The nineteenth century

«The nineteenth century dislike of Realism is the rage of Caliban seeing his own face in a glass». Y pues Moisés, con los regalos para Raúl en la mano, no pareció muy convencido, Wilde quiso seguir hablando desde la portada del libro: «The nineteenth century dislike of Romanticism…». «Look in thy glass,» le interrumpió un aludido envidioso de sus aires de maestro, «and tell the face thou viewest, now is the time that face should form another». Como el profeta empezó a sentir angustia por el paso del tiempo le tiró los libros a su destinatario. «¿Pero no ves qué haces? Que los rompes», aunque Moisés no necesita que le muestren lo que ya ha realizado.
El Arquero pensó en los bienaventurados ciegos, ciegos de corazón, porque ellos no conocerán los dilemas ni el canibalismo del alma. Ni lanzarán piedras al pasado, que siempre las devuelve, tremendamente más ágil que el presente o el futuro. He aquí Narciso, un hombre ahogado por el escrutinio de sí mismo en el tiempo:

Eterno retorno

Eterno retorno

¿Qué nos puede decir del eterno retorno?
Es una idea como otra cualquiera. Y como tal se repite ineluctablemente en la historia.
Arrojóse el mancebito al charco de los atunes, como si fuera el estrecho poco más de medio azumbre. ¿Le dicen algo estos versos?
Sí, me siento identificado, claro.
¿El reflejo es accidente del agua?
¿Es usted un accidente de su madre?

Granada, 7 de diciembre de 1998.

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