Archivo etiquetado como ‘Gregorio XIII’

La precesión de los equinoccios

Domingo, mayo 16th, 2010

Quienes hemos hecho bailar una peonza sabemos de un fenómeno curioso: mientras el juguete gira sobre el suelo se puede observar claramente cómo el propio eje de giro describe un movimiento circular mucho más lento. A esta segunda componente se la denomina precesión, y es característica de los objetos que rotan sobre sí mismos. También afecta a nuestro planeta; no obstante, no es sencillo percibirlo. Si la rotación da lugar a la sucesión de los días, la precesión requiere para completar su ciclo nada menos que 25780 años. Por ello es asombroso que el fenómeno lo descubriese en el siglo II a. C. un astrónomo griego, el mismo que nos legó el primer catálogo estelar.
Hiparco de Nicea estaba contrastando las posiciones de las estrellas con las registradas siglos atrás cuando se percató del lento movimiento del punto de Aries, que marca la posición del Sol sobre las estrellas en el equinoccio de primavera. La diferencia era pequeña, pero suficiente para estimar la magnitud de la precesión. Cada año dicho punto retrocede 50 segundos de arco en la eclíptica, lo que quiere decir que la primavera se iniciaría antes si atendiésemos a las estrellas para fijar la fecha. Este hecho obligó a Hiparco a distinguir dos definiciones de año: el sidéreo y el trópico. El primero es el tiempo que tarda la Tierra en completar su órbita; el segundo es más corto y es el que transcurre entre dos equinoccios de primavera.
La diferencia puede parecer mínima pero, acumulada a lo largo de los siglos, produce efectos marcados. Por lo pronto, el punto de Aries casi ha atravesado hoy en día Piscis para entrar en Acuario, razón por la que sería más adecuado llamarlo punto vernal. Tampoco la estrella polar apunta al polo; es decir, ahora el eje de la tierra está casi en esa dirección, pero hace 5000 años dicho puesto lo ocupaba la más brillante de la constelación del Dragón, y dentro de otros tantos se dirigirá hacia el Cisne. Otra curiosidad: la reforma del calendario llevada a cabo por Gregorio XIII intentó ajustar la duración del año a la del trópico, como por otro lado ya apuntaba conveniente Hiparco (el astrónomo lo indicaba por mantener fija la posición de las estaciones en el calendario, aunque la motivación del papa estuviese más influenciada por la determinación de la fecha de la Pascua). El reajuste requería la eliminación de días que había agregado de más el calendario juliano, cuya duración del año pecaba por exceso respecto al trópico y por defecto atendiendo al sidéreo. Pero se llevó a cabo estableciendo el inicio de las estaciones en las mismas fechas que durante Concilio de Nicea, momento en el que ya se acumulaban varios días de retraso respecto a lo que inicialmente debieron ser fechas astronómicamente significativas. Así, la entrada del invierno tiene lugar el 21 de diciembre; es decir, se adelanta cuatro días respecto a lo que originariamente era la festividad del Sol o de Mitra, que los cristianos asimilaron como Navidad. Los romanos por su parte comenzaban el año inicialmente con la llegada de la primavera, que tenía lugar el 25 de marzo.

  • Share/Bookmark

El día juliano

Jueves, diciembre 28th, 2006

A pesar de que se debe a los astrónomos el diseño de prácticamente cualquier calendario usado actualmente o en la antigüedad, ninguno de ellos ha satisfecho sus necesidades. No nos referimos a las incorrecciones que con sucesivas mejoras se han ido subsanando, sino a otra cuestión: cuando más ligadas han estado sus divisiones a los ciclos del sol y la luna, y han sido por tanto de mayor utilidad para predecir sus movimientos, más difícil han sido de manejar para realizar cálculos. Por ejemplo, el calendario civil egipcio, con su año de exactamente 365 días, permitía fácilmente calcular cuántos días habían transcurrido entre dos fechas cualesquiera. La introducción de días bisiestos complica algo más la tarea, ya que exige contabilizar los veintinueves de febrero intermedios. Y la reforma del papa Gregorio añade un elemento de complejidad adicional. A lo que hay que sumar un sinfín de detalles más: los saltos con cada cambio de calendario, los desacuerdos (países o regiones con distinto calendario, o distinta fecha de inicio del año), la no existencia de año cero, las divisiones no decimales (el día tiene 24 horas, cada hora 60 minutos…), el cambio de hora -e incluso de fecha- según la longitud terrestre, los segundos adicionales que se agregan al final de algunos años, el cambio de hora en verano en algunos países de Europa, etcétera. Todo esto produciría importantes quebraderos de cabeza a los astrónomos modernos de no ser porque hace mucho decidieron crear un sistema propio lo más simple y exento de incoherencias posible.

El inventor fue Joseph Justus Scaliger. En 1583, recién estrenado el calendario gregoriano, este autor francés convertido al protestantismo publicó su Opus de Emendatione Tempore, en la que exponía un sistema sumamente simple para datar acontecimientos: contar los días a partir de una fecha. La elección de ésta es una cuestión que hoy carece de interés, pero en en sus cálculos buscó la coincidencia del ciclo lunar o metónico, el solar y el periodo de recaudación de impuestos en la antigua Roma. Esto le dio como fecha de inicio de su cuenta el lunes 24 de enero del año 4183 antes de Cristo según el calendario juliano (24 de noviembre en el gregoriano). Los días se referirían a dicho momento. Así, diríamos que el 1 de enero de 2000 acaeció el 2451544. Scaliger decidió llamar día juliano a tal datación en honor a su padre, Julius Cesar -el nombre no tiene por tanto nada que ver con el calendario juliano-. La cuenta comienza por cero y a mediodía (de Greenwich). Posteriormente se introdujeron periodos menores como divisiones decimales del día. Por tanto, para ser precisos deberíamos haber dicho que el uno de enero de 2000 fue el día juliano 2451544,5. Obvia decir lo útil que un sistema semejante ha resultado para la astronomía desde la época de su invención hasta la actualidad, en la que el instrumental y los registros están controlados por computadoras. Como curiosidad, los ciclos que Scaliger utilizó se repiten cada 7890 años, lo que denominó año juliano.

A partir del día juliano se pueden calcular fácilmente dos fechas más relacionadas con él: el día juliano modificado, que pretende hacer menos engorroso su uso, y que son las cinco cifras menos significativas; y el día lidiano, número de días transcurrido desde la entrada en vigor del calendario gregoriano, el 14 de octubre de 1582. El nombre del último deriva de Luigi Lilio Ghiraldi, como reconocimiento a su aportación a dicho sistema. Existen numerosas aplicaciones para calcular el día juliano disponibles en la red a partir de nuestra fecha. De hecho, la mejor forma de traducir una fecha de un calendario a otro es emplear como intermediario el día juliano.

  • Share/Bookmark

Los días que nunca existieron 1

Domingo, septiembre 11th, 2005

Envía marthiano un comentario con el texto íntegro de un interesante artículo que la profesora de la Universidad de Salamanca Ana M. Carabias Torres publicó en Tiempos Modernos (número 1, año 2001) con motivo del cambio de milenio. Está repleto de información sobre las evoluciones que ha sufrido nuestro calendario hasta el momento actual, y no lo puedo reproducir por su extensión. Pero me he sentido tentado a añadir algunas notas pintorescas a uno de los hechos que describe: las distintas adopciones por parte de cada país de la adaptación que Gregorio XIII hizo al calendario juliano. Para entender a qué se refiere, hacer notar que el sistema propuesto por César introducía los días bisiestos para aproximar la verdadera duración del año, que es de 365 días y casi un cuarto. Concretamente 365’2422454 (365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,5 segundos), pero tal precisión no podía lograrse en aquella época ni sólo con esta mejora, y en el siglo XVI los solsticios arrastraban ya diez días de adelanto. Ana M. Carabias nos sigue contando así:

El retraso astronómico en la celebración de la fecha de la Pascua, era un problema considerado como “intolerabilis” (R. Bacón) y en el que la Iglesia y los intelectuales cristianos empeñaron toda su dedicación en orden a que dicha celebración pudiera llevarse a cabo en la fecha fijada por el Concilio de Nicea. Tras larguísimas y dificultosas investigaciones y negociaciones, se llegó a la Reforma Gregoriana del calendario: En 1582 apareció el sistema que aún hoy rige nuestro tiempo, a través de una bula del papa Gregorio XIII.
Su primera resolución fue, como la de Julio César, drástica: el día 4 de Octubre pasaba a ser, a todos los efectos, el 15 de Octubre de ese año. Los 10 días intermedios no han existido para Roma y su eliminación hizo de ese año 1582 el más corto. Se fijó en 365,2425 días el año, resultando una desviación mínima de exactitud. Y para prevenir futuros desfases, se redefinieron los bisiestos: son los años divisibles por 4, excepto los centenarios, que sólo lo serán si pueden dividirse por 400 (por eso el 2000 tiene 366 días mientras que el 1900 tuvo 365).
La bula papal de reforma del calendario sólo fue adoptada inmediatamente en España, Italia y Portugal. Francia la acató el 9 de Diciembre de ese 1582 (que pasó a ser el 20 de Diciembre), los estados católicos de Alemania y de los Países Bajos el 1 Enero 1583, Hungría en 1587, los estados protestantes alemanes en 1700, los británicos se resistieron hasta 1752 (cuando ya existía un intervalo de 11 días entre su sistema y el gregoriano: por eso allí el 12-Septiembre, pasó a ser día 14 [Se trata de una errata, pretende decir que al 2 de septiembre miércoles siguió el 14]). Los más rezagados, URSS y Japón lo adaptaron respectivamente en 1918 y 1923.

Continúa en Los días que nunca existieron 2

  • Share/Bookmark