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Los ciclos del calendario chino

Lunes, febrero 1st, 2010

Al igual que sucede en muchas regiones, el calendario que regula la vida ordinaria en China es el gregoriano, establecido administrativamente en 1912, aunque con objeto de determinar ciertas festividades, como la de la Primavera, la del Barco del Dragón o la del Otoño, se emplea el calendario tradicional. Es frecuente encontrar textos que le atribuyen más de cuatro milenios de antigüedad, lo cual sería tan correcto como decir que en Europa nos regimos por los mismos ciclos desde mucho antes de que viera la luz el faraón Shepseskaf. La verdad es que no se tienen evidencias de un calendario basado en observaciones astronómicas hasta la dinastía Shang, en torno al 1300 a.C., y el primero calculado data del 484 a.C., si bien éste contemplaba tan tempranamente el ciclo metónico. Todavía habría de sufrir numerosas reformas posteriormente hasta el año 1645, principalmente con el objeto de ajustar de forma precisa los ciclos del sol y la luna. Para explicar esta necesidad habría que dar cuenta de la importancia histórica de la astrología, cuyos preceptos no pueden independizarse del calendario dictado por los emperadores. A continuación damos pues sólo la descripción del que se emplea en la actualidad.
Los meses del calendario chino tradicional son de carácter lunar. Se inician con cada luna nueva, lo que significa que poseerán de forma casi alternativa 29 o 30 días. El año está formado usualmente por doce meses. Lo cual suma 354 días; 11 y cuarto menos de lo que corresponde a un año solar. Para acompasar ambos periodos se intercala en la cuenta de los meses uno adicional cada dos o tres años (siete veces cada 17 años se podría decir), siempre que el sol no atraviese una marca zodiacal. Durante el primero de los meses el sol cruza Piscis, y éstos se nombran a partir de él. El año da comienzo en la conocida fiesta del Año Nuevo; no obstante, de cara a la elaboración del calendario, no es una insensatez decir que hay que tener en mente como primer instante el solsticio de invierno, pues se fuerza a que éste acaezca en el mes undécimo. Aunque existen reglas para efectuar estos cálculos, a pocos escapa la necesidad de un organismo oficial para resolver dificultades, como la que acaecerá el año 2033 cuando el Año Nuevo caiga en la segunda luna nueva tras el solsticio de invierno. De ello se encarga el Observatorio de la Montaña Púrpura, en Nanjing.
Cada mes se compone de tres semanas de diez días, aunque éstas no poseean la relevancia que tienen para nosotros. Cada día da comienzo a las 11:00 p.m. y se subdivide en doce partes, de una duración equivalente a dos de nuestras horas. Por otra parte, se conserva una unidad de tiempo denominada ke. Aunque ésta antes poseía una duración igual a la centésima parte de la jornada, hoy se ha aproximado a un cuarto de hora.
Los ciclos no terminan aquí. Los años para los chinos se van numerando de acuerdo de acuerdo a diez troncos celestes e, independientemente, doce ramas terrestres (representadas mediante animales). La combinación de ambas cuentas da lugar a un ciclo de 60 años. Aunque ha caído en desuso, se empleaba un sistema semejante para denominar los días y los meses. Estos periodos de 60 años, o eras, servían para datar los acontecimientos, de una forma cíclica. No se ha hecho presente hasta recientemente (los antecedentes los podemos hallar en el siglo XVII, pero este uso no ha sido común hasta el XX) la necesidad de numerar secuencialmente los años, para lo cual se ha elegido como instante de inicio el 2697 a.C., comienzo del reinado de Huangdi, el legendario Emperador Amarillo. Tal es la razón de que, como decía al inicio, se le atribuya a veces erróneamente tan larga edad a este calendario.

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El calendario chino

Domingo, noviembre 27th, 2005

Las primeras pruebas documentales del uso del calendario chino le aseguran 34 siglos de historia, y esto haría de él el más antiguo de los registros cronológicos actuales, pero legendariamente se considera inventado en el 2637 a.C. por el primer emperador, Huangdi. En este sistema los meses se inician con la luna nueva, y el año se ajusta al ciclo solar de modo no tan preciso: da comienzo con la segunda lunación posterior al solsticio de invierno. El efecto, como en otros calendarios lunisolares, sus periodos básicos no tienen un número fijo de días, y esto los llevó desde muy temprano a buscar fracciones mayores que permitiesen elaborar predicciones, como el ciclo metónico, de 19 años, o el calípico, de 76. Hay que mencionar que el uso del yin-yang li ha quedado restringido, desde que en 1912 se adoptase el calendario gregoriano, a la determinación de las festividades, como la conocida celebración del Año Nuevo. En realidad el sistema europeo, que introdujeron los misioneros jesuítas en 1582, estaba bastante extendido, como también lo estuvieron el hindú durante la dinastía T’ang (siglos VII a IX) y el musulmán durante la Yüan (XIII y parte del XIV). Por otro lado, respecto al calendario chino se puede prácticamente decir que cada dinastía tuvo un calendario particular. Hay que entender que su elaboración era compleja, y dependía de los astrónomos de palacio. Se promulgaba con cada monarca como un documento sagrado con carácter legal que contenía buen número de predicciones -como duraciones de los ciclos, eclipses, etc.; también vaticinios astrológicos- que afianzaban la creencia en un vínculo entre los astros y la corte imperial. La renovación al cambiar cada emperador (a veces incluso en medio de un reinado) se había de entender como un intento de reestablecer esta conexión entre Cielo y Tierra.
Un elemento más de complejidad en este calendario lo introduce la denominación de los meses pues si bien, como se ha dicho, su duración la fija de modo absoluto el ciclo lunar, los nombres les vienen asignados según la división del año solar. Para esto se fracciona la bóveda celeste en doce partes de 30 grados, equivalentes a nuestras divisiones zodiacales, cuya línea media es el centro. Un mes recibirá el nombre de una de estas divisiones si el sol pasa por su centro durante su transcurso. Pero puede darse el caso de que no pase por ninguna, en cuyo caso se denomina bisinódico y se llama de igual forma que el precedente.
Cada periodo de 60 años, por otra parte, se considera una era, aunque se tiene en consideración un ciclo mayor de 180 años. Dentro de ella, el nombre que cada año recibe se obtiene sumando dos componentes: el tronco celeste (hay diez) y la rama terrestre (doce, con los nombres de animales de las constelaciones chinas). Se avanza simultáneamente en el tronco y en la rama, dando lugar al mencionado ciclo de 60 años. Estos componentes tienen asociados valores según la teoría de los cinco elementos y las seis energías, relacionada también con la medicina tradicional, que servían para pronosticar la climatología o las enfermedades más frecuentes.

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