Hoax

Podríamos examinar las diferencias entre un hoax (bulo) informático y una leyenda urbana, pero en el fondo el primero no deja de ser una adaptación del otro a los nuevos medios de comunicación. Sus características son las mismas: una mentira creada por un desconocido, sin finalidad aparente, que se difunde rápidamente hasta abarcar una gran extensión, permanece durante bastante tiempo enquistada en la cultura de calle, e, incluso en los casos en que su refutación es obvia, es difícil de erradicar. Los ejemplos son innumerables: la crionización de Walt Disney, el asunto Ricky Martin en Sorpresa, sorpresa, la chica de la curva, las snuff movies, la fórmula secreta de la Coca-cola, el filete de carne que desaparece en Coca-cola (hay tantas sobre este producto), etc. La página http://www.snopes.com/ está llena de ejemplos. No cuesta identificar en todas estas historias unos elementos comunes: un personaje famoso o situación cotidiana suscita el interés del oyente por el relato, que tiene que poseer una cierta verosimilitud -en numerosos casos es un amigo del narrador, de cuya honradez no se debe dudar, el testigo directo-; sin anular esta plausibilidad, la historia debe ser asombrosa para poder recordarla, y contener un elemento morboso, o terrorífico que incite a contarla rápidamente a otra persona. Richard Dawkins consideró que la información podía entenderse formada por ciertas unidades a las que denominó memes. Los memes se propagarían en la cultura de un modo parecido a los genes en las especies, y el ambiente determinaría su supervivencia. En esta teoría de la evolución de las ideas, las leyendas urbanas son entes de gran capacidad reproductiva, que se ven adornados frecuentemente en su propagación con elementos que los hacen más fascinantes.

El hoax es un correo masivo. Su medio de divulgación no es el boca a boca, sino internet. Puede ser parecido a las leyendas urbanas expuestas, u ofrecer o solicitar ayuda. Amenazas de virus si se abren determinados correos o se recibe cierto mensaje en el móvil, pronósticos de desgracias si no se reenvía el mensaje a un mínimo de personas, reclamo de solidaridad para un enfermo inexistente, ofertas de grandes compañías, etc. Estas cadenas no necesitan ser tan llamativas para sobrevivir, pues parte de su fuerza la reciben de la sencillez que en muchos sistemas de correos supone el pulsar un botón de reenviar. El nacimiento y evolución de los hoaxes es paralelo al del spam. No absolutamente por azar: a los mensajes reenviados sucesivas veces acompañan numerosas direcciones de email de posibles destinatarios de correo basura.

La tecnología ha multiplicado los medios en los que se reproducen las leyendas urbanas: el teléfono, el mensaje a móvil, el correo electrónico, recientemente los blog, y son bastantes las que en algún momento han saltado a la televisión, radio o prensa escrita. La publicidad ha visto pronto en ello un método sin parangón para hacer llegar un producto con una inversión mínima a una gran cantidad de personas. Se llama publicidad o marketing viral al que aprovecha las redes sociales, a menudo escondiendo de forma poco limpia su condición de propaganda. El adjetivo viral nos la emparenta nuevamente con la biología. Su difusión se asemeja a la de una enfermedad, y a juzgar por lo que se observa, van a ser cada vez más frecuentes.

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