1999.09.01 — El firmamento ha sido siempre un espejo del pensamiento de quienes lo miraban: las estrellas que marcaban como bueyes luminosos el camino de Septentrión han formado una osa, un carro o un funcionario para otras culturas; donde antiguamente se veía un cisne una mentalidad cristiana encontró la Cruz de Santa Elena; y la inquietante pupila roja de Algol, por la que acecha el mal, ha sido ojo de Medusa o del Diablo. Hoy la noche se ha vaciado para la sociedad urbana y en los astros sólo se evalúa la calidad de un hotel o el poder de una bandera.
1999.09.02 — Siempre me ha sorprendido la concepción de Manolo (no sé si consciente) del azar: todo lo que nos depara lo merecemos justamente, como una pena por las apuestas hechas, y es ridículo alegrarse o quejarse de su sentencia. Si alguna vez no existió el azar, palabra árabe, ni la fortuna, invento medieval más que latino, tal vez los hombres tuvieron nobleza suficiente para encarar su destino de esta manera.
1999.09.02 — Hay un número muy reducido de gestos (llorar, reír, alegrarse, enfadarse...) que son internacionales, independientes de la cultura (no como el saludo o la despedida, el asentimiento, la negación...). Parecen los signos de un breve lenguaje no establecido por convención, natural, al contrario que el oral. Parecen los signos necesarios para la comunicación con un niño previa a cualquier otro sistema de comunicación.
1999.09.04 — Una persona inculta y otra que ha meditado se diferencian en que la segunda ha retornado donde la primera con la seguridad de que el camino largo no alcanzaba ningún paraje. A veces me pregunto si merece el tiempo y el esfuerzo esta confianza. Haría falta un ser inconcebible capaz de recorrer ambas sendas y retornar después a aconsejarnos.
1999.09.04 — Malraux, en L’Espoir, a propósito de la Guerra Civil: «No se puede combatir una guerra como ésta teniendo en cuenta los principios morales, pero tampoco se puede hacer sin tenerlos en cuenta». Dudaba si se diferencia el caso de nuestra vida ordinaria. Sí. En una guerra lo que hay que soportar es la contradicción; en una democracia, regida por grandes intereses económicos, es la intranscendencia de su rumbo. Las sociedades modernas se ven forzadas a afrontar el dilema de vivir sin un cielo mientras siguen deseándolo.
1999.09.07 —Encuentro continuamente expresiones como «las leyes de Kirchhoff son consecuencia de la conservación de la carga y la energía», o «si el espín del electrón fuese otro, el universo resultaría muy distinto», o incluso tan inocentes como «Einstein descubrió la relación entre la masa y la energía». Manejamos psicológicamente la realidad como si hubiese más de una, como si la naturaleza tuviese libertad de elegir y de decantarse cumpliendo siempre nuestras leyes. Y no deberían nuestras mentes poder pensar siquiera en ecuaciones o variables, sino sólo asumir lo que es, los hechos, sin más.
1999.09.08 — En un mundo sin libertad no existiría la palabra esclavitud, ni aquél que desconozca la esclavitud comprendería el concepto de libertad. Donde no hay mal no se habla del bien, y viceversa. No somos capaces de concebir aquello frente a lo cual no tenemos un contraste. Aprender palabras no es tanto memorizar datos como procesos de distinción.
1999.09.09 — Cuando Adán y Eva aceptan el poder de otorgar nombres a las cosas reciben la única libertad que pueden conseguir. El pensamiento no permite elecciones ni alternativas (las cosas son lo que son), ni por tanto tampoco la acción, el comportamiento. Se es libre sólo para ver de distinto modo. Y ver incluye sentir, preferir, ordenar lo que al hombre rodea.
1999.09.09 — Al apuntar el cazador separa según su interés el blanco de todo lo demás. Esto es designar.
1999.09.10 — Farruco: intransigente, rebelde. Se emplea sólo en la expresión «se me puso el niño farruco y le aticé un par de hostias». Me asombra que nos podamos entender con un lenguaje cuyas palabras están más cargadas de significado del que nos gustaría.
1999.09.11 — Cuando a Ignacio se le pregunta qué libertad nos cede el mundo, expone su teoría de las jaulas. Vivimos en una jaula estrecha que nos deja hacer movimientos básicos. Un día descubrimos una puerta y pasamos a otra jaula más grande, donde tenemos más comodidad. Si encontramos otra abertura saldremos a un espacio más amplio. Pero siempre estaremos encerrados en algo.
1999.09.13 — Darse a la buena vida es disfrutar de los placeres que podemos alcanzar. Darse a la mala vida significa también darse a la buena vida, pero sin la aceptación de la sociedad. — Suerte y azar son sinónimos perfectos en el sentido de que se refieren a lo mismo (es decir, son sinónimos, coño) pero no existe una sola situación para un español en que pueda decir suerte cuando dice azar, ni viceversa. El secreto es que la suerte nos depara cosas buenas o malas, mientras que el azar, por las circunstancias, no presenta resultados que nos sean de interés. Hay buena o mala suerte, y toda suerte es lo uno o lo otro, pero no hay buen o mal azar. — Las palabras son ellas (su significado) y sus circunstancias. Piénsese si no en antes, que expresa cosas radicalmente distintas según el contexto en que se use. ¿Puede decirse, como hace tácitamente Wittgenstein en las Investigaciones hablando de los juegos de lenguaje, que estas circunstancias forman parte del significado?
1999.09.13 — Conan Doyle sabía bien que toda determinación requiere un paso de locura. La lógica no nos indica qué hacer. El mundo está vacío frente al hombre antes de que él elija, y nada sirve para justificar su decisión (y por tanto, sus actos). No hay dioses ni normas universales ni deberes genéticos, sociales, ni culturales. Así que el primer paso se da en el vacío. Cuando seleccionamos una cosa como la más importante (si se quiere plantear en estos términos) somos como niños que disponemos en una pared lisa una diana para jugar. A partir de ahí deja de ser lisa. Pero eso no evita la paradoja de que cualquier cosa o fin pueda ser nada y mucho a la vez. Ésa es la tortura de Holmes. Ésa es la locura que está al principio de cualquier camino.
1999.09.13 — El enfermo de indolencia cree que es muy importante creer que no hay nada importante. Pablo de Tarso decía que los tarsences eran unos mentirosos.
1999.09.17 — La soledad es dañina. No tan directamente por el aburrimiento o la enajenación que produce la falta de compañía como por la tendencia del ser humano a crearse, inventarse o alimentarse problemas cuando sin su influencia no los tiene.
1999.09.27 — En un chiste de Forges: «la estrategia global del neocapitalismo consiste en impedir que la indignación de los más pobres supere el aburrimiento de los más ricos». El estado del bienestar es el antiguo pan y circo con la cara recién lavada. Entonces la necesidad en que puso al Imperio el cristianismo de asimilar a todos los esclavos contribuyó en gran medida a desestabilizar la economía y terminar con el bienestar de unos pocos que se decía común. Lo que vino después se llamó Edad Media. ¿Podría hoy el neocapitalismo aceptar en su pan y circo la moderna esclavitud, el Tercer Mundo, sin generar una nueva edad media?
1999.10.08 — Oí hace tiempo una discusión entre personas con supuestos conocimientos en física acerca de si la teoría cuántica representaba o no la verdadera realidad. Camino todavía estupefacto. A un pensamiento, ya en general, se le puede, se le debe, rechazar si contiene contradicciones. O si no concuerda con lo que se ve. O puede competir, con un misma calidad de verdad, con otro más amplio o más sencillo. Pero no se puede decidir si es o no un espejo de la realidad absoluta. Esa realidad absoluta es la tramoya de nuestro teatro, que nos acerca los telones, pero que nunca sale a escena.
1999.10.23 — Decidió Manolo anteayer educarnos en el conocimiento del autoengaño. Como imaginaba, no es sino darle nombre a ese esfuerzo de decisión que acontece después de descubrir que es intrascendente la vida. La palabra autoengaño –dice él– no hay que tomarla en sentido negativo. Pero abarca aun más. También las decisiones realizadas por quienes no se han dado cuenta del vacío, y viven con la religión de un absoluto (Dios, la dignidad, la riqueza, los placeres...) cuando nada puede sostenerlo, o a los que se mantienen en la esquizofrenia de desear que sea posible tal absoluto, algo importante en sus existencias, sin saber qué es. Al final para cualquiera es necesario tomar un camino, elegir una manera de actuar o, lo que es lo mismo, una prioridad. El autoengaño es inevitable, y precioso, porque por él amamos, construimos, disfrutamos y nos comportamos en definitiva como humanos. Esto es, como seres no obligados a sus actos pero capaces, aunque sea convencidos de lo que, seriamente considerado, no admitiría nuestras fes, de determinar una dirección en su conducta.
1999.10.24 — Dos visiones del mundo diferentes están relacionadas entre sí a través de sus conclusiones.
1999.10.25 — «Desgraciadamente», encuentro en unos viejos folios, «no pueden eliminarse los fantasmas del pensamiento. El mundo (el que construimos mentalmente para explicar cuanto se ve, del otro nadie sabrá nada) debe representarnos a nosotros. Y un sistema no cabe en sí mismo. Así que, por ésta entre otras razones, estamos abocados a que nuestra descripción de la realidad sea incompleta e imperfecta.» — La incompletitud de nuestra concepción de la realidad, y el que nos acerquemos a ella paso a paso hacen que tengamos que entenderla (siendo una e indivisible) como un conjunto de relaciones (causas, efectos, composiciones, resultados...) de las que bastantes dejamos libres. — Pienso en un ejemplo físico: la bola que se desplaza en el billar. Sólo es posible ese movimiento. No porque lo diga la física, sino porque lo dice el mundo. Pero nosotros creamos un espacio mucho más amplio empleando variables o funciones, el de todas las trayectorias pensables en función del tiempo, que más tarde restringimos imponiendo leyes. Se llega de nuevo al mismo movimiento. Por supuesto, dentro de nuestra piel no hay reflexión más corta que ésta larga.
1999.11.02 — A propósito de 1999.09.13 dice Horacio que tenemos un absoluto para decidir: los placeres. Desde luego creo que es un absoluto, para mí incluso sea muy importante obedecerlos, pero no acepto su idea de que toda otra elección distinta de ésta esté equivocada. «¿En qué te apoyas para decir que satisfacerlos es el único fin admisible?», le pregunto. «En que no hay otra cosa que los placeres», me responde.
1999.11.05 — Decía Broti que el arte, lo que se pueda entender por tal, ha evolucionado hacia dos formas: el arte para intelectuales y el arte para masas. El primero está perdido. Después de un siglo de ismos que pretendían deshacerse una y otra vez de los moldes de las corrientes anteriores ha quedado un aluvión de obras, deseado por quienes profesan este tipo de creación, desprovisto de criterios para disfrutarlas. Ningún artista quiere admitir comparaciones, aunque sea con las chirriantes composiciones de Luis de Pablo o las insulsas manchas de Hans Hartung, por nombrar algunos admirados. Aspiran a pertenecer a ese grupo de los admirados, que se engrosa día a día con más nombres huecos. Ciertamente este círculo, aunque pese en los medios de comunicación, es ridículo en comparación con su enemigo, el de los artistas multitudinarios. El arte de masas es de tan sencillo frecuentemente insultante, pero puede disfrutarse. La novedad es excepcional; obvio si se considera que está dominado por grandes empresas que hacen de su comercio un negocio de mucho lucro y que deben reservarle al riesgo sólo el pequeño tanto por ciento útil cuando se alcanza el estancamiento. Lo curioso de la concepción de Broti es que piensa que se ha llegado con esto a una situación estable. La mayoría de la población queda encauzada en un ocio llano, que no requiere esfuerzos de comprensión (característica loable; Manolo no acepta que se llame cultura al aburrimiento). Y el exceso que no transige con ello o que necesita de lo singular dispone para sí de un largo catálogo de vacíos con pretensiones de sublimidad.
1999.11.07 — Es mala táctica aceptar las desgracias sin buscarles solución, pero la realidad es que la mayoría de ellas no tienen otra solución que aceptarlas. Tal es el caso de los problemas existenciales, que torturan a los filósofos desde antiguo: la muerte, la injusticia, la intranscendencia, la incomunicación... Estas dificultades sólo se esfuman cuando se afrontan con intención de verlas como verdaderamente son, realidades inevitables.
1999.11.08 — Los personajes que en el 1984 de George Orwell tenían por oficio reformar la lengua a fin de imposibilitar a sus hablantes el reconocer y comunicar la realidad no deseada por un estado dictatorial han aterrizado en esta época de fin de siglo. Dice Raúl que me equivoco, que no están relacionadas nueva política social, moderna pedagogía y lenguaje políticamente correcto, y que estas corrientes se propagan tan fácilmente por el agotamiento de ideas que hay en el ámbito universitario. Pero no me ha preocupado el origen de esta censura ataviada de buena voluntad, sino las abluciones con vocablos inmaculados que están santificando a los mismos amparadores de las mismas eternas miserias.
1999.11.14 — El universo de Khayyam es determinista como el de la ciencia más reciente, aunque se resiste a negar un Creador. Esto le obliga a preguntarse por la función del pecado y de la condenación. Creador además consciente. ¿Qué sentido darle entonces a quien crea y destruye, a quien da razón y confunde, a quien ama y castiga? El universo de Khayyam fluye como el de Heráclito, gira eternamente su materia –polvo la llama él, nosotros hoy de nuevo átomos. Pero no se repite. El hombre se transforma en barro y el barro en hombres, como le recuerda la leyenda grabada en su copa, pero la muerte es el fin de todo lo existente.
1999.11.20 — Coherencia es el acuerdo del sentir y el pensar, y sinceridad el del pensar y el hacer. Son metas, porque no resultan íntegramente posibles: el alma es voluble, la razón levitante, y los actos con frecuencia fallidos.
1999.12.02 — Habla muchas veces Cioran, a su manera, de la fascinación de la cultura europea por la decadencia, fermentada por un legado artístico que brilla en épocas de infortunio. Es cierto que la falta de fe en el futuro, llámese desesperanza, tristeza, es un hermoso lienzo para los cuadros y papel para los poemas. Cíclicamente la seducción del suicidio recorre el sentimiento artístico, y entonces nos envenenamos para satisfacernos con el sabor de una muerte que a la postre resulta siempre falsa. En El aciago demiurgo, después de una deliciosamente parcial diatriba contra el cristianismo: «La identidad del mundo consigo mismo, la idea de que está condenado a ser lo que es, que el futuro no añadirá nada esencial a los datos existentes, esta hermosa idea no tiene ya vigencia».
1999.12.09 — En un tiempo en que la Iglesia sobrevive gracias a haber aligerado su fardo de doctrina, penitencias y profesión, y en que sus fiestas todas se han paganizado y convertido en una irónica llamada al placer, en ciudades rancias como Sevilla la Semana Santa no parece haber sufrido mellas. Esto, responde ayer Horacio, se debe a la psicología de hermanos y cofrades, amalgama de superstición (favores pedidos y devueltos, con un trasiego y aparato que figura las hechicerías), educación desde la infancia en un ambiente hermético y boato admitido para no perder contacto con una clase social reducida y elevada, la que sostiene con exclusividad tales costumbres.
1999.12.15 — Resulta difícil orientarse en una ciudad desconocida, aunque dispongamos de mapa. Si sirve el símil, es frecuente en los científicos la fe en un universo simple, cuyas complejidades son apariencias producidas por una perspectiva de visión deformadora. Cada ley que escribimos es expresión de que dos cosas que se nos muestran distintas en esencia son una sola: la relación de Einstein E=m (por cierto, no muy bien entendida: vale bien para energías y masas en reposo, bien en movimiento. Es incorrecto decir que “una se trasforma en la otra”) hace más que informar de una mera coincidencia de valores de energía y masa, nos pide que adaptemos nuestro entendimiento del mundo y pensemos en un único concepto. Así la ley debe, más que conocerse, asimilarse hasta desaparecer.
1999.12.17 — La teoría de Hamilton-Jacobi ambiciona algo similar a 1999.12.15: en lugar de expresar la solución de las coordenadas de un sistema como una función, se hace como la transformación a unas nuevas coordenadas constantes. No se gana nada, ni matemática ni físicamente hablando. Sólo se transcribe a una simbología explícita la concepción de un universo simple que se descubre y conoce bajo una perspectiva extraña.
1999.12.18 — Sospecho que tal vez la única libertad de que se dispone (nunca son opciones válidas el engaño o el error) es la del lenguaje con que interpretamos. Puede modificarse, ampliarse, reducirse, recomponerse desde sus cimientos... Milagrosamente también enseñarse, aunque no me refiriese sólo al que se usa para comunicar, sino también al que reconoce o aprecia. Lo que se llama lenguaje políticamente correcto es muestra de cómo las alteraciones voluntarias de la lengua son posibles, pero acompaña a esta corriente una coerción de nuestra independencia para usar de ella. La libertad de habla de que precisó la corrección política para nacer está muriendo aniquilada por ésta.
1999.12.23 — ¿Qué apoyaba exactamente el firmamentum caeli latino, o qué era ese cielo? Se sostenía sobre Atlas, pero por otra parte ¿quién aguantaba el infierno? ¿Sobre qué? Desde la distancia las mitologías nos parecen una confusa mezcla de explicaciones con pretensiones incumplidas de ser racionales. ¿Qué dirán mañana de nosotros? ¿Qué pensarán de nuestra ciencia inconclusa, de nuestros logros infantiles, de nuestra organización rudimentaria? Y me alegraría de sus risas si además creyesen anticuadas nuestras preguntas.
2000.01.05 — De la sinceridad y afecto de pocos personajes históricos hacia sus contemporáneos se puede confiar tanto como en el caso de Epicuro. Y sorprende conocer que situaba, con matices, el origen de la amistad en los beneficios que reporta. Aristóteles también la consideró el bien más necesario, sin el que no tendría sentido ningún otro. E igualmente la fundamentó en la utilidad. En veinticuatro siglos resurge en el pensar la misma aparente paradoja: se explica la conducta humana mediante mecanismos de selección biológica. En este caso los beneficiarios no son los compañeros, sino sus genes. Los que consiguen el equilibrio adecuado entre la generosidad que la amistad exige y el desapego que logra evitar el engaño. Somos física y química, decía Ramón y Cajal con cierta añoranza por la belleza de lo espiritual.
2000.01.17 — «Ésta es la magnífica estupidez del mundo, que cuando enfermamos en fortuna –a menudo por los hartazgos de nuestra propia conducta– echamos la culpa de nuestros desastres al sol, a la luna y a las estrellas, como si fuéramos villanos por necesidad, idiotas por obligación celestial, villanos, ladrones y traidores por el influjo de las esferas; borrachos, embusteros y adúlteros por forzosa obediencia a la influencia planetaria, y todo aquello en que somos malos, por un impulso divino.»
2000.01.24 — La filosofía analítica insultó a Dios con su pretensión de crear un lenguaje perfecto. Tal podría contener al mundo. Más aun, generar, como Dios. Era el aliento del que habla el Génesis. ¿Era el Dios del que habla el Génesis? Carnap era Lucifer. Por eso Dios destruyó su maquinación. Porque Carnap envidiaba el poder de la palabra. La palabra era un préstamo hecho en el paraíso. Wittgenstein nubló con el lenguaje perfecto la metafísica y la ética: ya nunca más el hombre justificaría sus actos. Y la razón quedó vacía. Wittgenstein representaba a Prometeo y a la serpiente del paraíso, que ofrecen la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal. A él y a la lengua perfecta los mataron Wittgenstein otra vez, Goodman, Quine, Austin... Ellos eran los ángeles vengadores con sus trompetas de confusión. El hombre se despojaba de sus potencias. Sin su lengua perfecta no podría hacer lo que antes no podía hacer con ella. A pesar de tan dramático pasado los locos siguen caminando por el mundo venerando la razón, desdeñándola, adoctrinando, negando doctrinas, hablando de ellos, del mundo y de Dios... Son los supervivientes de Babel, condenados a no entenderse.
2000.02.17 — Hewson intenta dar una explicación a la manera de los cognitivistas de cómo adaptamos nuestra manera de pensar (de ver, habría que añadir) para asimilar en ella cuanto ataca nuestras convicciones. La adolescencia es la edad en que más se sufren estas pequeñas revoluciones de pensamiento: los hay que cruzan este reino sin tal necesidad, pero la mayoría de jóvenes deben adaptar su discurrir para recoger en ella cuanto no tuviese cabida: religión, muerte, existencia, etc. Son cuestiones, a propósito, que no se resuelven, sino que se soportan. En la edad de la infancia la contradicción no es intolerable, ni objetable a veces. Su mundo permite dragones y ángeles, noes y síes, mentiras acerca del pasado y verdades acerca del futuro.
2000.02.26 — Las primeras mitologías comparten tal cantidad de pasajes (creación, paraíso, diluvio, infiernos, rebeldías...) que demuestran un importante comercio religioso en el que las culturas se cedían dioses y héroes que viajaban incluso de vuelta, con rostros disfrazados. Su función principal era explicar la naturaleza o, más concretamente, su azar, lo que se cumple mejor con mayor número de ingredientes. El triunfo de la religión monoteísta está asociado con un creciente interés por la conducta en contra de lo mundano, y esto exige un pilar sólido. Las causas de este giro son complejas (una teoría de la evolución de las ideas buscaría un origen político, histórico-social), pero es claro que ahora entramos en una etapa ulterior: un humanismo ateo, o de dioses-principio, en la que los mandamientos se conservan, aunque sin rostros que los representen. O mejor me corrijo, dichos rostros son banderas.
2000.03.04 — Hasta ahora no había tenido oportunidad de escuchar todas las variaciones Goldberg. Nunca entenderé por qué nos emocionamos con cosas tan sencillas como la música. La cuestión es psicológica, pero la respuesta rebasa todos los conocimientos, porque establece lo único que puede asemejarse al vacío sentido de la trascendencia.
2000.03.24 — Las religiones son sistemas que se nutren de los deseos humanos imposibles de satisfacer (vida eterna, felicidad completa, trascendencia, conocimiento absoluto, etc.). Es mucho más esencial en ellas estas promesas que, como parásitos, acarician y abrazan a su huésped, que la propia afirmación de un dios: el platonismo o el comunismo son hermanos de cualquier religión, pero igualmente esta cultura risueña mezcla de consumismo y valores que empieza a extenderse, importada de los Estados Unidos, por todo el Globo.
2000.04.01 — Por el control de la información se llega a la más perfecta forma de dominación: Espartaco no sabría hoy contra quién o qué rebelarse.
2000.04.02 — En estos años las grandes multinacionales, los únicos poderes de hecho, están dedicando sumas enormes a inversiones en nuevas tecnologías (Internet, ingeniería genética, comunicaciones, etc.) que producirán, incluso a medio plazo, pérdidas. Sólo pretenden el sellado en estos posibles huecos de mercado. Como si de una póliza de seguro se tratase, compran toda empresa recién creada sobre cuyo futuro se atisbe un éxito, por improbable que sea.
2000.04.28 — Hace cien años había una incontable variedad de colores, pongamos del rosa; ahora sólo uno: el del batido, el chicle, el yogur, el de cierto pastel que Ignacio calificaba como el rey de la repostería industrial, el de las nubes de dulce, los vestidos, las gomas de borrar, el champú... Pero también sólo un violeta (el de metilo), un solo azul chillón, un rojo, un negro... Una mano de colorantes que definen las libertades que quienes hemos sido relegados a simples consumidores abarcamos.
2000.05.04 — Me perturba el significado de la palabra riqueza. No es tal el dinero, simple sustitutorio en trueques, pero tampoco sé si lo es un objeto no de necesidad, un jarrón de porcelana por ejemplo, pues no hallo utilidad a diez millones de ellos. En el equilibrio que ha de darse entre el interés de quien vende y el de quien compra sólo un cierto placer en la futilidad justifica el valor de los jarrones de porcelana. Y así de la inmensidad del comercio, incluido todo el sector servicios. Por otro lado lo necesario no tiene, de tan elevado, precio. El objeto de estudio de la economía parece arbitrario y escurridizo, como los deseos.
2000.05. 24 — Es un error muy común confundir descripción, explicación y justificación. Una ley científica es una descripción del universo, no una explicación ni mucho menos una justificación de éste (cosas ambas que no necesita). Si alguien nos pudiera describir bien cómo funciona un coche, aparte de no enterarnos, no sabríamos conducirlo; necesitamos que nos lo expliquen. Por último, elaborar un código de circulación requiere establecer una justificación de las normas. Las confusiones parecen meramente lingüísticas, pero empapan toda la metafísica, la ética y la teología hasta hacerlas inmanejables. Peor es cuando este desconcierto baja hasta el mundo práctico a atolondrarnos: una infancia difícil puede ser una explicación de una personalidad insociable, o la historia del colonialismo una explicación del tercer mundo. Pero en absoluto han de usarse para justifican nada.
2000.11.02 — Las vísperas del Día de Todos los Santos sirven como ejemplo de cómo, si existe una cultura mediterránea –y ésta se percibe no en los libros, sino en las calles, preferentemente de pueblos: en los comportamientos extremos, muy afectuosos o muy violentos; en el papel de las madres, los padrinos, los cuñados; en las fiestas, las tradiciones, los gestos... – que está perdiendo sus costumbres en favor de la anglosajona, uno de los frentes donde más rápidamente retrocede es en sus tabúes. De lo cual, dicho de paso, hay que alegrarse. Se ha comentado enormemente la apertura sexual, pero no se tiene suficiente conciencia del desmoronamiento de otro gran objeto de respeto: la muerte. Nuestros largos entierros, que en Inglaterra se amenizan con canapés; nuestro humor, que recela de tanto acercamiento a la guadaña; las danzas macabras, que moralizantes, se han permitido al norte un tono algo más burlesco, son diferencias cada vez más imperceptibles. La noche de la que hablo se ha adornado ya de brujas, monstruos y esqueletos. Que nos alcanzan tras un siglo de novela negra, de terror, de cine de acción... Todos géneros que sería impensable hubieran surgido a las orillas de este mar.
2000.11.05 — Hay quien habla de una nueva sociedad o ámbito de relaciones sociales refiriéndose a la recién engendrada Internet. Y tal de seguro es cierto. Pero me apenan las ilusiones que se ofrecen a la supuesta libertad que otorga, pues son todas frustradas. Nacen, como el comunismo o el anarquismo, de una clara percepción de las grandes posibilidades del hombre, aliada con una asombroso desconocimiento de su naturaleza. Pero no quiero discutir sobre esto, en parte porque siempre me cayó más simpático Rousseau que Hobbes. Sólo hacer un examen de las falsas esperanzas. Se fundamentan en que, ahora mismo, toda persona (no toda: una de clase media al menos, con unos conocimientos someros de informática) puede, con un ordenador, dar a conocer sus ideas potencialmente a un mundo y entablar conversación con cualquier ser humano liberándose de limitaciones espaciales. Cosas que ya eran posibles hace veinte años, pero requerían una holgura económica considerable y derroche de tiempo. Respecto al dinero, actualmente sólo es preciso comprarse un ordenador (se llevaría el sueldo medio de un mes, pongamos), lo cual es poco si comparamos con lo que cuesta publicar un libro, y aun menos si consideramos que este ordenador puede compartirse, como sucede en cierto modo en una cafetería-web. Es fácil crear una página en html –estándar que por otro lado ni siquiera es preciso conocer–, rápido, tan barato como gratis, perdón, se puede ganar dinero gracias a la publicidad... Y nuevas tecnologías auguran mayores disfrutes: integración plena de los teléfonos móviles en la red; de ésta con el comercio, y en concreto con los bancos, que cuidan nuestro dinero; teletrabajo, servicios web, interactividad...
2000.11.06 — Nada es falso, por ahora. Pero, primero, Internet no va a ampliar las libertades, sino a estrechar el control. Al fin y al cabo, el poder no es hoy una cuestión de fuerza física, sino de dominio de la información. A un delincuente le resulta fácil eludir a un policía, pero no a todo un aparato estatal que le impide manifestarse públicamente. Legalmente no deben vigilar nuestro correo; ni los servidores por donde pasa generalmente sin codificar, claramente legible, ni el ordenador donde se almacena, ni la empresa donde lo miramos. No deben saber qué páginas visitamos ni aquéllos que nos las envían, ni los que se publicitan en ellas, ni quienes las transmiten, pese a que todos tienen acceso a nuestro IP (la identidad electrónica). La relación entre IP y apellidos sólo deberían conocerla la compañía que ofrece la conexión y en todo caso nuestro banco. Ningún dato nuestro debería enviarse a la red sin nuestra aprobación, y si se envía, debería hacer oídos sordos aquél a quien no estuviese destinado. Pero todos estos debería pueden sustituirse por debería de. Es muy fácil vigilar y espiar y, tal vez lo peor, es rentable: una compañía puede conocer los gustos o intereses de la gente, su comportamiento, sus debilidades. Se puede saber si el software que se está usando es original o de procedencia ilegal, y en tal caso quién es el infractor. Es casi seguro que en breve toda la venta de programas se realizará a través de la red, y su uso podría contratarse por tiempo. El triunfo de las masas hacen creíble la idea de poder ampararse en el anonimato, pero las mismas máquinas que nos posibilitan acceder a Internet permiten procesar cómoda y simultáneamente datos de miles de personas. Y de ellas se podría –ilegalmente siempre, con programas que actúen ocultos– conocer todo cuanto se almacena en el ordenador. O bien todo cuanto compran, miran, hablan, deciden... Dónde están: el sistema de telefonía móvil debe continuamente vigilar la posición de sus usuarios, pues su desplazamiento obliga a la alternancia de las antenas que se encargan de recibir o transmitir sus señales.
2000.11.07 — Diseñar una página web resulta fácil, darle publicidad es harina de otro costal. Durante estos primeros años de Internet ha sido posible apropiarse de dominios con nombres sencillos. Con todo, quienes navegan lo hacen visitando páginas conocidas, y la difusión de unos pocos portales es la que terminará estableciendo cuáles sobreviven. Una teoría de la evolución de Internet consideraría como principal decisor el mismo que actúa de parca en nuestro ambiente cotidiano: la economía. No basta una buena oferta, se necesita publicidad, y es el número de visitas el que, a través de más publicidad, hace que ésta rinda. Las páginas con nombres sencillos se compran; la ley imperante es la misma de siempre, la del más fuerte, y la aparición de multinacionales con grandes sumas de dinero (grandes pérdidas iniciales) no deja lugar a dudas acerca de quiénes se ganarán esta lucha. Existe una resistencia de hackers que va a mantener abierto durante unos años, hasta que se prive al sistema de bastantes libertades y se lo dote de bastante vigilancia legitimada en apariencia por la protección de los ciudadanos, el resquicio en el desorden inicial que deja colarse las esperanzas de los ilusos. Se les adora hoy como bandoleros que atacan al más poderoso, aunque no asistan a la vez al más desfavorecido. Pero trabajan contra titanes. La política hace tiempo que es disfraz de la economía, y la aspiración de ésta es el control de todos los factores que le afectan, que son muchos, tantos como compradores. O trabajadores, es lo mismo, que dedican una parte de las ganancias de su esfuerzo a adquirir la misma materia que producen. Mucho se ha augurado el deceso del dinero de papel, al aparecer las tarjetas primero y la compra en Internet más tarde. No nos terminamos de deshacer de las monedas en cambio, pues parece absurdo que una entidad financiera medie en transacciones cotidianas, acuerdos breves como el servir un café o entregar una barra de pan. Pero su ámbito de empleo se va reduciendo progresivamente; pensar que hoy es raro comprar un mueble, digamos, al contado, e impensable un coche o una casa. Y cada adquisición que se hace queda registrada en varios ordenadores, asociada a un número de cuenta personal, junto con ingresos, impuestos, transferencias, préstamos... De todos modos no voy a pecar de paranoico: no existe un Gran Hermano vigilándonos, no pretendo en 2000.11.05, 2000.11.06 ni aquí decir eso. Solamente observar que, de aparecer, tendría el mantel dispuesto.
2000.12.04 — Decía hace unas noches Manolo que todo lo original en literatura se hallaba en las obras de unos pocos autores: Homero, Virgilio, Cervantes, Shakespeare y Joyce. Vuelve a exagerar, como maestro de la buttade que es. Y enormemente. Habría que rectificar y decir que bastaría tan solo Homero, lo que quiera que el autor fuese. Y mejor aun el Homero de la Odisea, que tanto contraste ofrece con su alter ego. Apenas existe invención literaria que no se corresponda con uno de los pasajes que llevan a Ítaca, lo cual hace meditar sobre el sentido de seguir escribiendo. Yo abordé la obra muy tardíamente, con veinte años (después incluso de leído el Ulysses), pero no me parecían creíbles sus páginas, con varias historias entrelazadas por saltos en espacio y tiempo, narraciones épicas, intimistas, tétricas (la imagen de los muertos bebiendo del charco de sangre), realista alguna, de rica fantasía casi todas, capaz de descripciones de gran lirismo, complicidades con el lector, suspense... La primera de las grandes aventuras contiene ya todos los elementos que las identificarán: acción, viajes, amor, sorpresa. Si Gilgamés es, salvo desconocimiento mío, el primer texto que recoge los sentimientos básicos del hombre, la Odisea alcanza algo más: su manifestación pura, sin pretensiones religiosas o políticas intencionadas, compuesta sólo para producir disfrute en quien la escuche. Lo que es decir literatura desnuda, simple. Inicié la conversación con Manolo porque había empezado a leer la Eneida y, pese a sus elogios o debido a ellos, me ha decepcionado algo. Virgilio es un gran maestro de la técnica, que para su época se ha depurado enormemente, pero no se hallan ideas nuevas (al contrario, el poeta copia conscientemente la Odisea). Realmente quiero decir que no hay ya después ideas nuevas, en estos casi tres milenios que han seguido. Será porque cuando el anónimo Homero cantaban las Musas y ahora lo hacen, sin ninguna humildad, los autores. Virgilio incluido.
2000.12.13 — La antiparábola de Tolstoi de los dos hermanos, el derrochador y el que ahorra. De algún modo muchos consideran un libro, sirva el ejemplo, tanto más valioso según el dinero que cueste. Mientras que otros vemos valioso el dinero en la medida en que sirve para conseguir ese libro. Y leerlo.
2001.01.06 — No puedo evitar pensar –y sé que, peor que falso, es irracional– en la Unificación Europea como un último intento alemán de extender su dominio sobre todo el continente, exitoso esta vez. El error mental está en que, aunque verdaderamente esta Comunidad está regida de facto por Alemania, no se puede comparar este país con el que diferenciaba entre Herrenvolk y Untermenschen antes de la Segunda Guerra Mundial, ni con el que exaltado por el nacionalismo busca en la Primera crearse un espacio protector. Pero eso es así también porque ha cambiado el mundo: las potencias ya no habitan Europa, las batallas son más económicas que militares, sus victorias no equivalen ya a territorios. Y si embargo es una imagen que como un fantasma se repite. Los problemas balcánicos, la unificación alemana, la ambigua política francesa, la temerosa oposición anglosajona, la campaña rusa... son motivos de una obra cuyo secreto estético, definido por la autoridad de la historia, se me escapa.