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Los días que nunca existieron 1

Domingo, septiembre 11th, 2005

Envía marthiano un comentario con el texto íntegro de un interesante artículo que la profesora de la Universidad de Salamanca Ana M. Carabias Torres publicó en Tiempos Modernos (número 1, año 2001) con motivo del cambio de milenio. Está repleto de información sobre las evoluciones que ha sufrido nuestro calendario hasta el momento actual, y no lo puedo reproducir por su extensión. Pero me he sentido tentado a añadir algunas notas pintorescas a uno de los hechos que describe: las distintas adopciones por parte de cada país de la adaptación que Gregorio XIII hizo al calendario juliano. Para entender a qué se refiere, hacer notar que el sistema propuesto por César introducía los días bisiestos para aproximar la verdadera duración del año, que es de 365 días y casi un cuarto. Concretamente 365’2422454 (365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,5 segundos), pero tal precisión no podía lograrse en aquella época ni sólo con esta mejora, y en el siglo XVI los solsticios arrastraban ya diez días de adelanto. Ana M. Carabias nos sigue contando así:

El retraso astronómico en la celebración de la fecha de la Pascua, era un problema considerado como “intolerabilis” (R. Bacón) y en el que la Iglesia y los intelectuales cristianos empeñaron toda su dedicación en orden a que dicha celebración pudiera llevarse a cabo en la fecha fijada por el Concilio de Nicea. Tras larguísimas y dificultosas investigaciones y negociaciones, se llegó a la Reforma Gregoriana del calendario: En 1582 apareció el sistema que aún hoy rige nuestro tiempo, a través de una bula del papa Gregorio XIII.
Su primera resolución fue, como la de Julio César, drástica: el día 4 de Octubre pasaba a ser, a todos los efectos, el 15 de Octubre de ese año. Los 10 días intermedios no han existido para Roma y su eliminación hizo de ese año 1582 el más corto. Se fijó en 365,2425 días el año, resultando una desviación mínima de exactitud. Y para prevenir futuros desfases, se redefinieron los bisiestos: son los años divisibles por 4, excepto los centenarios, que sólo lo serán si pueden dividirse por 400 (por eso el 2000 tiene 366 días mientras que el 1900 tuvo 365).
La bula papal de reforma del calendario sólo fue adoptada inmediatamente en España, Italia y Portugal. Francia la acató el 9 de Diciembre de ese 1582 (que pasó a ser el 20 de Diciembre), los estados católicos de Alemania y de los Países Bajos el 1 Enero 1583, Hungría en 1587, los estados protestantes alemanes en 1700, los británicos se resistieron hasta 1752 (cuando ya existía un intervalo de 11 días entre su sistema y el gregoriano: por eso allí el 12-Septiembre, pasó a ser día 14 [Se trata de una errata, pretende decir que al 2 de septiembre miércoles siguió el 14]). Los más rezagados, URSS y Japón lo adaptaron respectivamente en 1918 y 1923.

Continúa en Los días que nunca existieron 2

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Guárdate de los idus de marzo

Domingo, agosto 28th, 2005

En entradas anteriores he hablado del calendario romano, pero me he abstenido de dar ejemplos para no desorientar, ya que para ellos calcular una fecha era tan complicado como realizar operaciones aritméticas en su sistema de numeración. Había que tener presentes tres días señalados en el mes, no necesariamente festivos: las calendas, el día uno; las nonas, que a pesar de su nombre eran el quinto; y los idus, el día trece. En marzo, mayo, julio y octubre, las nonas y las calendas se retrasaban dos días. Con esto en mente, los acontecimientos se databan expresando cuántos días faltaban para la siguiente fecha señalada. Así, por ejemplo, el once de diciembre sería el día tercero antes de los idus (ante diem tertius Idus Decembris); y no me he equivocado al restar: se incluían en la diferencia tanto el día once como el propio trece. Al doce se le mencionaría simplemente como la vigilia de los idus (pridie Idus). Para complicar más la cosa, en los años bisiestos no se añadía un día más, sino que al ante diem sextius Kalendas Martias se le dotaba de 48 horas de duración, y era por ello llamado bissextilis. Los días de fiesta especiales solían denominarse según dicha celebración (Quirinalia, Lupercalia, Saturnalia…).
Respecto al año, y dejando de lado la fecha de inicio, se contaba en los documentos oficiales según la serie de cónsules o emperadores, lo que llevó a largas recopilaciones de epónimos, las fasti consulares o las fasti triumphales. Otra cronología alternativa data los acontecimientos a partir de la creación de Roma, pero no había concordia respecto a su inicio, que podía oscilar desde el 747 a.C. según Fabio Pictor hasta el 752 si seguimos a Terentius Varro, fecha que finalmente se ha impuesto entre los historiadores modernos. Con este panorama presente, en el que he evitado mencionar alteraciones circunstanciales del calendario, resulta tentador suponer que en los idus de marzo César acudió al Senado sin conocer qué día del año era.

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Te llamaré Viernes

Lunes, julio 25th, 2005

En este punto de la serie de artículos dedicada a los calendarios puede interesar detenerse a estudiar el origen de los nombres asignados a distintos periodos del nuestro, que proceden en su mayoría, como cabría esperar, del calendario romano o juliano. La mitología lo atribuye a Rómulo, y originalmente constaba de diez meses que se iniciaban con el equinoccio vernal, aproximadamente nuestro 21 de marzo, con la duración de un ciclo lunar. Sobraba un largo periodo entre el último mes, decembris, y el inicio del año siguiente de excaso interés para la agricultura que no contabilizaba el calendario. Se atribuye a Numa Pompilius, en torno al 713 a.C., el añadir los meses de enero y febrero y fijar la duración del mes en 30 días. Circunstancialmente se agregaba un mes adicional para ajustar el inicio del año, llamado mercedinus en referencia a pagos de rentas.
Los nombres de los meses tal y como los conoció Julio César eran:

  • Martius, en honor a Marte.
  • Aprilis, del verbo aperire, en alusión a la apertura de la primavera.
  • Maius, por Maya, diosa de los cultivos, cuyas fiestas aún se celebran en muchos pueblos de Europa el primer día del mes.
  • Iunius, dedicado a Juno; unos pocos autores sostienen que deriva de iuniores, jóvenes, y “mayo” de maiores, mayores.
  • Quintilus, Sextilus, Septembris, Octobris, Novembris, Decembris.
  • Ianuarius, en honor a Jano.
  • Februarius, de las fiestas de purificación denominadas februa, antecesoras de nuestros carnavales.
  • La palabra “mes”, por cierto, deriva de mensis, medida.

    Respecto a la semana, sus nombres son más evidentes: los cinco primeros días se refieren a la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus. Los dos últimos se dedicaban a Saturno y el Sol, pero por influencia cristiana se adoptó “sábado” (sabath) y “domingo” (diem dominium, día del Señor). El orden se debe a una tradición astrológica egipcia que dedicaba cada hora a un planeta conocido según la distancia a la que se entendía que estaban, secuencia que da lugar a un ciclo de siete días iniciados con los nombres por los que se conocen.

    Las denominaciones sajonas de los nombres aún reservan el sábado para saturno y el domingo para el sol. No obstante, “martes”, “miércoles”, “jueves” y “viernes” derivan de Tyr, Woden (Odín, padre de Tyr), Thor y Freyja, correspondientes nórdicos de los dioses romanos.

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