Cuando volvió a casa

Cuando volvió a casa traía consigo dos hombres más:
-Ponnos vino y algo de comer.
Gloria se había llegado a la cocina para sacar la garrafa del vino y unos vasos de tubo. Mientras cortaba queso llegaban de la otra habitación las voces ebrias y destempladas, cuyos desvaríos vagamente se alcanzaban a comprender. Había mandado acostar a la niña. El padre le había negado salir esa noche y se había quedado con ella a ver la tele. Cuando oyó el jolgorio en la escalera se apresuró a enviarla a la cama. Gloria entró en el salón con el plato en la mano. Hablaban sin tabús de sexo. Su marido se jactaba del número de veces que hacía el amor a la semana.
-¿No es cierto?
-Sí -asintió Gloria, avergonzada por las miradas de los demás.
Hablaría con él mañana, ése no era el momento de discutir. Al día siguiente se mostraba comprensible y resultaba fácil manejarlo. Volvió por los vasos de vino. Bastaba esperar. Lo había vivido antes, en no más de media hora se marcharían. Después acostaría al marido; como mucho limpiar algún vómito.
-Lo que tienes que hacer es llevártela al huerto -le decía al soltero- y le haces un hijo, para que tenga con qué entretenerse.
Gloria se apartó al rincón tras la puerta sin perder atención, haciendo rodar la alianza sobre su dedo.
-¿Es que te faltan cojones, hombre?
Le hubiese gustado acabar de ver la película: había apagado el televisor cuando debía de estar terminando.
-¡Pues la callas de una bofetada!
Al ir a hacer el gesto cayó el vaso al suelo. Gloria acudió presta a limpiarlo y él la agarró con rudeza del antebrazo.
-Esta noche te follo.
No supo después explicar cómo sucedió todo. Le hundió el cristal roto que sostenía en la cuenca de un ojo. Chilló, y sangre como vino tinto fluyó en abundancia.

Share

Deje una respueta.