Archivo etiquetado como ‘Roma’

Plinio el Viejo

Martes, octubre 13th, 2009

Plinio el Viejo habla al final del séptimo libro de su Historia Natural de los primeros relojes instalados en Roma. No he conseguido encontrar el texto en castellano, de modo que lo que sigue es una torpe traducción mía por cuyos posibles errores pido de antemano perdón:

En las Doce Tablas de la ley romanas sólo hay referencias al amanecer o al atardecer:  unos años más tarde se añadió el mediodía, y se anunciaba por el encargado de los cónsules cuando desde el senado se veía el sol entre el púlpito de Rostra y el de Grecostasis. Cuando el sol caía desde la columna de Mœnia hasta la prisión, daba aviso del último cuarto del día. Pero estas observaciones sólo eran útiles los días claros, y no hubo otra forma de conocer el transcurso del día hasta la Primera Guerra Púnica.

De acuerdo a Fabius Vestalis, L. Papyrius Cursor instaló el primer reloj de sol, doce años antes de la guerra con Pyrrhus, sobre el templo de Quirinus, dedicándoselo, como su padre prometiera.  Sin embargo el autor no indica ni el motivo de su construcción, ni el hacedor, ni quién lo trajo, ni en qué referencia se basa. M. Varro informa de que el primer reloj de sol fue instalado en el mercado, sobre un pilar cercano al de Rostra, en la época de la Primera Guerra Púnica, por el cónsul M. Valerius Messala, después de la captura de Catana en Sicilia; habían pasado 30 años desde  el primer reloj mencionado, es decir, era el año 477 después de la fundación de la ciudad. Y aunque sus marcas y líneas no coincidían con las horas, la gente lo siguió durante 99 años, hasta que Q. Martius Philippus (censor junto con L. Paulus) situó a su lado uno más precisamnete construido. Se considera el presente más singular durante su mandato, por encima de otras acciones. Incluso entonces, y durante otros cinco años, los hombres permanecían en la incertidumbre los días nublados. Por fin, siendo censor Scipio Nasica junto con Lænas, concibió éste la idea de dividir las horas tanto nocturnas como diurnas de forma homogénea mediante agua que caía de un recipiente a otro. Y de esta forma consagró la clepsidra bajo cubierto 595 años después de la fundación de Roma. Durante todo este tiempo, sus ciudadanos no habían podido describir con certeza el transcurso del día.

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El calendario de Rómulo

Martes, agosto 11th, 2009

Se denomina caledario de Rómulo al primero de los calendarios romanos conocidos. Según la tradición, fue instaurado por el propio y legendario fundador del Roma, y se usó hasta la implantación del juliano en el año 46 a.C. Según algunos autores (existen bastantes diferencias desde la antigüedad hasta hoy en día al respecto), su ciclo se iniciaba con el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, y comprendía diez meses que, aunque de origen lunar, habían derivado en periodos de alternativamente 31 y 30 días, salvo decembris, también de 30. Esto arroja un total de 304 días, y deja 61 libres, no pertenecientes a ningún mes. El calendario de Rómulo, a pesar de estas particularidades, constituirá como ya se intuye la base del calendario juliano y, con ello, del gregoriano nuestro. Los meses poseían ya los nombres conocidos (martius, aprilis, maius, iunius, quintilis…), a los que se añadirían enero y febrero con la reforma de Numa Pompilio, el segundo rey de la ciudad, que alteró también la duración de los meses. Sucesivas modificaciones, sin embargo, como se comentará en otro momento, lejos de simplificar introdujeron más confusión a la datación de la fecha.
El contaje del día del mes se efectuaba por la retorcida referencia a los días restantes hasta las las calendas, las nonas y los idus. La razón de esta cuenta retrógrada es un vestigio del calendario lunar, por el cual se esperaban los días que faltaban para la luna llena o creciente.  El sistema tampoco estaba universalmente extendido en sus inicios y coexistía con calendarios previos, usualmente con periodos dedicados a divinidades locales. Así Censorinus nos habla del calendario que seguían los de Alba Longa, con meses de 36, 28, 22 o 16 días; Tusculum, con un octubre de 32; o Aricia, que le asignaba 39 al mismo.
Hay que indicar, para terminar, que algún autor clásico (Licinius Macer, por ejemplo) no menciona diez sino ya doce meses para el calendario previo a Numa, contradicciones que no deben asombrar tratándose de referencias que pretenden remontarse tanto en su tiempo.

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