Denostado Plutón
Aunque hace unos meses, sucedió durante el eclipse de blog, y merece un artículo la recalificación de Plutón. La Unión Astronómica Internacional lo insertó en la nueva categoría de planetas enanos, al tiempo que insistía en aclarar que, a pesar del nombre, tales no son planetas. En cualquier caso, no es extremo decir que Plutón está recién encontrado. Fue en 1930 cuando su descubridor halló un punto minúsculo que se desplazaba muy lentamente, según atestiguaban sus placas fotográficas, entre las estrellas.
A Clyde Tombaugh lo había contratado el observatorio Lowell para un trabajo que parecía extravagante. Tras el descubrimiento de Neptuno, los astrónomos percibieron que tanto su órbita como la de Urano presentaban pequeñas irregularidades que había que atribuir a un nuevo cuerpo celeste. Era el siglo XIX, estaba reciente el hallazgo de estos dos planetas, y una fiebre animó a muchos a la búsqueda del que debía ser noveno del Sistema Solar. Entre otros, uno de los mayores contribuyentes a la fantasía de que Marte está habitado por seres inteligentes, Percival Lowell, que durante años se había dedicado a cartografiar inexistentes canales de su superficie. Cuando comenzó su búsqueda del Planeta X estaba muy dañada su imagen como astrónomo, y no había podido mejorarla al morir en 1916. Tales esfuerzos sin recompensa hicieron pensar a Pickering que su órbita podía ser muy elíptica. En realidad, es tan excéntrica que lo hace estar en ocasiones más cerca del Sol que el propio Neptuno e inclinada nada menos que 17º con respecto al plano en el que los demás planetas orbitan. Estas razones, además del descubrimiento de nuevos objetos transneptunianos difíciles de asimilar en las categorías clásicas, han motivado la recalificación de Plutón.
Pues bien, en 1929 el director del laboratorio Lowell decidió contratar a Tombaugh, de 22 años, para la fatigosa tarea de fotografiar y comparar el cielo noche a noche en busca de un Planeta X que a la postre, tenía un brillo más de cien veces inferior al previsto, y cuyo escaso peso no podía producir las perturbaciones que motivaron su búsqueda. El nombre que se le asignó sigue la tradición de designar a los planetas con nombres de dioses y, ya que Neptuno y Júpiter estaban en la cohorte y Plutón debía ser el más remoto y oscuro, parecía la elección adecuada. El que sus dos primeras letras sean las iniciales de quien tantos años dedicó a su búsqueda resultó una inesperada coincidencia.