Inconcluso

Escondido detrás de una pila de libros en la reducida biblioteca del Arquero se encuentra uno inconcluso, bien guardado en una pequeña caja con cerradura, que a su vez está dentro de otra, que protege otra… En total se necesitan siete llaves para alcanzar a leer sus páginas, pero nadie, ni en el reino de Júpiter, ni en el de Neptuno, ni en el de Plutón, posee una sola de ellas. El Arquero sabe de la existencia del libro desde que allí estuvo, pero cuando comprendió que nadie podía acceder a él sintió deseos de llorar. Fineo entonces le dijo: «No llores, que ha vencido la Inteligencia para abrir el libro y sus siete cerrojos». Vio entonces un Niño que ojeaba volumen por volumen las estanterías, y examinaba sus páginas, y estudiaba y juzgaba sus textos. Al llegar a las cajas, el Niño sacó una llave de su bolsillo y abrió la primera cerradura. El Arquero miró y vio un halcón blanco, y su cetrero tenía un arco, y le fue dado un cetro, y salió para convencer. Cuando abrió con otra llave la segunda caja voló un halcón bermejo, y a su dueño le fue concedido sembrar la paz, y le fue dada una vara alargada. Cuando abrió la tercera cerradura el Arquero miró y vio un gran halcón negro, y quien lo alimentaba tenía una balanza en la mano, y conocía la naturaleza del bien y del mal. Cuando abrió la cuarta caja un halcón con plumaje de nieve y oro se elevó, y su adiestrador podía escuchar a los muertos y hablar a los no nacidos, y su voz era eterna. Se les dio conocimiento sobre la cuarta parte del mundo para enseñar y engañar, pacificar y soliviantar, para formar y deshacer juicios y para perpetuar las palabras en la tierra.

Cuando abrió la quinta caja cayó una pared y el Arquero vio una cantidad sin número de libros que habían sido prohibidos por sus ideas y por el testimonio que guardaban. Sus páginas escondían saberes que continuarían desconocidos un tiempo aún, hasta que se completase el número de los censurados. Cuando giró la sexta cerradura, se produjo un eclipse del sol, y más tarde uno de luna, y del cielo cayeron meteoritos, y hubo gran terremoto, y las gentes, que habían perdido toda su ciencia, dirigentes, jueces, funcionarios, empresarios, comerciantes, agricultores, obreros y toda persona, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de las montes, al abrigo de sus tinieblas.

Cuando el Niño abrió la séptima cerradura hubo un silencio en el cielo. Tomó el libro y comenzó a leer.

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