Eduardo salió confiado de la casita. Remordimientos sólo tienen los idiotas. La calle desierta. Tardarían un par de semanas al menos en encontrarla. A partir de ahí… Dudaba si declarar haberla visitado. Qué incrustada la sangre asentada en los baldosines del baño. Quizás sí. No, mejor diría que le telefoneó. Pidiendo auxilio. No, que viniera; diciéndole simplemente que viniera. El coche, ¿dónde había dejado el coche? ¡Ah!, en la siguiente calle, apartado. Él entonces había acudido, no muy deprisa, sin darle demasiada importancia. Al fin y al cabo era sólo su exmujer. ¡Dios!, ¿no es aquél Juan Carlos? ¡Que no me vea! ¿Dónde me escondo? Bueno, bien pensado… No, que me vea, puede servir de coartada. Acércate a saludarle. Le cuentas eso. Que habías llegado y estaba la puerta cerrada. No había nadie. Ahí viene. Me ha reconocido. Pero no te precipites. Su cuerpo enterrado en el bosque… Trae cara… ¿de mofa? Viene riéndose, ¿no? Bueno, ya sabes, tú no has encontrado a nadie.
Buenos días, Juan Carlos. Buenos días, ¡cuánto hace que no te veo!, ¿dónde andas, Edu? En fin, haciendo chapuzas aquí y allá, pero dime, ¿qué te trae por aquí? Pues mira, resulta que es hasta gracioso. Sí, ya se te nota cara de risa, ¿qué es? Pues fíjate, curiosamente había recibido esta mañana, así como temprano, una llamada. Algún bromista, ¿no? Sí, eso pensé en un principio, pero mira tú por donde resultó ser de tu ex. Sudor, Eduardo, que no se note. ¿De Ana? Sí, suya. ¿Y qué te decía? Así, tranquilidad. Pues no sé, no comprendí muy bien. Yo creo que no estaría bien de la cabeza. Me decía, escucha bien, que la iban a matar, que viniese pronto. Yo, por supuesto, no le hice caso. Últimamente anda algo excitada por las transferencias de propiedad. De todos modos, una vez ha amanecido he decidido… No es posible, Eduardo, dime que no estás oyendo lo que oyes. No es posible, ¿cómo iba a saber…? Es absurdo, me ha recibido muy amablemente… Has metido la pata, hasta el fondo. No comprendo cómo, pero… Inventa algo, ¡rápido! …así que aquí estoy, para hacer una visita… Curiosa la historia, que no se te noten los nervios, precisamente a mí me ha pasado lo mismo. ¿Lo mismo? ¿Qué quieres decir? Bueno, lo mismo… También me ha llamado a mí, a eso de las cinco de la madrugada. Y… pues también he venido. Ah, y ¿cómo está? No sé, es decir, no está. Entonces la cosa puede ser grave, ¿no? Bueno, no tiene porqué, podría haberse marchado, pero… que ahí queda la cosa. Yo he estado llamando y no responde nadie. No sé si llamar a la policía o contarlo o… Silencio. Mira a un lado, al suelo, piensa. Parece que ha colado… ¡por los pelos! En fin, a ver si no surge otro contratiempo. ¿Pero cómo podía saber…? Estoy pensando, Eduardo… Verás… Puede que lo de las llamadas fuese algo serio, puede que no… Lo mejor que podemos hacer… Verás, lo mejor, creo, es no armar jaleo… Al fin y al cabo ni tú ni yo sabemos nada de esto, en nada seríamos de utilidad. Así que… Tienes razón, Juan Carlos, ¡Dios, suerte que tengo, bendita suerte!, verdaderamente tienes razón. Así nos dejamos de líos que sólo sirven para volver a uno loco, más como están las cosas. En fin, entonces, ¿hacemos eso? Sí, por supuesto. Me tiende la mano. Apretón. Bueno, nosotros no sabemos nada, ¿entendido? Sí, claro. Sigue adelante. Hasta otra. Adiós. Continúo. Alivio. Puedo respirar. En fin, esto parece increíble, sólo en una pesadilla pasan cosas así. El coche debe de estar en esta calle. Resulta que tiene manchas de barro en las ruedas. Lo tengo que limpiar. Las llaves. ¡Dios! ¿Qué es esto que tengo en las manos? ¿Sangre? Juraría… Sangre fresca, no puede ser… ¿Una herida? Mía no… ¿De Juan Carlos? Sí, eso será. Eso. ¡Basta! ¡A casa ahora mismo!
Por el pasillo entra levemente la luz. Todo sigue igual. Tal y como lo dejé. Bueno, a tomarme algo y lavar el coche. La mesita, tropiezo con ella. Pulsar el botón del contestador. La cocina. Hola, Edu, soy tu madre. Ésa es la llamada de ayer, se me olvidó borrarlo. Y que vengas por las fiestas. Refrigerador. Luz, cerveza. Eso, que no se te olvide. Un ruido áspero. Esto debe ser de esta mañana, no habrá nada. Destapo la lata. Edu, cariño, soy Ana. ¡Cielos, más no! Ya sé que no… que estamos separados, vamos. No te llamaría de no ser porque lo necesito. ¡Está muerta, maldita sea!, ¡que no se complique esto más! Es urgente, tienes que venir pronto. Verás… no espero que te lo creas pero, ¡por lo que más quieras, ven! Tengo el temor… tengo la sospecha de que Juan Carlos quiere matarme. No te pido que confíes en mí, pero, por favor, ven, no tengo a nadie más…