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El Calendario de Coligny

Domingo, mayo 9th, 2010

A finales del siglo XIX un agrigultor encontraba en la pequeña población francesa de Coligny los fragmentos de una placa de bronce con el texto más extenso conocido en lengua celta antigua. Data de finales del siglo II a. C. y sus dimensiones debían ser de un metro por metro y medio. Su estado de conservación es pobre, pero suficiente para atestiguar con claridad su función: consistía en un calendario por una duración de cinco años.

Calendario de Coligny

Calendario de Coligny

Vaya por delante la aclaración de que no se puede hablar de un único calendario celta, sino de un conjunto de ellos relativamente heterogéneo, dentro del cual el de Coligny destaca por su sofisticación, puesto que intenta unificar los ciclos lunares y solares, lo cual sólo logra parcialmente (para ello se requerirían 19 o 76 años). En cualquier caso, es la mejor fuente que poseemos de sus festividades. Los meses según esta placa se corresponden claramente con el ciclo lunar. No está claro si se inician con la luna nueva o la llena, pero sí parece que los dividían en dos mitades de catorce o quince días denominadas de luz y de oscuridad. Estas quincenas eran llamadas atenoux, palabra que aparece escrita con el mismo tamaño que los nombres de los meses. Cuando la duración de ambas partes alcanzaba los 30 días, se consideraba el mes afortunado (matos), y desafortunado (anmatos) si sólo llegaba a 29. Los textos, escritos con caracteres latinos, nos revelan que sus nombres eran los siguientes: samonios, dumannios, rivros, anagantios, ogronios, cutios, giamonios, simivisonnios, equos, elembivios, edrinios, y cantlos. En total hacen 354 o 355 días, lo que obliga a introducir un mes intercalar más para ajustar el ciclo solar. En la tabla de bronce existen dos de estos meses intercalares: el primero encabeza el conjunto y su nombre no se acierta a leer, y el segundo, antes de giamonios (lo que quiere decir que no ocupaba una posición fija) se denomina ciallos bis sonnocingos. Una cuestión hoy discutida es su disposición; esto es, la fecha aproximada de comienzo del año. Por un lado el nombre del primer mes parece corresponder con el término galo para designar el verano (samon); sin embargo, se asume como más coherente el otoño, habida cuenta de que también podría emparentarse con sanhaim .
Hay que hacer notar que el Calendario de Coligny se elaboró en una época en que la zona estaba ya ocupada por los romanos. La influencia es clara, no sólo en los caracteres latinos con los que está escrito, sino por el uso de numeración romana y la distribución como parapegma (dispone de unos agujeros para marcar el día actual). Sus restos se hallaron en un templo a Apolo. Se ha sugerido que constituyese un intento de preservar los restos de la cultura celta ante la dominación romana, aunque más bien parece una ejemplo de coexistencia e intercambio de ambas. Se conserva hoy día en el Musée d’Archéologie du Jura en Lons-le-Saunier.

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Sanhaim

Domingo, octubre 30th, 2005

Las visitas al cementerio y las representaciones de Zorrilla en estas fechas están desde hace tiempo siendo sustituidas lentamente por disfraces de bruja importados de las noches de Halloween de la cultura anglosajona. En España aún no se ven niños de casa en casa amenazando un «trick or treat» (broma o regalo), pero en Viena, Monterrey o Caracas se lucha por trocar calabazas por crucifijos. Habría que decir que por segunda vez.
Halloween, despojada del aspecto comercial, es una mezcla de tradiciones bastante dispares: el término deriva de All Hallow’s Even (Vigilia de todos los santos), pero la fiesta se remonta a celebraciones druidas en las cuales se invocaba a la deidad Sanhaim. Esta noche marcaba el final de las cosechas y del año en la cultura celta. Se pensaba que en ella el dios de la muerte permitía retornar a los difuntos, y se aprovechaba la ocasión para intentar comunicarse con ellos. También quedaban liberados espíritus malignos, y a modo de protección se realizaban hogueras, sacrificios, o se intentaba asustarlos decorando las viviendas con motivos siniestros.
Las fiestas romanas más cercanas eran las que se hacían en honor a Pomona y la Feralia. La primera, por coincidencia en el calendario, y se ofrecía a la diosa de los árboles frutales. En la segunda, que acaecía el 21 de febrero, se dedicaban oraciones y sacrificios a los difuntos. La invasión de las Islas Británicas en el 46 a.C. llevó a la postre a la desaparición de druidismo, pero no así de la festividad del Sanhaim, que se asimiló sin dificultad.
Casi en el siglo IV el interés por restablecer la autoridad del emperador, y su carácter divino, llevó a Diocleciano recrudecer las persecuciones de cristianos, y puso a éstos en la necesidad de rememorar a todas los víctimas en una festividad común. El festejo se extendió a toda la cristiandad dos siglos más tarde, cuando Bonifacio IV consagró el Panteón de Agripa al culto de la “Virgen y los mártires”. Gregorio III intentó siglo y medio más tarde suplantar con esta festividad, quizás la más próxima en su significado, los ritos celtas todavía existentes. Para ello cambió la fecha de su celebración del 13 de mayo al 1 de noviembre. La Iglesia Ortodoxa celebra el Día de Todos los Santos el primer domingo después de Pentecostés.
Halloween fue exportado a los Estados Unidos en fechas relativamente tardías, a mediados del siglo XIX, por emigrantes irlandeses. Allí descubrieron las calabazas e hicieron famoso a Jack-O’-Lantern, pero con esto lindamos ya el aspecto comercial de la fiesta.

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