¿Permite?

«¿Permite?», pero no, Horacio permanecía impasible sentado en su canapé en el centro mismo de la calle. Leopold Bloom estiró su cuello aun más afuera de la ventanilla de su escarabajo. «Debo asistir urgentemente a un funeral y un parto, así que si usted fuera tan amable…». El otro burgués alzó su mano, se mesó la barba y, después de hacer un gesto de disconformidad con el artículo que había leído, pasó una página de Gárgara despreocupado por la amenaza del coche. La gente tiene esta desvergüenza, y son ya las seis, muy tarde. Tarde si ahora hay que dar un rodeo para evitar las calles en obras camino del cementerio. Y para colmo el loco este se instala aquí delante como si fuese su casa, con su televisor y su flexo incluidos. Bueno, ya es demasiado, claxon, ganas me dan de… No, pero ni se inmuta el muy canalla, mira que no estoy de ánimos para bajar, a ver, las llaves, tendré que decirle cuatro palabras. ¡Oiga! ¡Oiga! ¿Pero quiere hacer el favor de mirarme siquiera? Que no quiero verme obligado a llamar a un guardia, y su actitud me está forzando a ello. Y el muy grosero no aparta la vista del papel, a ver si está tarado. Puede ser un demente de estos que lo mismo están chupando candados que le arrean un navajazo a alguien. Oiga. Esto no debería consentirse, esta gente debería estar en el manicomio. O en la cárcel según el caso, porque ahora qué hago yo, lo mismo le digo algo y se me encara, y es un tipo grande, no podría, no puedo hacerle frente, veamos, jabón, carta, más abajo en el bolsillo, sí, tienes las llaves a mano, por si acaso, perdone, señor, pero no deja la revista, escúcheme, debo asistir a un funeral y la hora se me echa encima, ridículo, esto es ridículo, pañuelo y enjugar el sudor, llegaré tarde, si fuera por el pobre Mario, bueno, tampoco él se iba a molestar, en fin, desde luego que no, está muerto, pero luego la gente comenta, y este canalla ni se inmuta, a lo mejor es sordo, sordo pero qué iba a hacer aquí acomodado en mitad de la vía publica que va a pasar cualquier otro porque yo lo que se dice yo no me pongo como otros que lo mismo viene algún bestia y se empeña en pasar por encima con el auto y a saber qué es de este loco porque tiene que estar loco sí esto no se le ocurre a una persona derecha hacerlo lo que tendría es que llamar a un guardia o a un vecino y que avise al manicomio lo que pasa si fuese otro día sí hoy estoy tan ocupado puedo marcha atrás y tomar otro camino tampoco es desvío pero que el siguiente lo mismo pilla y lo atropella en fin tampoco se puede decir que sea mi culpa que yo no he sido quien ha puesto a este tipo aquí.

Granada, 20 de diciembre de 1998.

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