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Segundos intercalares

Martes, abril 7th, 2009

Clásicamente la definición del segundo ha sido la sesentava parte de un minuto. Sin embargo, es sabido que la rotación de la Tierra no tiene una duración uniforme, sino que ésta se va ralentizando, principalmente a causa del efecto que la Luna produce a través de las mareas. Por ello sus fracciones no poseen una duración constante. Conforme se fue requiriendo más precisión en las medidas hubo que desechar una definición tan simple. Así, si hasta 1967 se establecía el segundo como una parte entre 86400 del día solar medio entre 1750 y 1890, a partir de entonces se decidió determinarlo de modo que resultase independiente de las oscilaciones del movimiento del planeta. Puede parecer algo abstruso, pero hoy el segundo es la duración de 9192631770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio. Y la Decimotercera Conferencia General de Pesos y Medidas continuaba especificando que a nivel del mar, para despreciar efectos relativistas debidos a la gravedad. Con esta definición se eliminan las incertidumbres que pudieran surgir al trabajar con sistemas que requieran gran precisión, como por ejemplo los actuales Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), pero surge el inconveniente de que, desechada la idea primera, ahora no todos los minutos habrán de poseer 60 segundos.
Puesto que la medida del tiempo atómico es más precisa que la del astronómico, se hace necesario circunstancialmente efectuar leves reajustes, lo cual se consigue añadiendo o eliminado (hasta ahora sólo ha sido preciso lo primero) lo que se denomina segundos intercalares. Se trata de un segundo adicional que se introduce (o roba) al terminar los días 30 de junio o 31 de diciembre. Así, en la Nochevieja de 2008 los relojes que miden de acuerdo al Tiempo Universal Coordinado (UTC) marcaron, después de las 23:59:59, las 23:59:60. En España, que sigue el huso UTC+1, este segundo adicional se introdujo una hora más tarde. Tales rectificaciones se vienen realizando de la forma explicada desde 1972, si bien desde unos años antes se efectuaban ajustes similares. La decisión de introducir un segundo intercalar la toma el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia.

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Vendimiaire

Miércoles, septiembre 28th, 2005

Cuando se propuso al poeta Fabre d’Eglantine la elección de los nuevos nombres para los meses decidió lo siguiente: los de otoño habrían de terminar en -aire, que en francés es un sonido grave; los de invierno acabarían en -ôse, pesado y largo; primavera emplearía -al, breve y alegre; y verano, -dor, sonoro y extenso. Hablo de una de las reformas que instauró la Revolución Francesa, la del calendario, con el interés doble de abolir un referente a dioses y costumbres del Antiguo Régimen y de establecer por otro lado un sistema racional para contabilizar el tiempo. Algo así como previamente se había realizado al implantar el primer sistema decimal de medidas, que introdujo el metro entendido como la diez millonésima parte de la distancia entre el polo y el ecuador.
La comisión del diputado Gilbert Romme, profesor de matemáticas, se decantó finalmente por un año dividido en doce meses de 30 días más cinco días adicionales (seis los bisiestos). Tales meses estaban compuestos por tres décadas, el equivalente a nuestras semanas, salvo que duraban diez días. De ellos sólo uno era festivo, y carecían de nombre, por lo que había que distinguirlos numerándolos: primidi, duodi, tridi, quartidi… También eran festivos los añadidos, y se les denominaba Fête de la Vertu, du gene, du Travail, de l’Opinion, de la Recompense y de la Révolution, vulgarmente días sans-culotides. Respecto a los meses, la elección de sus nombres debía hallar inspiración, conscientes del inicio de una nueva era para la humanidad, en un criterio escéptico y universal. Se recurrió al clima y los cultivos de Francia. Y así fueron denominados vendimiaire, brumaire, frimaire, nivôse, pluviôse, ventiôse, germinal, florial, prairial, messidor, thermidor y fructidor. Y su inicio debía coincidir con el día de la proclamación de la República, el 22 de septiembre de 1792. No obstante, ésta había acontecido hacía más de un año, por lo que hubo que esperar al 14 de vendimiario del año II (6 de octubre del 1793) para implantarlo. Hacer notar que a pesar de la pretensión de racionalidad ignoraron el número cero nuevamente para contabilizar los años. En cualquier caso, el nuevo calendario no sobrevivió a Napoleón, que lo abolió el 1 de enero de 1806.
El extremo al que se quiso llegar con las reformas puede ejemplificarse con la existencia en la antedicha comisión de un grupo numeroso de partidarios de extender el sistema métrico a las subdivisiones del día y establecer así un total de diez horas, cada una con 100 minutos, y éstos con 100 segundos. La idea se aprobó sin exigirle rigor, y apenas fue usada en la práctica.

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Los días que nunca existieron 2

Domingo, septiembre 11th, 2005

Viene de Los días que nunca existieron 1

Hay que recordar que, aunque previamente todos los estados coincidiesen en el día y mes de la fecha, no había unanimidad respecto a la cifra del año; a partir de 1582 Europa pasó además a utilizar dos calendarios. Esto, como decía, ocasiona hechos insólitos, como que Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare muriesen ambos el 23 de abril de 1616, pero que el segundo lo hiciese 10 días después que el autor del Quijote (el 3 de mayo del calendario europeo actual).
El caso de Suecia es muy peculiar: se decidió hacer el cambio gradualmente, suprimiendo los años bisiestos entre el 1700 y el 1740. Esto originó cierta confusión, pues les hacía regirse por un tercer sistema distinto al de cualquier otro país, a lo que se unió una pésima administración, que olvidó la idea y consideró bisiestos el 1704 y el 1708. En 1712 Carlos XII quiso corregir este caos, pero lo hizo incomprensiblemente dando marcha atrás, para lo que tuvo que agregar un día más al año ya bisiesto (el 30 de febrero). Finalmente en 1753 eliminaron los 11 días que les separaban del calendario gregoriano.
En Alaska el cambio se hizo al volverse entidad federal de los Estados Unidos el viernes 6 de octubre de 1867, y vino además acompañado de un desplazamiento de la Línea de Cambio de Fecha del este al oeste de la región. Esto provocó que el día que seguía al mencionado fuera de nuevo viernes.
En Rusia la adopción del calendario gregoriano se llevó a cabo en 1918, cuando llevaba un retraso de 13 días. Por dicha razón la Revolución de Octubre aconteció de hecho para el resto de los europeos en el mes de noviembre.
Sobra decir que en los retrasos en la adhesión al calendario gregoriano por parte de cada país pesaron motivos religiosos y políticos. El último país de Europa del Este en llevar a cabo el cambio fue Grecia, que esperó a 1923, pero la adopción fue civil y no religiosa. Unas pocas iglesias ortodoxas (Rusia, Serbia, Jerusalén…) persisten en el calendario juliano, lo que les lleva a celebrar la Navidad durante nuestro 7 de enero. El resto optó por una rebuscada solución para hacer coincidir las fechas con el calendario civil sin aceptar un sistema que partía de Roma: a propuesta de Milutin Milankovic se inventó el calendario juliano revisado, que en lugar de tratar como bisiestos los años de inicio de siglo divisibles por 400, hace lo mismo con los que dejan un resto de 200 o 600 al dividirse por 900. El efecto es que coincidirán con el calendario gregoriano hasta el año 2800.

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