Abaxé otra grada
«Yo abaxé otra grada por ver lo que Judas me dijo, que eran peores que él, y topé en una alcoba muy grande una gente muy desatinada, que los diablos confessaban que ni los entendían ni se podía averiguar con ellos.»
En el instante en el que la aldea humana supo de la carga eléctrica de las energías psíquicas sonó el cornetín que marcaba el comienzo de una lucha individual contra las emociones nocivas. Cada alma se buscó a sí misma en el recorrido laberíntico de sus singularidades. Y en esa persecución de la salud emotiva, de la unidad del karma, de la buena disposición espiritual o de la armonía de la persona consigo misma y con lo místico, de la liberación de los malos humores, deseos, tensiones, traumas y prejuicios, del acuerdo con los valores universales, del buen feeling, de la consonancia con la otredad, de la experiencia del poder cósmico, de la fuerza interior, del aura vital, del sentimiento de plenitud física y psíquica, del optimismo natural, de la naturaleza vivificante y de la vitalidad constructiva, esta búsqueda, en fin, mejoró las relaciones afectivas entre humanos/as y la higiene interior de cada uno/a. Todos/as, unidos/as por la energía que alrededor de ellos/as emanaban sus pensamientos positivos, reconocieron sus defectos propios/as y virtudes/as y se encontraron a sí mismos/as como individuos/as pero a un tiempo formando parte de una inmensa comunidad. Los/as hombre/as, conscientes/as de la fuerza que les infundía una espiritualidad, a la vez que recogida por emanante de un yo/a, (pre)sintieron la (rea/dua)lidad de la existencia, el poder de sus mentes/as que alcanzaba a (re)construir por/en sus (con)ciencias (des)de lo (sobre/supra)natural/a haci(a) lo/a intimo/a/isto/ista. Y ayudados/as/itos/itas en su viaje interior por la práctica de meditación, yoga, nirvana, zen, tao, tsutsugamushi y otros ejercicios diversos lograron superar el dolor consubstancial al ser y liberarse de la esclavitud de la materia. Ahora flotan hermanados/as con el éter (con)siderando la terrible posibilidad de que el abandono de su recogimiento, el eterno retorno o la metempsicosis puedan devolverlos de nuevo al reino de los desdichados.