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Reversi – Estrategia – Sacrificios
Sábado, marzo 21st, 2009
Figura 1: Posición tras 18f3.
Se muestra en la figura de al lado el resultado de la siguiente partida:
1 e6 2 d6 3 c5 4 f4 5 f5 6 f6 7 g5 8 h6 9 f7 10 f8 11 g4 12 g6 13 h5 14 h4 15 h3 16 h2 17 g3 18 f3
Si la examinamos detenidamente, el jugador negro ha incumplido todos los consejos que hemos dado. Parece que todos los movimientos siguientes le son desfavorables: g2 regala una esquina al blanco; jugadas como e3, c6 incumplen de modo flagrante el principio de movilidad y llevan a la postre a una derrota… Y entre estos movimientos pasan desapercibidas por parecer negativas jugadas como g7 o g8, que le dan la esquina inferior derecha al blanco. Y sin embargo, si el negro juega 19 g7, las blancas no pueden responder 20 h8: les será imposible evitar que las negras tomen h7 y, con ello, la esquina superior derecha:
19g7 20h8 21d3 22c2 23e3 24c4 25c3 26d2 27e2 28e1 29h7

Figura 2: Partida que puede dar lugar a flancos balanceados.
El jugador blanco podría haber aprovechado sin embargo mucho mejor los errores de su oponente. Por ejemplo, los movimientos h6 y h2 son los que han creado esa disposición de las piezas en el lado derecho. A esto se le llama flanco no balanceado, y en general debe evitarse. Los dos flancos siguientes sí están balanceados.


Reversi – Estrategia – Fronteras
Sábado, marzo 21st, 2009Como hemos hecho en varias ocasiones, vamos a usar un ejemplo para hacer ver la importancia de algún factor del juego. En este caso se trata de la distribución de piezas en los bordes del tablero. Ya vimos que las piezas en los márgenes tienen un reseñado valor estratégico. Pues bien, examinemos la situación siguiente, en la que el jugador blanco tiene dos piezas en uno de los lados. Se llega a ella después de d3c3c4e3d2c1f2e2f4g1.

Figura 1: El blanco tiene dos piezas en un margen.
El jugador blanco ha cometido un error grave al tomar la posición g1: a su oponente le basta situarse en f1 para asegurarse la esquina superior derecha. En efecto, si las blancas no toman la nueva pieza, el negro hará h1 en el siguiente movimiento; y si la toman con e1, las negras pueden responderle d1, una pieza que no puede robarse y que igualmente da opción a la esquina.

Figura 2: El negro puede adueñarse la esquina.
La conclusión, pues, es que debemos evitar en el borde del tablero disposiciones como
ya que si el oponente sitúa una pieza entre las nuestras, será virtualmente imposible de tomar.

Igual puede decirse de la situación del siguiente ejemplo: si las piezas están separadas por un espacio de tres posiciones,

el negro puede forzar una situación semejante al caso en que están separadas por un espacio sin más que poner una pieza al lado de una de las nuestras:

¿Qué sucedería si el negro pone su pieza justo entre ambas, como se indica en la siguiente figura?

No es difícil darse cuenta que llegamos a una situación de status quo, en que el negro pierde sus piezas si pone en c1 o e1, y el blanco por otro lado no puede poner ficha en ellas, pues regala a su contrario la esquina, de una forma semejante a como se ha visto.
Otra situación no favorable a ningún bando es aquella en la que dos piezas de distinto color están separadas por una posición:

En efecto, ninguno de los dos jugadores debe poner en el lugar central si no quiere perder su posición ventajosa. Hay que notar que la figura que se ha presentado es en lo dicho equivalente a las que siguen:


No obstante, se dan situaciones en las que se puede violar lo dicho: supongamos la siguiente disposición, en la que se han representado unas fila más del juego:

Si el turno es de las negras, se tienen la esquina a1 asegurada. Para ello les basta mover f1. En esta situación las alternativas del blanco son poner en e1 o no hacerlo, y por ambas pierden; veamos:
1.f1 2.e1 3.c1 4. b3 5.a1
O bien, 1.f1 2. f2 3.c1 4. b3 5.a1; y si 4.e1, las negras responden igualmente con a1

Figura 3: Las piezas blancas están separadas por dos huecos.
En todos los ejemplos tratados, las piezas estaban separadas por un número impar de huecos. El análisis es semejante si los espacios constituyen un número par: si están separadas dos posiciones, como se ve en el ejemplo de al lado, el blanco sólo debe estar pediente de cuándo una pieza negra cae en el hueco interior para tomarla.
Supongamos que la separación es de cuatro huecos:

El blanco debe estar pendiente de una jugada negra como c1, para responder con d1, pero no puede hacer nada contra d1, que sirve en bandeja las esquinas a su contrario:
1 d1 2 e1 3 c1, y después 4 f1
Si tenemos dos piezas de distinto color separadas dos espacios,

la situación puede llevarse fácilmente a una de las vistas si el blanco juega c1 o f1, que no son a priori beneficiosas para ningún bando.
Tampoco es beneficiosa o perjudicial, pero resulta interesante, la respuesta d1:

El negro no puede responder c1, pues lo perdería en dicho caso. Del mismo modo, las blancas no pueden poner ni en c1, ni en f1.
Queda para el lector el ejercicio de estructurar las combinaciones que se han presentado informalmente en función de color de las piezas y huecos de separación entre éstas. Éste es un conocimiento que rinde fruto de una forma muy directa en el desarrollo de la partida.

