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La clepsidra del Ágora de Atenas

Domingo, agosto 2nd, 2009
Clepsidra en el Ágora de Atenas

Clepsidra en el Ágora de Atenas

Atenas disfrutó en su historia antigua de dos relojes de agua. El primero de ellos estaba situado en el Ágora clásica, la zona de la ciudad donde tenían lugar las actividades políticas, sociales y, hasta la época romana, las comerciales. Sus ruinas pueden visitarse en la actualidad: se hallan en la esquina suroeste, junto al camino que conducía a la colina de Pnyx. Se construyó a finales del siglo IV antes de Cristo, y su mecanismo era en sus inicios muy simple: con el agua que llegaba de un canal se llenaba un tanque que poseía un drenaje inferior de bronce. Cuando estaba lleno se calcula que tardaba en vaciarse unas 17 horas. Posiblemente al amanecer se forzase el vaciado para reiniciar la temporización. La clepsidra debía disponer además de algún mecanismo de flotación que indicaba en un marcador superior el paso de las horas.
Este sistema tenía el incoveniente de que las divisiones no podían ser regulares, ya que la mayor presión del agua cuando el depósito estaba lleno hacía que éste se vaciase con más rapidez. Este problema se resolvió en el tercer siglo antes de Cristo al añadirle dos tanques suplementarios a diferentes alturas. La idea consiste en medir el tiempo no ya por el vaciado del depósito mayor, sino por el llenado de uno de los accesorios a partir del agua de éste. El primer tanque mantiene según el nuevo sistema un nivel constante mediante un aporte continuo de agua y un desagüe adicional situado en su parte superior y de esta forma la presión de salida de su agua es siempre la misma. Al completarse el llenado del depósito que servía para indicar la hora, se vaciaba éste y se reiniciaba el ciclo.
Este reloj permaneció en funcionamiento hasta la construcción de una clepsidra mayor en el Ágora Romana, llamada la Torre de los Vientos.

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El mecanismo de Anticitera

Jueves, septiembre 4th, 2008

En el año 1900, entre los restos de un naufragio junto a la isla de Anticitera, se descubrió el más complejo mecanismo que conservamos de la antigüedad. Se considera que fue construido en torno a la segunda mitad del siglo segundo antes de Cristo, y actualmente se guarda en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Se trata de un mecanismo del que se conservan 30 engranajes, pero algunos especialistas suponen que debió de contener más del doble, que permitía realizar varios cálculos astronómicos, entre ellos la posición del Sol, de la Luna, su fase, quizás la situación de planetas, aparición de estrellas sobre el horizonte y las fechas de los juegos olímpicos.

Mecanismo de Anticitera

Mecanismo de Anticitera

El mecanismo de Anticitera estaba construido en bronce y guardado en una caja de madera de aproximadamente 30x20x10 cm (sería posiblemente un dispositivo portátil) cuyas puertas frontal y trasera podían abrirse y contenían inscripciones a modo de manual de uso. En su parte delantera poseía dos diales concéntricos: el interno para representar el zodiaco con sus 360 divisiones y el externo un calendario solar con 365 días que incluía los nombres de los meses egipcios y los días epagómenos. La corrección del día extra cada cuatro años se efectuaba desplazando las ruedas una respecto de otra y bloqueándolas de nuevo, para lo que disponían de unos agujeros. También en esta parte frontal se indicaban las posiciones del Sol y la Luna sobre el cielo por medio de dos punteros. La palabra Venus entre las inscripciones apunta a que podría mostrar posiciones de planetas, aunque de esta parte sólo ha sobrevivido un engranaje. En la trasera el mecanismo disponía de dos espirales, cada una de ellas con un dial principal que la recorría y otro subsidiario. El indicador superior se usaba para determinar el ciclo metónico, y la rueda subsidiaria para el calípico, cuatro veces mayor; el inferior representaba el ciclo de Saros, que predice los eclipses, junto con el de Exeligmos, el triple de largo.
Los engranajes que determinaban el movimiento de la Luna hacían que ésta cambiase de velocidad, aproximando en buena medida su trayectoria real. Este comportamiento simulaba la entonces reciente teoría de Hiparcos. El experto Michael Wright opina que las fases del satélite se mostraban gracias a un mecanismo diferencial, elemento que no volvemos a ver en Europa hasta la Edad Moderna. Respecto a la posición de planetas, no hay pruebas concluyentes de que pudiese calcularse, pero se han creado reconstrucciones que los incorporaban con sistemas de engranajes similares y según los cálculos de Apolonio de Perga.
La función del mecanismo de Anticitera sigue siendo discutida. Su complejidad sobrepasa las necesidades de la navegación y hay que apuntar a usos relacionados con cálculos de calendario, como determinación de festividades, fechas de Juegos Olímpicos (que se celebraban durante la luna llena previa al solsticio de verano cada cuatro años), eclipses, previsiones astrológicas, etc.

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