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Solsticios y equinoccios

Domingo, septiembre 26th, 2010

Es un error por suerte infrecuente, pero hay quien atribuye las diferentes temperaturas de cada estación a la variación de la distancia de la Tierra al Sol. Es cierto que el planeta, al recorrer una elipse, está unas veces más cerca que otras del astro, pero estas diferencias son del todo insignificantes. La excentricidad de la órbita es muy pequeña (el eje mayor es apenas una diezmilésima parte más largo que el menor) y no afecta al clima del planeta. Más aún, el afelio de la Tierra, es decir el momento en que se encuentra más alejada del Sol, se da a primeros de julio, justamente en verano en el hemisferio norte. Y todavía se puede argumentar más, mientras en esa parte del globo es verano, la otra vive justamente en invierno. Y esto es así porque lo que verdaderamente produce el curso de las estaciones no es la órbita de la Tierra, sino la inclinación de su eje de rotación.
La explicación es simple. Una superficie recibe más luz, y por tanto se calienta más, cuando está en posición perpendicular a los rayos que inciden sobre ella. Para explicarlo gráficamente, hemos representado en la figura siguiente el mismo área iluminada por una fuente que incide perpendicularmente en el primer caso o con una inclinación de 30º en el segundo. En este último se puede ver que los rayos que llegan a la superficie son muchos menos.
Incidencia
Por esta razón en los polos hace más frío que en el ecuador: al llegar la luz solar más rasante es menor la cantidad que incide sobre ellos. Pero, puesto que el eje de rotación de la Tierra está inclinado unos 23 grados, tampoco recibimos a lo largo del año la misma cantidad de luz, sino que depende de la dirección desde dónde nos llegue; esto es, en qué punto de la órbita se encuentre el planeta. Así, el 20 o 21 de junio, en lo que llamamos el solsticio de verano, la luz del Sol nos llega desde un punto más elevado a los que vivimos en el hemisferio norte:
Solsticio de verano
En dicha fecha la noche es más breve que en ninguna otra del año, y el día más largo. El caso extremo se da en las latitudes polares, en las que, como podemos comprobar por la figura, por más que gire la Tierra el sol no llega a ponerse. Por supuesto, lo dicho tiene validez sólo para el hemisferio norte. En dicha fecha, en el hemisferio sur comienza el invierno y se da la noche es la más larga del año, tanto más prolongada conforme más nos acercamos al Polo Sur, hasta el punto de vivir en la Antártida una noche que se prolonga durante varios meses.
Medio año después, el 22 o 23 de diciembre, la Tierra se sitúa en el punto de la órbita diametralmente opuesto. Eso quiere decir que su eje sufre una inclinación semejante pero en dirección contraria respecto al Sol:
Solsticio de invierno
En dicha fecha sucede lo contrario: el tiempo de luz diurna habrá menguado en el hemisferio norte hasta alcanzar su mínimo, y la incidencia de los rayos del sol será muy sesgada, calentando menos la tierra y dando inicio a un periodo de mayor frío al que llamamos invierno. En el hemisferio sur, estaremos comenzando el verano.
Hay otras dos fechas importantes asociadas a los solsticios: se trata de aquéllas en las que el día y la noche alcanzan a tener exactamente la misma duración. El eje terrestre adopta una inclinación de 90 grados respecto al que une a la Tierra y el Sol. Tales fechas son los denominados equinoccios (el de primavera tiene lugar en 20 o 21 de marzo, y el de otoño el 22 o 23 de septiembre, y en ellas se da inicio a una nueva estación). En la siguiente figura se recogen los cuatro momentos de los que hemos hablado:
Solsticios y equinoccios

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Marcus Terentius Varro

Jueves, mayo 20th, 2010

Pido perdón por los errores de traducción:

Y puesto que tenemos dos medidas de tiempo, una anual que el sol completa con su recorrido, la otra mensual que la luna abarca al dar vueltas, hablemos primero del sol. Su curso anual se divide en cuatro periodos de unos tres meses, y más precisamente en ocho periodos de mes y medio cada uno; la división en cuatro comprende primavera, verano, otoño e invierno. [...] El primer día de la primavera tiene lugar cuando [el Sol] está en Acuario, en verano cuando está en Tauro, en otoño cuando está en Leo y en invierno cuando está en Escorpio. Puesto que el día 23 de cada uno de los signos es el primer día de las cuatro estaciones, la primavera contiene 91 días, el verano 94, el otoño 91 y el invierno 89, cuyos números, llevados al calendario en curso, fijan el comienzo de la primavera el 7 de febrero, del verano el 9 de mayo, del otoño el 11 de agosto y del invierno el 10 de noviembre. Para divisiones más exactas hay que observar otras cosas, que resultan en ocho partes: la primera desde Favonio [el viento del oeste, no sé de otro evento que denomine así] hasta el equinocio vernal, 45 días; desde ahí hasta la aparición del las Pléyades, 44 días; hasta el solsticio de verano, 48 días; hasta el orto de Sirio, 27 días; hasta el equinocio de otoño 67 días; hasta la puesta de las Pléyades, 32 días, hasta el solsticio de invierno, 57 días, y de vuelta a Favonio, 45 días.
[...] Los periodos lunares también deben tenerse en cuenta; a grandes rasgos son dos, cuando la luna crece desde la nueva hasta la llena y cuando decrece de nuevo hacia la nueva, hasta que alcanza el intermenstruum, en el que se dice que la luna es última y primera; día que en Atenas llaman ἕνην καὶ νέαν, o vieja y nueva, mientras que otros denominan τριακάδα, o decimotercero
[...] Hay -dijo Stolo- una segunda división en seis de las estaciones que se puede decir que establecen una relación con el sol y la luna porque todo producto alcanza la perfección en cinco estados y llega a la tina y la cesta en la granja, y en el sexto se usan.

Marcus Terentius Varro, De la agricultura.

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Recomendaciones hipocráticas

Viernes, mayo 14th, 2010

Es necesario ser especialmente cuidadoso durante los cambios más importantes de estaciones, y nunca administrar purgantes o efectuar cauterizaciones o cirugía abdominal hasta diez o más días después de que hayan tenido lugar. Los siguientes momentos son los más relevantes y peligrosos: ambos solsticios, especialmente el de verano, y los dos así llamados equinoccios, sobre todo el de otoño. También hay que ser cuidadoso durante los ortos de las estrellas, especialmente Sirio, después Arturo, y también al ponerse las Pléyades.

Hipócrates, Sobre los aires, las aguas y lugares.

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