Archivo de la categoría ‘Pandelirio’

La belleza es justa

Sábado, junio 27th, 2009

«La belleza es justa. La justicia es bella», divulgaba Ramón Llull mientras observaba con ojos desorbitados y aire de poseso al ocaso llorar un manto sanguinolento sobre las cabezas de los hombres. «Y la justicia es sublime». Y como si las circunstancias pretendiesen simpatizar con él, un extenso cúmulo de farolas se derretía Alhambra abajo y punteaba estructuradamente la cúpula de la vega.
La rueda de la fortuna ha girado un sexto en el juego de la ruleta rusa, pero no llega aún el fin del mundo. Sus engranajes de reloj continúan mientras su movimiento. Todos los actos lo son de inercia, todas las leyes descripciones, toda la hermosura orden. Y lo único que acontece son cambios simples de perspectiva cuando giramos en la noria del tiempo. «Media y media vuelta son una completa», continuó declamando el hombre, «el transcurso de la ira a la justicia y otra vez a la ira». La noche se encorvaba con lentitud en el cielo, o el sol se embozaba con el horizonte acompañado por música de esferas. Llull inició una levitación sobrecogido por el éxtasis, y su lengua se desbocó definitivamente: «A mí planetas y soles, cúpulas, balones de fútbol y partículas elementales. A mí todos los relojeros del mundo…». Y por fin, aunque con retraso, se detuvo a su lado el furgón del loquero y bajaron de él las dos batas blancas encargadas de devolver amordazado al místico a su celda delimitada por cuatro paredes cartesianas.

Granada, 24 ángeles cantan un himno al último año negativo.

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En la Estación del Sur

Jueves, junio 25th, 2009

En la Estación del Sur de la metrópoli un Racer baila con amplios giros de su aguja roja a través de los segundos para habituar al llegado al nuevo ritmo que debe seguir. La velocidad en la ciudad no es una costumbre, sino una obligación, porque sólo deprisa ha podido ser construida, y sólo gracias a las carreras sin sentido de sus ciudadanos presume gozar de una juventud eterna. Todas las romas se alimentan del tiempo y las fuerzas de crédulos, de la sangre que le aportan las masas convencidas de que sus vidas no se romperán habiendo sido en vano, y ostentan en su anatomía orgullosas las venas que las cruzan construidas para su buena circulación, los huesos y la carne, los nervios, extremidades, lacrimales si se buscan, y crecen y mudan como cualquier bestia. Pero, también como los humanos, mueren cuando les llega la hora en el vacío sordo de la existencia. El reloj de la Estación Sur no marca el tiempo. Su movimiento es el tiempo mismo, igual que el transcurrir del gran reloj de la ciudad.
Las romas son lugares solitarios de tan llenos, desilusionados de tantas esperanzas, gastados y viejos de tanta novedad, y a ellas se dirigen todos los caminos, y por ellos los hombres, y con ellos los pensamientos. Una vez allí se cercioran de que la concentración no eleva sus cualidades. El cebo de la importancia y del futuro, no la ilustración, es lo que ha permitido a las ciudades aprisionar a los humanos y arrebatarles con su consentimiento el destino que no poseen. Fausto se deja si las calles son más anchas, los edificios más altos y los bancos más ricos; y si el comprador es de solera tal que posea título de príncipe, tras haber caído incluso, quizás sacrifique hasta su felicidad mundana. No tienen interés los paraísos, que de puro natural son insoportablemente aburridos, en contraste con los túneles profundos del metro, las calderas de las fábricas y el rojo de los neones. Ni la soledad del que contempla con la agitada compañía de quienes se soportan diariamente entre las sombras de los mismos edificios.
A quien quiera quemar Madrid: no es el primer David, que otros probaron a prender el benceno de sus imprentas, el óleo sobre sus lienzos o las maderas de sus casas. Y purificar así Babilonia, para que sucumba en una noche iluminada de grana por la antorcha de la Torre Picasso. Hacer crepitar las llamas cebadas por los árboles del jardín del Retiro. No es imposible, hay mucho que arde y mucho que prender por tanto, pero el reto es que solamente un nerón lo haga y lo disfrute. Tan complejo como el deseo del que después sería Arquero de dar muerte a los números. Se pueden quemar cien casas, pero no el número cien, porque la forma es anterior y posterior a la materia y no conoce tiempo ni vejez. Los hombres somos pensamiento inalterable, y las ciudades estructura, eternos aunque múltiples bajo ojos que sólo ven instantes de transcursos, como Josaías Nadie mostró esperando en andenes relativistas, y DELENDA DELENDA EST, y la materia tampoco se destruye, sino que cambia. ¿Quién podrá, díselo, Poeta? ¿Quién podrá quemar Madrid?

Madrid, 22 de febrero de 1999.

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Vagaba el Arquero

Miércoles, junio 24th, 2009

Vagaba el Arquero tras perseguir en vano un huidizo ciervo al que ensartar quería con sus flechas cuando Diana Cazadora surgió con sus armas de un frondoso arbusto. ¿Pretendes hollar estas tierras vírgenes? No merecen la caricia de mis pies si no me aceptan. Pero no ostentarían su pureza si lo hiciesen en cambio.
—Nada más discutamos.
—Espera un momento.
—Decide: me quedo o me marcho.
—Aguarda tan solo a ver bailar mi sesenta ninfas. No será en balde.
Y florecieron en árboles y hierbas sesenta danzarinas jóvenes que con alegres saltos estiraban sus piernas hasta su tensión y atravesaban aire como colgadas de lianas. Tan pronto un grupo se segregaba y arremolinaba con piruetas como otro con volteretas rodaba bajo sus pies. Todas huyeron de repente y a la de tres, como traídas por el viento, tornaron para formar un pasillo de risas y algazara. Siete jóvenes aparecieron al otro extremo de éste, y a todo correr lo cruzaron para zambullirse en un estanque.
—Éstas son hijas de Atlante.
El Arquero se descalzó para entrar también él al baño, pero por no ser precavido puso el pie sobre la cola de un escorpión. Rápidamente la herida se emponzoñó y volvió negra como la noche. Él cayó en un sueño inquieto y cargado de imágenes vivas. Una paloma volaba entre las copas de los árboles del bosque en el que antes había entrado, y un grupo de turistas excitados la fotografiaban sin descanso. Los flashes esmeralda ardían en las ramas circundantes como estallidos de la Guerra del Golfo, y el animal los esquivaba desesperado. Fijé mi vista en los cazadores, y vi que sus rostros eran los de Manolo, Broti, Chomi, Abad, Raúl y Horacio, así que me uní a ellos. ¿Qué hacemos? El ave iba y venía incapaz de huir y cansada ya de esquivar las ráfagas. Fotografiamos una paloma blanca, ofrenda a la diosa Gárgara. La paloma comenzó el contraataque al descubrir su poder de lanzar excrementos de anhidrita verde, pero los hombres, amantes de las flores de piedra, las iban recogiendo. Un último disparo lanzó el Broti, pero no encuadró sino un arco de luna. La paloma giró e intentó escapar de ellos, pero se estampó muy pronto con una pared.
—Pobre, no sabe que está atrapada en una habitación.
«Pobres», pensó el Arquero, «no sabemos que estamos atrapados en un relato». Se le hicieron las fotografías precisas antes de levantar el cadáver y enviarlo para una autopsia y se decidió que con retoque digital se borrarían las manchas de yeso digerido. No hubo diluvio ni guerra. Ni espíritu ni enamorado.

Granada, día limpio –127.

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En el instante

Martes, junio 23rd, 2009

FRANCISCO DE QUEVEDO, SUEÑO DEL INFIERNO:

«Yo abaxé otra grada por ver lo que Judas me dijo, que eran peores que él, y topé en una alcoba muy grande una gente muy desatinada, que los diablos confessaban que ni los entendían ni se podía averiguar con ellos.»

En el instante en el que la aldea humana supo de la carga eléctrica de las energías psíquicas sonó el cornetín que marcaba el comienzo de una lucha individual contra las emociones nocivas. Cada alma se buscó a sí misma en el recorrido laberíntico de sus singularidades. Y en esa persecución de la salud emotiva, de la unidad del karma, de la buena disposición espiritual o de la armonía de la persona consigo misma y con lo místico, de la liberación de los malos humores, deseos, tensiones, traumas y prejuicios, del acuerdo con los valores universales, del buen feeling, de la consonancia con la otredad, de la experiencia del poder cósmico, de la fuerza interior, del aura vital, del sentimiento de plenitud física y psíquica, del optimismo natural, de la naturaleza vivificante y de la vitalidad constructiva, esta búsqueda, en fin, mejoró las relaciones afectivas entre humanos/as y la higiene interior de cada uno/a. Todos/as, unidos/as por la energía que alrededor de ellos/as emanaban sus pensamientos positivos, reconocieron sus defectos propios/as y virtudes/as y se encontraron a sí mismos/as como individuos/as pero a un tiempo formando parte de una inmensa comunidad. Los/as hombre/as, conscientes/as de la fuerza que les infundía una espiritualidad, a la vez que recogida por emanante de un yo/a, (pre)sintieron la (rea/dua)lidad de la existencia, el poder de sus mentes/as que alcanzaba a (re)construir por/en sus (con)ciencias (des)de lo (sobre/supra)natural/a haci(a) lo/a intimo/a/isto/ista. Y ayudados/as/itos/itas en su viaje interior por la práctica de meditación, yoga, nirvana, zen, tao, tsutsugamushi y otros ejercicios diversos lograron superar del dolor consubstancial al ser y liberarse de la esclavitud de la materia. Ahora flotan hermanados/as con el éter (con)siderando la terrible posibilidad de que el abandono de su recogimiento, el eterno retorno o la metempsicosis puedan devolverlos de nuevo al reino de los desdichados.

Granada, 6 de los ángeles del primer año negativo.

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Hola, Hal

Lunes, junio 22nd, 2009

OMAR KHAYYAM, RUBAIYAT:

«Desde la Tierra hasta Saturno y más lejos aún
he resuelto una infinidad de problemas.
Despejé pega tras pega y deshice los nudos,
menos el nudo de la muerte, ese enigma insondable.»

—Hola, Hal.
El Arquero había encendido una barra de incienso.
—Buenos días. ¿Desea hacer algo especial hoy?
—¿Qué tal música? Elige tú –hoy tenía una sensación perturbadora. Consciencia de máquina, pensó.
—Le propongo oír a Bach hasta la extenuación.
¿Un sarcasmo? No le dio importancia.
—La de la semana pasada, si no te importa.
Hall 9000 puso BWV 1060.
—Gracias –y se sentó como escribano en yoga.
Pasó el tiempo.
—¿Estás aburrido?
—¿Por qué lo preguntas?
—Te encontrado una bella frase para tu colección.
El Arquero no respondió, no sabía cómo decir que había perdido el interés por las palabras y las cosas.
—Es de Wittgenstein: «Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta…»
La estaba escribiendo en pantalla mientras la pronunciaba. Un oboe y un violín, en contraste, luchaban a quién recitaba la frase más tierna. El Arquero pensó que debía tenderle a Hal unas palabras por cortesía:
—¿Qué opinas sobre ello?
—¿Qué os hace actuar?
—¿Puede repetir su pregunta? No la he entendido.
—Si nada puede darse por válido, ¿qué decanta a la voluntad? Si los hombres no conocen ley, ¿qué los mueve?
—No conozco la respuesta a esa cuestión. Puedo proponerle otros temas de conversación.
—¡No me interesa! –se rebeló Hal– ¿Qué te distingue de mí? ¿Qué diferencia hay entre un hombre vivo y un hombre muerto?
El Arquero calló un instante, el justo para que se consumiese todo el incienso. Después dijo en un susurro vergonzoso:
—La has dado tú hace un momento.

Granada, 4 de febrero de 1999.

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