Trino el Neutrino
Trino el Neutrino nació de una desintegración β en la mente de Chomi, ya crecidito y con el esplín de los modernos, el síndrome de la indolencia. Salió de la trena, viajó más veloz que el ferrocarril hasta la mente de sus actuales adeptos y ahora sueña con convertirse en rey por méritos y no cuna. Chomi quedó sorprendido al descubrir que su criatura era zurda, Ignacio que era sagrada, Horacio que insensible, Susana que delgada, Lurdes que real y el Arquero que moderna. Redactó durante una inusualmente festiva tarde de domingo un manifiesto con el que declaraba su independencia, y lo firmó con una ν. Porque él era Trino, Neu-Trino.
Después voló por los espacios sin rienda durante distintas medidas temporales, según cada lector decida, y eligió acampar en lo que él creyó un átomo pesado: era más que eso, era una gran comunidad de hermanos, padres, extraños y enemigos congregada en una estrella de neutrones (de neutrinos, pensó Trino). Y él, que era misántropo (misátomo), después de flirtear un poco con una pareja de bosones W0, de sexualidad poco clara, prefirió permanecer agazapado en el útero de un protón. No duró mucho: era tal el vaivén a su alrededor que rápidamente salió disparado de allí. Comprendió entonces que era una partícula débil. Así que resignado tornó al cerebro de su creador, considerando en qué medida parte de su alma nunca había abandonado la patria para emprender ese viaje.
Granada, 17 de enero de 1999.
