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El hebdomadario de Itálica

Martes, noviembre 16th, 2010

J. D. Caballero ha publicado recientemente una entrada en la que habla del mosaico en la Casa del Planetario en Itálica, cuya visita se me ha ido retrasando a mi pesar desde hace años. Se trata de una representación sita en una de las dependencias de dicha construcción, a la que da nombre, en la que se distinguen siete hexágonos con las divinidades asociadas a los planetas (recordar que la cultura clásica incluía como tales al Sol y la Luna). Puesto que dichas figuras se asociaban igualmente a los días de la semana, se puede decir que el mosaico es una suerte de pequeño parapegma, un calendario para seguir el ciclo hebdomadario. La organización de las figuras apunta a ello, ya que los dioses no adoptan una disposición jerárquica o astronómica, de acuerdo al sistema de Ptolomeo, sino que siguen el orden de los días de la semana. El último de ellos de acuerdo a los romanos, Venus, se ha llevado al centro. En la imagen inferior podemos observar, empezando abajo a la derecha y en sentido antihorario, el anciano Saturno y el brillante Sol, la Luna con su medio astro, Marte con un yelmo, el alado Mercurio y Júpiter coronado con laurel. En el centro, como se ha dicho, la hermosa Venus.

El hebdomadario de Itálica

El hebdomadario de Itálica. Fuente: Rafael dP (Flickr)

Aprovecho la ocasión para comentar que la semana romana contaba originalmente con ocho días sin significado religioso que, posiblemente por influjo de la astrología babilónica, pasaron a siete (septimana) y adquirieron esta asociación con los astros. (Algunos autores apuntan a la influencia del judaísmo; no obstante, ésta sería algo más tardía y más bien apuntaló a través del cristianismo dicho ciclo. Por otro lado, los judíos heredan también la semana de su diáspora en Babilonia). Respecto al orden de los días, o los planetas que se le asociaban, remito a las curiosas explicaciones de Dio Cassius.

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El calendario revolucionario soviético

Jueves, octubre 7th, 2010

En la antigua Unión Soviética, y bajo el gobierno de Stalin, hubo varios intentos de reestructurar el calendario de acuerdo a criterios más racionalistas. Bajo el punto de mira de esta reforma estaba la semana, demasiado larga, con excesivas connotaciones religiosas y no divisora de los 365 días del año. Así que se buscó sustituirla por -realmente compaginarla con- un periodo más breve, y de paso aprovechar el cambio para incrementar la productividad en los distintos sectores económicos. Como la nueva semana se agrupaba de facto en grupos de 30 días y en 1930 una comisión gubernamental propuso amoldar la duración el mes a dicha duración, idea que fue rechazada, se ha dado lugar a un error bastante frecuente en la literatura que trata el tema por el cual se dice que la reforma del calendario también afectó a la longitud mensual. Tal hecho es falso, sin embargo: durante los años en que se ensayaron las reformas no se dejó de emplear el calendario gregoriano, y son raros incluso los almanaques que distribuyen el año en semanas de menos de siete días, marcando la mayoría simplemente los festivos de otro color.
La idea no era nueva (Francia ensayó una semana de diez días, por ejemplo) y las repúblicas soviéticas ya habían sufrido tras la revolución el paso del sistema juliano al gregoriano. De modo que bastaron poco más de tres meses desde que Yuri Larin propusiera la idea para que, el 1 de octubre de 1929, se iniciase la semana laboral continua de cinco días. Se dividió a la población en cinco grupos, cada uno representado con un color distinto que tenía asociado un día diferente de descanso. De este modo no se detenía la producción y se pensó que se satisfaría más al trabajador por el hecho de que librase una jornada cada cinco en lugar de cada siete. Sin embargo, el efecto fue desastroso a nivel social, pues muchas familias no tenían un día común de descanso. En la industria se hicieron más frecuentes las averías de equipos debidas al mal uso por el personal rotatorio no familiarizado y la eliminación del mantenimiento durante los días de parada. El resultado es que no se logró el esperado aumento de la producción.
Eso llevo a una segunda modificación, consistente básicamente en establecer periodos de seis días: cinco laborables y uno de asueto, común a todos los trabajadores. La medida se concibió como una solución temporal en tanto se pudiesen solventar los problemas derivados de la primera reforma, a la que muchas fábricas no habían sabido adaptarse. Sin embargo, casi toda la industria se pasó masivamente a este sistema durante el verano de 1931. Hay que hacer una puntualización respecto a lo dicho sobre su estructura: los días 1 de cada mes se reiniciabla el ciclo laboral de seis días. Es decir, el 6, 12, 24 y 30 de cada mes eran festivos. Pero si el mes tenía 31, éste último se trabajaba, además de los cinco siguientes. Y a finales de febrero se llegaban a enlazar nueve o diez días consecutivos laborables. Así, en algunos ámbitos se optó por seguir variantes de esta reforma.
Finalmente, después de una década de ensayos que no sirvieron para incrementar la productividad, el 27 de junio de 1940 se retornó a la semana de siete días con descanso en domingo, acompasando dicho periodo con el resto de europa.

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El calendario fijo internacional

Domingo, junio 27th, 2010

Cuando hablamos del calendario positivista comentamos que la idea de Comte no tuvo ningún seguimiento inmediato pero que, sin embargo, había influido en propuestas alternativas. Una de ellas es el que se conocería como calendario fijo internacional, una idea que llegó a contar con el favor de la Liga de Naciones y a emplearse en empresas de la talla de Kodak hasta finales de los ochenta.
La idea de efectuar una reforma que simplifique los ciclos temporales de uso cotidiano ha surgido en varias ocasiones en el ámbito empresarial. Se inspira en los supuestos beneficios que aportarían una organización más sencilla de las fechas: desde la computación de plazos a la previsión de festividades. Como en la sociedad urbana moderna los motivos que han inspirado los diferentes ciclos que seguimos (cuyo origen mezcla motivaciones culturales, religiosas, astronómicas, ligadas al campo, etc.) han perdido buena parte de su significado, se ha creído allanado el campo para introducir estas reformas. El calendario fijo internacional fue una idea propuesta por el analista Moses B. Cotsworth, tras su trabajo en la North Eastern Railway Company. Por esta razón se le denomina también plan Cotsworth o plan Eastern, así como calendario fijo internacional, de los trece meses o de los meses iguales. Su planteamiento era el siguiente: establecer divisiones del año conservando el ciclo hebdomadario de modo que fuese sencillo saber a qué día de la semana correspondía una determinada fecha. Como en el calendario gregoriano un año está formado por 52 semanas más uno o dos días sólo es necesario sacar estos últimos fuera para restituir la cuenta. Dicho de otro modo, un día al año (otro más si es bisiesto), no pertenecerían a ningún mes, ni contarían en el avance de la semana. Con esto no se añadía nada nuevo a la propuesta ya apuntada en casi un siglo atrás por Marco Mastrofini. También tomaba de Comte la idea de establecer trece meses de exactamente 28 días cada uno; es decir, de cuatro semanas cabales. La principal diferencia del de Cotsworth, pequeños matices aparte, fue el desbrozarlo de misticismos positivistas y darle un sentido práctico, intención de aplicarlo al ámbito laboral y la fundación de una Liga para su patrocinio en 1923 que fue tomada en serio en el ámbito internacional durante siete años.
Si se hubiese impuesto este calendario, seguiríamos iniciando los años, como ahora, el 1 de enero. Pero este día sería siempre domingo. El mes terminaría el 28, sábado, día al que le seguiría inmediatamente el 1 de febrero, domingo otra vez. Cuatro semanas después estaríamos en 1 de marzo, domingo. La simplicidad de la reforma es evidente, y no la veríamos rota hasta el día posterior al 28 de junio. Dicho día no pertenece a ningún mes ni a ninguna semana, y serían dos extras como se ha comentado los años bisiestos. Después, le seguiría el mes adicional que añadiríamos, al que se llamaría sol, para continuar con julio.
La Liga que Cotsworth dirigió se ganó la atención de la Liga de Naciones durante los años veinte pero, finalmente, la falta de consenso, unida a las presiones desde los estamentos religiosos, hicieron que se abandonasen las actividades en pro de la reforma del calendario.

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