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Los calendarios budistas 1

Domingo, junio 13th, 2010

Imagina, hermano, bhikkhu, una gran montaña sin agujeros o gritas, de roca sólida. Cada 100 años un hombre la frota con un trozo de suave tela. La montaña entera se desgastaría y todavía no se habría completado un eón. Así de largo es un eón, hermano.
Samyutta Nikaya 15.5

El budismo siente una especial fascinación por el vértigo de las medidas inconmensurablemente extensas o ínfimas de tiempo. Así, tienen un amplio abanico de unidades para abarcar periodos de difícil determinación, desde el ksana, algo así como su cuantización mínima, 95 veces más breve que un pensamiento, hasta el mahakalpa, la duración de la vida de Brahma. Nosotros de momento vamos a aparcar dichos periodos para centrarnos en esta entrada en formas más prácticas de determinar su transcurso.
Se recoge bajo la denominación de calendario budista en realidad a un conjunto de éstos empleados en el sudeste asiático que poseen ciertos elementos comunes y están asociados a la religión o filosofía de Buda. Concretamente se emplean en Birmania (Myanmar), Tailandia, Laos y Camboya. Como sucede en muchos otros casos, a pesar de ser los calendarios oficiales de dichos estados y determinar las festividades y datación de acontecimientos, en el ámbito comercial se emplea el gregoriano u occidental. El budista es de tipo lunisolar; es decir, intenta acompasar meses ajustados al ciclo que establece la Luna con años asociados al del Sol, ello de acuerdo al Surya Siddhanta, una conocida obra astronómica del siglo III de la que beben en general todos los calendarios hindúes. A tal efecto se establecen meses alternos de 29 y 30 días (una lunación son prácticamente 29 y medio) y años de doce meses, con ajustes periódicos. Éstos consisten en agregar en ocasiones un día extra a los meses once veces cada 57 años y añadir igualmente siete meses extras cada 19 años, ajustando el ciclo metónico. El sistema seguido se acomoda bastante bien al año sidéreo, pero no así al trópico, lo que haría que se desplazasen las estaciones si no se introdujesen reajustes adicionales que cada zona lleva a cabo de forma diferente, razón por la cual existe cierta descoordinación en la celebración de las festividades. Tampoco coinciden en la numeración de los años. Así, quienes siguen la era budista empiezan la cuenta con la muerte de Buda, tradicionalmente el 545 a.C. (aunque en Tailandia se atrasó en 1941); los birmanos, en la era chulasakarat, comienzan en el 638 d.C.; los camboyanos en el 78, de acuerdo a la era mahasakarat… Ni siquiera se puede establecer una fecha común para iniciar la datación del año, que para añadir complejidad suele cambiar a mitad de mes, con lo cual establecer equivalencia de fechas entre calendarios es bastante complejo. Entre tantas diferencias, resalta sin que deba sorprendernos un punto común y diferenciador: la existencia de un año cero.

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El Reloj Astronómico de Praga: el cielo

Domingo, abril 11th, 2010

A quien conozca el astrolabio no escapa la similitud que presenta el instrumento con el reloj astronómico del antiguo ayuntamiento de la Ciudad Vieja de Praga. En efecto, la rueda exterior, con la indicación de la hora local en cifras góticas, se asemeja al elemento denominado madre; el fondo representa el plato, con los círculos correspondientes a los trópicos y el ecuador; y, dentro de él, la araña con los signos zodiacales. De hecho, incluso podemos descubrir el dorso de esta herramienta de astrónomos y navegantes en el círculo que se halla justo bajo el principal del reloj, aunque este componente date de finales del siglo XIX.

Reloj Astronómico de Praga

Reloj Astronómico de Praga

En la entrada previa ya mencionamos el recorrido que efectúa el sol sobre la representación de la bóveda celeste indicando las horas. Pues bien, una rueda con los signos del zodiaco situada excéntricamente lo acompaña indicando la posición que el astro ocupa en los cielos. Para que ello sea posible es necesario que ambos (el sol y el círculo zodiacal) sigan un lento movimiento relativo de modo que al cabo de un año el uno haya efectuado una vuelta completa alrededor del otro. Queda así justificado el adjetivo astronómico que se le otorga al reloj. El círculo zodiacal no es otra cosa sino una proyección de la esfera celeste (para los astrónomos el zodiaco es la banda en la cual podemos observar el movimiento del sol, la luna y los planetas). Acompañan a los signos unas divisiones más pequeñas, seis por cada uno de ellos, que corresponden a fracciones de cinco grados del ecuador. Como es lógico, la pequeña estrella que representa en el reloj el punto vernal debe moverse de forma solidaria con el zodiaco, pues se sitúa en la transición de Piscis a Aries. Si se observa con cuidado, se puede notar que del centro de giro parten además otros tres brazos, a modo de cruz: el opuesto a la estrella es el denominado punto Libra y ambos marcan el solsticio del primavera y otoño respectivamente; los transversales indican los solsticios de verano e invierno. De modo que cuando el sol cruza, en sentido antihorario, cada una de estas líneas entra en una estación nueva.
La luna, por último, también tiene cabida en el conjunto. Se representa mediante una esfera plateada por uno de sus lados y negra por el otro (con objeto de que al girar indique su fase). Como sucede con el sol, su posición puede leerse tanto en la bóveda celeste si la observamos desde el círculo zodiacal como sobre el horizonte si lo hacemos desde el frontal del reloj.
En www.praguealacarte.com se puede disfrutar de una animación del conjunto. Pulsando el botón azul de la parte inferior podemos modificar los parámetros. El más interesante es step, que ajusta el paso del tiempo (divisiones del día en 366). Se anima a probarlo con los siguientes valores:

  • Uno. Vemos, acelerado, el movimiento del reloj a lo largo del día.
  • 365. Con el firmamento fijo, observamos cómo se desplaza por él el sol y la luna durante del año.
  • 366. Con la hora fija, vemos cómo varía el firmamento a lo largo del año.

Continúa en El Reloj Astronómico de Praga: el calendario

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Dio Cassius

Jueves, enero 14th, 2010

Dio Cassius Cocceianus, historiador y senador de la Antigua Roma, acometió a comienzos del siglo III la tarea de escribir una Historia de Roma compuesta por 83 libros, que hoy se conserva sólo parcialmente. En el número 37, ya relatando los últimos hechos de la República, se detiene a dar un par de curiosas explicaciones al orden de los días de la semana, que a continuación intento traducir:

La práctica de relacionar los días con las sietes estrellas denominadas planetas fue instituida por los egipcios, pero se ha extendido a todo el mundo, aunque su adopción ha sido comparativamente reciente; al menos los antiguos griegos la desconocían, hasta donde yo sé. Pero puesto que hoy es de uso generalizado incluso entre los romanos, me gustaría anotar algo sobre ello, indicando cómo y de qué forma han sido organizados. He oído dos explicaciones, cuya comprensión es sencilla, cierto, aunque involucran ciertas teorías. Si se aplica el llamado “principio del tetracorde” (que se considera constituye la base de la música) a estas estrellas, por el cual el universo entero se divide en intervalos regulares, en el orden en el que cada una gira, y se comienza por la órbita más externa, asignada a Saturno, se omiten los siguientes dos nombres de dioses hasta la cuarta, y después se saltan otros dos para alcanzar la séptima, y entonces se regresa y se repite el proceso con las órbitas y divinidades que las presiden del mismo modo, asignándolas a cada uno de los días, se descubre que todos éstos se arreglan de acuerdo a cierto tipo de conexión musical con la disposición celeste.
Ésta es una de las explicaciones dadas; la otra es como sigue. Si se comienza en el amanecer a contar las horas del día y de la noche, y se asigna la primera a Saturno, la segunda a Júpiter, la tercera a Marte, la cuarta al Sol, la quinta a Venus, la sexta a Mercurio y la séptima a la Luna, de acuerdo con el orden de los ciclos egipcios, y se repite el proceso, se descubre que la primera hora del siguiente día corresponde al Sol. Y si se continúa con la operación con las siguientes 24 horas del mismo modo, se le dedicará la primera hora del tercer día a la Luna; y si se procede similarmente con el resto, cada día recibirá su dios apropiado.

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