Henry Harrison William

Siempre había creído que el presidente más plomizo de los Estados Unidos había sido Roosevelt, que se creó su propio espacio radiofónico “Charlas al amor de las brasas” para caldear más los cerebros de sus votantes, pero hoy me he dado cuenta de que me equivocaba de medio a medio:

Henry Harrison William fue elegido presidente de los Estados Unidos en 1841, tras una larga trayectoria militar en la que había extendido las fronteras a costa de territorio indio mientras fue gobernador en Indiana, así como combatido contra los ingleses. Para ser coherente con su imagen pública de héroe de guerra, cuando hubo de jurar su cargo el día 4 de marzo, acudió vestido de uniforme militar a leer su discurso inaugural. Las crónicas resaltan que se trataba de una mañana singularmente húmeda y fría, y azotaba las calles un fuerte viento del noreste. Harrison, que contaba 68 años, apareció montando un caballo blanco sin un abrigo o gorro que lo protegiera, descendió la larga Avenida Pennsylvania, y, cara al viento, pronunció el discurso inaugural más largo que ha hecho un presidente estadounidense, de unas 9000 palabras y que duró dos horas. Para ello contó con la ayuda de un amigo, Daniel Webster, que accedió a preimprimirlo y repartirlo.

Al día siguiente el presidente se levantó con un severo resfriado, que devino pulmonía y le llevó a la muerte 31 días más tarde. Con ello se convirtió en el primer presidente estadounidense que murió en el cargo, así como el que menos tiempo lo ocupó. Curiosamente, a partir de Harrison y hasta Ronald Reagan, todos los presidentes elegidos en un año terminado en cero (lo que se ha dado en llamar el “efecto cero”) han muerto sin terminar su mandato.

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