La poco inmaculada concepción

Pepe Rodríguez en Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica:

El día 8 de diciembre de 1854, el papa Pío IX proclamó el decreto siguiente: «Nos, por la autoridad de Jesucristo, nuestro Señor, de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y por la nuestra propia, declaramos, promulgamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santa Virgen María, en el primer instante de su concepción, debido a un privilegio y una gracia singulares de Dios Omnipotente, en consideración a los méritos de Jesucristo, el Salvador de la humanidad, fue preservada libre de toda mancha del pecado original, ha sido revelada por Dios, y por lo tanto ha de ser firme y constantemente creída por todos los fieles.»
[…] Casi un siglo después del celebrado pronunciamiento de Pío IX, otro pontífice homónimo, Pío XII, hablando ex cathedra, eso es de modo infalible, decretó, el 1 de noviembre de 1950, que: «Por la autoridad de Jesucristo, nuestro Señor, de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y por la nuestra propia declaramos, promulgamos y definimos que es un dogma divinamente revelado: que la Inmaculada Madre de Dios, María siempre virgen, al terminar su vida terrenal, fue elevada a la gloria celestial en cuerpo y alma. Por tanto, si alguno se atreve (Dios no lo permita) a negar voluntariamente o a dudar lo que ha sido definido por nosotros, sepa que ha apostatado completamente la fe divina y católica.» Sin duda resulta chocante que Pedro y Pablo, cuya autoridad invocó Pío XII, no le dedicaran a María ni una sola línea -ya en la tierra como en el cielo- en sus escritos neotestamentarios.

Así, han hecho falta casi dos mil años para que la Iglesia descubriese la inmaculada concepción de la Virgen y su asunción a los cielos. La primera, a partir de las palabras de San Gabriel en la anunciación: “Salve, llena de gracia, el Señor es contigo”, fórmula salutatoria que no hace referencia al pecado original. María de hecho aguarda en Lc 2,22 los días de purificación pertinentes. Padres como San Agustín o Santo Tomás de Aquino, amén de otros, incluidos papas, lo negaron al afirmar que sólo Cristo nació libre de pecado original. Respecto al segundo dogma, no aparece rastro de él en texto bíblico alguno. Para ambos habría que desempolvar apócrifos. En realidad son los descubrimientos más tardíos sobre la Virgen, pero no los únicos: su proclamación como Madre de Dios sólo se consiguió en el siglo V en el accidentado Concilio de Éfeso. El autor mencionado parafrasea al hablar de ello a Karlheinz Deschner: precisamente en Éfeso, es decir, en la sede central de la gran deidad madre pagana, de la Cibeles frigia, de la diosa protectora de la humanidad, Artemisa, cuyo culto, rendido por peregrinos, era algo habitual desde hacía siglos para los efesios. Artemisa, venerada especialmente en mayo, como “intercesora”, “salvadora” y por su virginidad perpetua, acabó por fundir su imagen con la de María.

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