Archivo etiquetado como ‘segundo intercalar’

Minuto

Domingo, septiembre 5th, 2010

Esta unidad de tiempo surge como subdivisión de la hora en 60 partes, por influencia babilónica debido a su sistema numérico sexagesimal. Su nombre deriva de la palabra latina minutus, es decir, pequeño o menudo. A partir de esta división primera se efectuaba otra a la que se denominó minuta secunda y que ha dado lugar al segundo. Como se indicó en esta última entrada, recordar que aunque reciben la misma designación, no deben identificarse minutos de tiempo con minutos de arco, y tal confusión es especialmente factible en astronomía. Así, la Tierra gira aproximadamente quince minutos de arco durante un minuto de tiempo, resultado de dividir los 360º que completan el círculo entre las 24 horas que contiene la jornada. Para complicar algo más las cosas, en textos astronómicos antiguos se habla con frecuencia de un minuto como la sesentava parte del día.
Señalar por último que no siempre los minutos tienen 60 segundos. Modernamente se han introducido los segundos intercalares por los cuales el último minuto del año puede estar compuesto de 59 o 61.

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Tiempo Unix

Martes, mayo 25th, 2010

A principios de la década de 1970 se desarrolló el sistema operativo UNIX, predecesor del hoy conocido Linux. Desde un primer momento se hizo necesario dotarlo de una representación del tiempo, para lo cual se optó por un método de enorme sencillez: se usaría una doble palabra para almacenar sesentavos de segundo transcurridos desde el 1 de enero de 1971. Así se recoge en las especificaciones elaboradas ese mismo año, junto al defecto que de inmediato trae asociado, ya que el sistema inicial no podría tener una validez superior a dos años y medio; esto es, no podría servir más allá de mediados de 1973. Tal falta de previsión se comprende si se tiene en cuenta que el desarrollo de UNIX fue llevado a cabo de modo experimental por dos ingenieros de AT&T como alternativa capaz de ejecutarse en un barato PDP-7 al excesivamente ambicioso para la época MULTICS. En sucesivas revisiones se adelantó su inicio a la media noche del 1 de enero de 1970, y se cambió la cuenta por segundos, lo que da un margen de 130 años, la mitad si se considera que dicho valor tiene signo. Esto retrasaría el problema de rebasamiento al menos hasta el 19 de enero de 2038, aunque ya algunos sistemas están utilizando 64 bits para su representación, lo que permitiría abarcar casi 600 miles de millones de años. Debería ser suficiente para cualquier aplicación informática.
La sencillez de la definición del tiempo Unix no esconde varios problemas asociados a su uso. El más evidente, la falta de referencia inicial a un huso horario, se resolvió acomodándose al Tiempo Universal Coordinado o UTC. Pero a efectos de establecer la relación se ha decidido ignorar, por viabilidad de las librerías, los segundos intercalares. Esto fuerza discontinuidades y retrocesos en la cuenta de tiempo. En cualquier caso, la ventaja principal del tiempo Unix, también llamado tiempo Posix (nombre asignado a los estándares asociados) sigue radicando en su simplicidad, lo que hace que muchos otros sistemas lo hayan adoptado para su uso.

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Hora

Martes, enero 5th, 2010

Estamos tan acostumbrados hoy en día a manejar las horas (en nuestras citas, programaciones, comidas, itinerarios, trabajo…) que cuesta creer que ha sido una de las divisiones temporales más complejas de acuñar. Tanto más habida cuenta de la sencillez de su definición: se trata de la veinticuatroava parte de un día. Pero habría que aclarar muchos matices.
Los primeros relojes que conocemos, bien de sol, bien de agua, proceden del Antiguo Egipto, y en ellos ya podemos observar la división de una jornada en 24 horas. No obstante, estas divisiones son variables, puesto que fraccionaban el periodo diurno, fuese cual fuese la época del año, en doce partes. Ni siquiera éstas eran de igual duración, sino más o menos aproximada, dividiendo el recorrido del sol en ocho o diez partes y distribuyendo las restantes en el amanecer y el atardecer. Las horas nocturnas se organizaron a imitación de éstas. Para determinarlas se ayudaban de clepsidras o de la observación de las estrellas. Sabemos que los sumerios compartían esta misma división del día, que terminaron por heredar las civilizaciones griega y romana. Sólo estos últimos establecen una duración homogénea para las horas tanto a lo largo de la jornada como del año, que se ha mantenido en Europa hasta la actualidad. Y podemos decir que comparte todo el mundo, si bien en algunos lugares se puede compaginar con otros usos, como sucede en el ámbito religioso musulmán. Durante la Revolución Francesa, a título anecdótico, se propuso sin éxito fraccionar el día en diez horas. Modernamente, con la mejora de la precisión de los relojes, la redefinición de la unidad base de tiempo ha afectado a la hora, que hoy se fija como un periodo de 3600 segundos, salvo aquellos casos en que la necesidad de reajustes fuerza a disminuir o aumentar esta cantidad.
Tema aparte es cómo contarlas. Hasta hace poco más de un siglo la vida cotidiana se ha regido por la hora solar local; es decir, se contaba desde la medianoche del núcleo de población más próximo. Pero históricamente se han elegido otros momentos del día: el amanecer, el mediodía, el momento del atardecer en que se podían observar tres estrellas, o cuando no se puede distinguir un hilo blanco de otro negro, por ejemplo. Incluso hoy seguimos distintas horas según nuestro huso, o contamos doblemente alguna (o nos la saltamos) allá donde efectuamos el cambio del horario de verano. Para denominarlas se usan dos métodos: referirse a ellas usando los números del 0 a 23, o bien contarlas desde las 1 a las 12 indicando si nos referimos a aquélla existente antes del mediodía (ante merídiem o a.m.) o después (post merídiem o p.m.). Hacer notar que el cambio de a.m. a p.m. y viceversa se produce al pasar de las 11 a las 12. Esta forma de contarlas ni siquiera ha estado ligada tradicionalmente al inicio del día. Así, vemos que en la Antigua Roma, por ejemplo, éste acababa con la puesta de sol en un primer momento, y con la medianoche posteriormente, pero las horas se contaban desde el amanecer. Costumbre que no se empezó a abandonar hasta la Baja Edad Media (recordemos que las horas canónicas menores eran la prima, tercia, sexta y nona).

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