Próxima la Pascua
Próxima la Pascua, subió Jesús al templo de Jerusalén. Allí vendedores de animales, tesoreros y contables hacían tintinear monedas sobre la piedra. En el centro habían elevado una estatua dorada del dios Economía.
«¿He de encontrar siempre usurpado mi templo?», clamó a la Estatura. Su rostro sonreía sardónico. «Tu reino no es de este mundo», le respondió. Jesús miró en rededor: cada moneda es un brazo de Set: Él controla todo y nadie puede controlarlo: al fondo los analistas se devanaban los sesos para predecir Su comportamiento, pero quien pueda hacerlo en este templo, levante la primera piedra. Su palabra es ambigua y hermética, y en boca de sus rabinos refiere tan solo índices y valores nominales. «¿Quién eres Tú, que hablas mejor que los dioses precedentes y tienes más poder que ellos sobre la humanidad?», y Éste le respondió a Jesús «Mi nombre es Turbulencia. Mi número inconmensurable. Mi ojo y mi mano lo alcanzan todo. Y estos son mis mandamientos:
| I | Creerás en la Economía sobre todas las cosas. |
| II | No tomarás el valor del Dinero en vano. |
| III | Trabajarás por Él sin descanso. |
| IV | Honrarás el Neoliberalismo y la Bolsa. |
| V | No elevarás la Inflación. |
| VI | No elevarás los Intereses. |
| VII | No especularás. |
| VIII | No invertirás en Valores dudosos. |
| IX | No olvidarás la Curva del Desempleo. |
| X | No consentirás Trusts, Cárteles, Holdings, Fusiones… |
Y continuó recitando su centálogo. Sólo una vez hubo terminado, Jesús, que había palidecido hasta parecer un espárrago en vinagre, no evitó exclamar «¡Todos los demás hombres dan cuenta de lo que es suyo, mas éstos de lo ajeno, y todo!».
Granada, 19 de enero de 1999.
