Ravensbrück, donde parte murió, y a los niños a los de Lodz y Chelmno. Los primeros fueron adoptados por familias alemanas, los otros 82, que no podían ser “germanizados”, fueron simplemente exterminados. El pueblo fue quemado, demolido edificio a edificio con explosivos, y tras ello se niveló el terreno y se borró de los mapas alemanes, para que no quedase el más mínimo rastro. También se destruyó el cementerio y se desvió el riachuelo que pasaba por la villa.
Hoy se conoce que la prueba en la que se apoyó la Gestapo para señalar a Lidice no tenía ningún fundamento. Un fabricante de Slaný, tentado por las enormes recompensas ofrecidas, entregó como objeto sospechoso una carta dirigida a una de sus obreras en la cual su amante, un hombre casado, le refería haber transmitido un saludo a su familia en Lídice de su hijo Horák, en Inglaterra. La necesidad de buscar un chivo expiatorio hizo que los investigadores nazis tergiversasen los informes en favor de esta hipótesis. Las consecuencias fueron las ya explicadas.