La tarde, espesa
La tarde, espesa como la de un domingo, parecía haberse retrasado a contemplar los colores que infundía en la Damasco decadente de tiempos de los cruzados. Zomorrod se prendió un cigarrillo, dispuesta a aguardar lo que el ocaso durase antes de sumergir su cuerpo y pensamiento en la corte enferma. «¿Quieres uno, Hassan?», «No, gracias, no fumo. No de eso». El espíritu de Hassan ibn Sabbah, con apariencia de infante, la acompañaba bajado de los cielos o subido de los infiernos a su cita habitual. El horizonte brillaba anaranjado cuando él le preguntó: «¿Conoces el ajedrez, Zomorrod?». «Lo conozco, aunque mi forma de jugar es desconocida por ti».
Ella le cedió a él el color de los fedayines, y se inició la partida con 1 P4R. Después Hassan se reclinó en su asiento a estudiar con atención las volutas de humo que ascendían del cigarrillo. 1 … DxR, respondió Zomorrod. «¿Qué movimiento es éste?», «He matado al rey. Suele ser un estorbo centrar la partida en su defensa». Hassan miraba estupefacto. «Siempre pensé que la victoria se alcanzaba hiriendo al rey contrario.», «A mí no tienes que mentirme, sabes que el miedo nos transforma en nuestro peor enemigo. Y frecuentemente lo aprovechas», «Pero has sacrificado tu rey, ¿qué debo atacar ahora?», «A la reina, por supuesto». Hassan debía adaptarse a la nueva situación. Evitó la distracción que producían los reflejos cobrizos del ocaso sobre las piezas de marfil y se concentró en su movimiento siguiente.
2 P5R, resolvió pasados unos minutos, y rápidamente Zomorrod opuso 2 … P4D!. 3 PxP PRxP+, y él protestó: «¿Pero no defendíamos ahora las reinas?», «No, tú continúas defendiendo al rey». «En tal caso», dijo Hassan airado, 4 D2R+. Zomorrod palideció, aunque, como su oponente más tarde comprobaría, no debido a la amenaza a la dama. Movió cauta 4 … D1D. «¿Por qué no interpondrá sus consejeros?», se preguntó el espíritu. La reina accionó el interruptor para suplir la luz de la estrella que menguaba. Las golondrinas revoloteaban esparciendo en los aires sus sonidos angulosos.
Hassan decidió experimentar con 5 P3TR. Era una jugada intuitiva, pero él nunca había conocido errores fatales. «Dime, Zomorrod, ¿qué es de Ismael?». Ella elevó una mirada inexpresiva. «Es muy niño aún para no dejarse dominar por el mundo». Y acompañó la frase con 5 … C3AD?. «¿Y tú? ¿Has llegado a ponerte en contacto con Zangi?». Zomorrod se atemorizó cuando se supo descubierta. Después puso en calma su corazón: él era un espíritu, no podía infundirle miedo. «Es tu turno, ¿recuerdas?». Hassan no temía poner en peligro de muerte sus mejores piezas cuando podía atentar de manera efectiva al enemigo, así que no dudó el 6 D4C.
Zomorrod examinó con precaución todas las posibilidades. «Abandono», dijo entonces. «Se nota qué clase de mujer eres en que no diferencias entre un rey o un rival, o entre un consejero o un hijo». «¿Qué habrías hecho tú en mi lugar? También tú has sacrificado a tu descendencia». El espíritu de Hassan ibn Sabbah se disolvió como tiempo antes lo hacía el humo del cigarrillo, dejando un olor a incienso en toda la estancia. Zomorrod no necesitaba una respuesta a su pregunta: sabía que él nunca tuvo la capacidad de enamorarse.
Granada, 19 de noviembre de 1998.
