El hermano Francisco Colonna amaba profundamente a Polia
El primer símbolo que los cristianos adoptaron para su religión, como es bien sabido, no fue la cruz, sino el pez. Debido a que los discípulos eran en su mayoría pescadores, pero también porque sus letras en griego (ΙΧΘΥΣ, IXTHUS) pueden extraerse como acróstico de Iesous Xhristos Theou Uios Soter: Jesucristo, de Dios el Hijo, Salvador. No era un recurso lingüístico ajeno a los nuevos creyentes. Uno de los acrósticos más antiguos conocidos lo constituye el más extenso de los capítulos de la Biblia: el Salmo 119. Está compuesto por 22 estrofas, tantas como letras del alfabeto hebreo, de ocho dísticos, cada uno de los cuales comienza por dicha letra. Varios salmos y proverbios más y casi todo el libro de Lamentaciones se estructuran de modo semejante. A este tipo de acróstico se denomina alfabético, y es común que esté relacionado con el aprendizaje de algún principio. Michael Ende hizo algo similar en La historia interminable, sólo que las letras del abecedario iniciaban en este caso cada uno de los capítulos.
Lo antedicho me trae a la memoria dos acrósticos más, ambos curiosos. En la antigua Grecia se llamaba sibilas a mujeres cuyo cometido era adivinar el porvenir. El último rey de Roma, Tarquino el Soberbio, llevó según se cuenta al Capitolio unos libros que le ofrecieran en los que se recogían las profecías de la Sibila de Eritrea, la más antigua de las conocidas. Éstos sirvieron a los sacerdotes en situaciones excepcionales como consulta, que se efectuaba del siguiente modo: se elegía al azar una de las líneas, y a partir de ella se elaboraban versos cuyo acróstico coincidiese con dichas letras. Se decían inspirados en los libros sibilinos, y durante un periodo comprendido entre el siglo III a.C. y el III d.C. circularon un buen número de textos semejantes alterados con fama de proféticos. Uno de ellos fue los Oracula Sibyllina, repleto de vaticinios relacionados con el judaísmo y cuyo capítulo octavo es claramente de inspiración cristiana. De los versos en que se habla de la segunda venida de Cristo, atribuidos directamente a la Sibila Eritrea, se puede extraer el acróstico JESUS CHRISTUS DEI FILIUS SERVATOR CRUX. Esta adivina fue posteriormente incorporada al cristianismo por San Eusebio de Cesarea y San Agustín.
Lo otro que tenía en mentes es uno de los incunables más hermosos que existen: el Hypnerotomachia Poliphili, en cuyas páginas se intercalan grabados en madera y cuidados textos redactados en latín, griego, italiano, árabe, hebreo y una inventada escritura jeroglífica. Narra, repleto de referencias humanísticas, la búsqueda en sueños de Polifilo de su amante por un mundo con cierta carga erótica. El libro habría de considerarse anónimo de no ser porque las letras capitulares componen, a modo de acróstico, la frase «POLIAM FRATER FRANCISCVS COLVMNA PERAMAVIT». El hermano Francisco Colonna amaba profundamente a Polia.
22 dAmerica/Denver November dAmerica/Denver 2006 a las 19:46
es bueno saber pero pongan un acro
stico sobre jesus