Las manos del Che

En los papeles que Peter Kornbluh, director de la biblioteca de documentos desclasificados de la George Washington University, expone en Internet podemos encontrar bastante información, entre otros temas, sobre la muerte del Che Guevara. Así, sabemos por ejemplo que el presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, fue informado el 9 de octubre de 1967 de su captura por un comando de rangers bolivianos. Textualmente, por “el único que hemos estado entrenando durante un tiempo y acaba de entrar a la acción”. La Casa Blanca conocía por los agentes de la CIA todos los detalles de su apresamiento y ejecución. De hecho, es uno de sus oficiales, Féliz Rodríguez, quien transmite la orden dada por René Barrientos, el dictador boliviano. En el documento oficial enviado por la Embajada en La Paz no se habla de ejecución, sino de muerte a consecuencia de sus heridas, y en su anexo 3 menciona tres oficiales de la Policía Federal Argentina desplazados al lugar para tomar las huellas dactilares. Aquí da comienzo la historia de las manos del Che.
Cuando los policías argentinos llegaron a La Higuera, se les dijo que el cuerpo del guerrillero había sido incinerado. En su lugar se les entregó dos manos guardadas en una lata de pintura con formol. La periodista María Seoane ha revelado recientemente en el diario argentino Clarín los detalles más escabrosos. Barrientos quería entregarle a Fidel Castro directamente la cabeza del Che Guevara, pero Félix Rodríguez lo convenció de que no era necesario para su propósito y se arriesgaban a dar una imagen nefasta. El cadáver no fue quemado en realidad, sino enterrado, debido al estado de putrefacción que estaba adquiriendo tras varios días sufriendo el calor de Bolivia. Sería encontrado en 1997 en una fosa común de Valle Grande con otros 6 guerrilleros. Se identificó rápidamente por las amputaciones. Las manos volaron a La Paz, donde hubo que semirreconstruirlas: los dedos, según los peritos, “parecían pasas de uvas”, estaban muy dañados por la vida en la montaña y la selva, y hubo que pegarles una película de polietileno entintada para poder tomar las huellas. A partir de aquí, según el diario, no hay pruebas documentales del paradero de las manos. Se apuntan algunas posibilidades: que el ministro de Interior de Bolivia las hubiese entregado a Castro junto con los diarios del Che; o que el agente de la CIA Félix Rodríguez se las hubiese llevado a los Estados Unidos. Si alguien conoce alguna información al respecto, animo a que la comparta.

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Una respuesta a “Las manos del Che”

  1. Requilendas Dice:

    Conozco el paradero de esas manos: asoman en tardes de luna en una charca situada en el paraje conocido como “Ca?ada de la Sangre”, en un lugar aproximadamente equidistante entre Capilerilla y Pitres, en el corazón de mi Alpujarra, al que se llega tomando el camino que parte de ninguna parte. Propongo edificar una ermita en el lugar, toda construidita de chocolate, a la que poder concurrir en romería los primeros de mayo y fiestas de guardar. Y a Pío Moa de capellán

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