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Minuto

Domingo, septiembre 5th, 2010

Esta unidad de tiempo surge como subdivisión de la hora en 60 partes, por influencia babilónica debido a su sistema numérico sexagesimal. Su nombre deriva de la palabra latina minutus, es decir, pequeño o menudo. A partir de esta división primera se efectuaba otra a la que se denominó minuta secunda y que ha dado lugar al segundo. Como se indicó en esta última entrada, recordar que aunque reciben la misma designación, no deben identificarse minutos de tiempo con minutos de arco, y tal confusión es especialmente factible en astronomía. Así, la Tierra gira aproximadamente quince minutos de arco durante un minuto de tiempo, resultado de dividir los 360º que completan el círculo entre las 24 horas que contiene la jornada. Para complicar algo más las cosas, en textos astronómicos antiguos se habla con frecuencia de un minuto como la sesentava parte del día.
Señalar por último que no siempre los minutos tienen 60 segundos. Modernamente se han introducido los segundos intercalares por los cuales el último minuto del año puede estar compuesto de 59 o 61.

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Segundo

Jueves, octubre 8th, 2009

El avance de la tecnología moderna ha convertido el tiempo de una de las magnitudes con medidas más imprecisas en una de las mejor definidas. Si previamente a la invención del reloj de péndulo era de difícil determinación sin la asistencia de la astronomía, hoy es el metro el que basa su definición en nuestra unidad temporal. Así, en 1983 se reestableció nuestra unidad patrón de la longitud como la distancia que la luz recorre en el vacío en 299792458 segundos. Es un hito simbólico en un proceso de poco más de tres siglos que ha culminado con el desarrollo de los relojes atómicos. Debido a la precisión de éstos, hoy podemos medir con tal exactitud la duración del día, de la rotación de la Tierra, que es necesario en ocasiones introducir minutos de 59 o 61 segundos de duración para corregir las desviaciones en el Tiempo Universal Coordinado. Son hechos irónicos, si tenemos en cuenta que la unidad temporal nació justamente como una cierta subdivisión del ciclo diurno.
Históricamente el segundo es la sesentava parte de un minuto. Este tipo de fraccionamiento lo debemos a los babilónicos, y está relacionado con las divisiones angulares. Como inciso, señalar que el uso de terminos semejantes no debe hacernos pensar que la Tierra rota un minuto de arco en un minuto de tiempo, ya que hoy dividimos el periodo diurno en 24 horas, mientras que la circunferencia completa comprende 360 grados. El empleo de particiones temporales tan breves como los segundos debió estar restringido al ámbito astronómico hasta el desarrollo de los relojes mecánicos.
Actualmente, nuestras necesidades crecientes de precisión nos han hecho redefinir el segundo empleando como referencia la radiación emitida por el cesio 133 en una transición entre los dos niveles hiperfinos de su estado fundamental, y decimos que es la duración de 9192631770 oscilaciones de esta luz.

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Vendimiaire

Miércoles, septiembre 28th, 2005

Cuando se propuso al poeta Fabre d’Eglantine la elección de los nuevos nombres para los meses decidió lo siguiente: los de otoño habrían de terminar en -aire, que en francés es un sonido grave; los de invierno acabarían en -ôse, pesado y largo; primavera emplearía -al, breve y alegre; y verano, -dor, sonoro y extenso. Hablo de una de las reformas que instauró la Revolución Francesa, la del calendario, con el interés doble de abolir un referente a dioses y costumbres del Antiguo Régimen y de establecer por otro lado un sistema racional para contabilizar el tiempo. Algo así como previamente se había realizado al implantar el primer sistema decimal de medidas, que introdujo el metro entendido como la diez millonésima parte de la distancia entre el polo y el ecuador.
La comisión del diputado Gilbert Romme, profesor de matemáticas, se decantó finalmente por un año dividido en doce meses de 30 días más cinco días adicionales (seis los bisiestos). Tales meses estaban compuestos por tres décadas, el equivalente a nuestras semanas, salvo que duraban diez días. De ellos sólo uno era festivo, y carecían de nombre, por lo que había que distinguirlos numerándolos: primidi, duodi, tridi, quartidi… También eran festivos los añadidos, y se les denominaba Fête de la Vertu, du gene, du Travail, de l’Opinion, de la Recompense y de la Révolution, vulgarmente días sans-culotides. Respecto a los meses, la elección de sus nombres debía hallar inspiración, conscientes del inicio de una nueva era para la humanidad, en un criterio escéptico y universal. Se recurrió al clima y los cultivos de Francia. Y así fueron denominados vendimiaire, brumaire, frimaire, nivôse, pluviôse, ventiôse, germinal, florial, prairial, messidor, thermidor y fructidor. Y su inicio debía coincidir con el día de la proclamación de la República, el 22 de septiembre de 1792. No obstante, ésta había acontecido hacía más de un año, por lo que hubo que esperar al 14 de vendimiario del año II (6 de octubre del 1793) para implantarlo. Hacer notar que a pesar de la pretensión de racionalidad ignoraron el número cero nuevamente para contabilizar los años. En cualquier caso, el nuevo calendario no sobrevivió a Napoleón, que lo abolió el 1 de enero de 1806.
El extremo al que se quiso llegar con las reformas puede ejemplificarse con la existencia en la antedicha comisión de un grupo numeroso de partidarios de extender el sistema métrico a las subdivisiones del día y establecer así un total de diez horas, cada una con 100 minutos, y éstos con 100 segundos. La idea se aprobó sin exigirle rigor, y apenas fue usada en la práctica.

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