Geminar rapsodia acumulativamente

Màrius Serra publica en Verbalia:
Una de las tradiciones más impresionantes en el ámbito anagramático es la colosal obsesión mariana que padecieron diversos monjes medievales. Dominados por una curiosa mezcla de piedad y locura, algunos de aquellos copistas se lanzaron a la espeluznante tarea de extraer anagramas piadosos de la salutación evangélica «AVE MARIA GRATIA PLENA DOMINUS TECUM» (Lucas, I, 28). Santi y Tolosani documentan el caso de Pompeyo Salvi. En 1665 Salvi publicaba en Génova una colección con medio millar (!) [la exclamación es del autor] de estos anagramas marianos. No contento con la dificultad técnica de recombinar quinientas veces las 31 letras de la salutación angélica, Salvi se impone que todos los anagramas resultantes sean de temática religiosa. En ellos abundan los nombres y títulos de santos del calendario, las fiestas eclesiásticas, los atributos divinos… Éstos son algunos frutos de su magna obsesión:

AVE MARIA GRATIA PLENA DOMINUS TECUM;
PURA UNICA EGO SUM MATER ALMA DEI NATA;
DEIPARA INVENTA SUM, ERGO IMMACULATA;
PINA, MUNDA, IUSTA, ALME CREATOREM GENUI;
EGO AURUM NITES IMMACULATA DEIPARA;

Tras los primeros cien anagramas, el autor inicia una segunda serie de 360 de este modo: «VISNE ANAGRAMMATA? DE PURO MULTA IECI». Al final de estos 460 primeros remacha: «VIS CENTUM ANAGRAMMATA? EDO PUERILIA». Y acaba, cabe suponer que absolutamente extenuado, con el anagrama número quinientos: «DAC: VIVAT SEMPRE VIRGO ALMA NATA. AMEN». A mediados del siglo XX Aldo Santi, que situaba un ejemplar de esta rareza en la Biblioteca Marucelliana de Florencia, escribió que muchos de los anagramas de Salvi son defectuosos o sencillamente erróneos.
El esfuerzo de Salvi inauguró un subgénero «marianagramático» que pronto cultivarían otros religiosos tan obsesionados como él. Franco Bosio cita el caso de un monje ciego llamado Giovanni Battista Agnesi que elaboró unos cuantos centenares más, pero el ejemplo marianagramático más espectacular es el del abad de Dunes, Dom Luc de Vriesse, que publicó en Brujas (1711) otra colección titulada Metamorphosis Angelica Mariana inter mille figuras transformata. En su referencia bibliotráfica Santi le adjudica ¡3300! anagramas, pero Bergerson y otros autores recortan la proeza de este abad ocioso a (sólo) 3100, lo cual parece aritméticamente más plausible. Cada página contiene 31 anagramas en 31 líneas. Las iniciales de cada anagrama, leídas en acróstico, forman la inagotable frase master: «AVE MARIA GRATIA PLENA, DOMINUS TECUM». Naturalmente, todos los anagramas de la salutación angélica son también frases relativas a la Virgen María. Podría decirse que los esfuerzos de esta tribu de monjes obsesivos transforman su incuestionable monomanía en «monoMaría».

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