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Los relojes de Alfonso X

Sábado, enero 9th, 2010

Como parte de los Libros del saber de astronomía, Alfonso X encargó a dos toledanos -Samuel el Leví e Isaac Ibn Sid- la elaboración de cinco libros que describiesen la construcción y el uso de los relojes. Los conocimientos de los que hacen uso los autores eran pobiblemente los más avanzados en la época; las fuentes son andalusís, que en buena parte transmiten los principios del griego Herón de Alenjandría. Sus nombres son el Libro del relogio de la piedra de la sombra (que describe un reloj de sol), del agua, del argento vivo (en su principio base una clepsidra que usa mercurio, entonces llamado plata viva), de la candela (hace uso del consumo de una vela) y del palacio de las oras (nuevamente en esencia un reloj de sol, pero del tamaño de un edificio por cuyas doce ventanas va entrando sucesivamente la luz). De este último incluimos un fragmento:

CAPITULO V.
De cuerno se deve complir et acavar el palacio.
Si esto quissieres fazer, faz unos pedazos de madero que entren en la forma del cerco de los zontes, et ponlos entrell un demostrador et ell otro, fata que se cumpla el palacio, que sea semeíanca de torre redonda, et faz en la torre una puerta de la parte de septentrion, et faz sobre la torre so teíado. Et depues toma una sierra muy delgada, et assierra el demostrador de la ora primera de las oras de la cabeza de Capricornio sobre la linna que auies sennalado en aquel demostrador, fata que taíes todo el demostrador, et assí farás con todos los demostradores. Et assierra otrossí lo que cae entrell un demostrador et ell otro sobre aquella desviadura mesma en que taíaste el demostrador que es acerca della, et assí asserrarás lo que es entrell un demostrador et ell otro, fata que se acaven todos, salvo ende que no as de asserrar el demostrador que es en mediol dia. Et sabe que esta asserradura a de venir á manera de figura de cerco. Et esto mesmo farás con los demostradores de la cabeza de cáncer, et verná su serradura en figura de taíadura de pinnonado. Et síguesse su figura.

Reloj del palacio de las horas

Reloj del palacio de las horas

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Tratado de los reloxes elementares

Martes, noviembre 17th, 2009

La editorial Maxtor tiene publicada una edición facsímil cuanto menos curiosa. Se trata de una traducción revisada de una obra que el italiano Domenico Martinelli de Spoletano publicase en 1669 con el título de Horologi elementari divisi in quattro parti. El título es, como era usanza, más extenso, y aclara que el adjetivo elemental hace referencia a cada uno de los principios griegos clásicos. Así, nella prima parte fatti con l’acqua, nella seconda con la terra, nella terza con l’aria, nella quarta col fuoco: alcuni muti, & alcuni col suono, tutti facili, e molto commodi. La obra no queda sólo en esa meta, sino que adorna cada construcción con varios ejercicios: cómo reducir el tamaño de los relojes, o un mecanismo que señale el día de la semana, el mes y la fase lunar, estudia variantes sin ruedas o contrapesos, para tocar de otro modo las campanas, etc. Un siglo después, en 1770, don Francisco Pérez Pastor publica la edición a la que hacía referencia, con la que media una traducción francesa, engrosada con sus propios comentarios.
Como cabe esperar muchas de las construcciones son meros experimentos mentales, forzadas en parte por cierta pretensión filosófica del texto de Domenico Martinelli, que no debe extrañarnos para tal época, pero sí compite con la practicidad de la que hace gala el título. Y si ya en el momento de su publicación se puede considerar desfasado por la revolución que suposo el recién nacido reloj de péndulo en cuanto a exactitud, en la época de la impresión española su interés no es otro ya que anecdótico. En muchos casos (por ejemplo, en el reloj de fuego, impulsado por la llama de una vela) no se dispone de nada parecido a un mecanismo de escape o éste raya lo cómico por la imprecisión a la que lo fuerza el corsé de su planteamiento. Así nos describe parte de la construcción del reloj de aire:

Tratado de los relojes elementares

Tratado de los relojes elementares

Estas pequeñas planchas se pondrán una sobre otra, encolando al rededor buen pellejo, que no estè agujereado, para encerrar el ayre. Ha de ser bien suave, y que estè bien curtido, para que al baxar, y subir los fuelles se doble, y estienda con facilidad: pero sobre todo es necesario, que estè bien encolado con las dos tablas, de suerte, que el ayre no pueda salir de ningun modo, porque quando se necesite darle alguna salida, se hallarà facilmente el medio.
Además de estos dos fuelles, ha de haver tres ruedas, ò mas, segun la necesidad: porque no se puede determinar el numero, sin que se sepa antes el efecto que producirán los dos fuelles: pues estando hechos de buen pellejo, guardarán mas tiempo el ayre, y por consiguiente se necesitaràn menos ruedas: pero si los fuelles no lo guardan muy bien, serán menester mas.

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