Archivo etiquetado como ‘De Architectura’

Los relojes de Roma

Martes, diciembre 1st, 2009

En el capítulo ocho del noveno libro de De Architectura, nos describe Vitruvio los tipos de relojes que sabían construir los romanos:

Se dice que el inventor del hemiciclo excavado en un bloque cuadrado [hemicyclium excavatum ex quadrato succisum], de acuerdo con la latitud, fue Beroso de Caldea; Aristarco de Samos fue el inventor —dicen— del espejo hemisférico [scaphe hemisphaerium] y también del disco sobre el plano [discum in planitia]. El astrónomo Eudoxo inventó la araña [arachné], aunque otros opinan que fue Apolonio. Escopinas de Siracusa ideó el plintio [ plinthium] o artesonado [lacunar], que todavía ahora podemos ver en el circo Flaminio. A Parmenio se debe el reloj que señala las horas de los lugares más conocidos [pros ta istoroumena]; Teodosio y Andrias son los inventores del reloj para cualquier latitud [pros pan klima]; a Patroclo se debe la invención del reloj en forma de hacha de combate [pelecinum]; Dionisodoro ideó el reloj solar en forma cónica [conum] y Apolonio el reloj en forma de carcaj [pharetra]. Todos estos inventores citados y otros muchos idearon diversos modelos de relojes, que nos han transmitido, como son la araña cónica, el plintio cónico, y el antibóreo. Otros muchos inventores nos han dejado suficientes detalles para componer relojes de viaje y relojes portátiles. Quien lo desee podrá encontrar en sus propios libros diversos diagramas y modelos que ejemplarizan sus relojes, si se conoce la estructura del analema. A estos mismos autores se debe también el método para construir relojes de agua; en primer lugar, Ctesibio de Alejandría, quien también descubrió la fuerza natural del aire y los principios elementales de la neumática.

El primero de los relojes al que se refiere fue uno de los más extendidos en la antigüedad: consistía en una semiesfera excavada en un bloque de piedra, en la que la sombra proyectada por un cursor iba indicando la hora. El scaphe hemisphaerium es similar en su aspecto, pero las líneas son recorridas por la luz que entra por un orificio practicado en él. Se piensa que el discum in planitie de Aristarco es la misma figura circular que se encontró grabada en mármol en el Appia antigua; en este caso la sombra se proyecta sobre un plano en el que aparecen dibujadas las curvas recorridas en los solsticios. El arachné incorpora las líneas correspondientes a cada época del año según el signo zodiacal, confiriendo al dibujo un aspecto reticulado. Los otros relojes que Vitruvio describe, a excepción de la clepsidra, varían en las superficies de proyección, pero usan principios similares. A veces su identificación es confusa, tanto más la de los inventores.

Share

De Architectura

Domingo, noviembre 29th, 2009

La influencia de la obra de Marco Vitruvio, no sólo durante el Imperio Romano, sino en la Edad Media y el Renacimiento, es indiscutible. Los diez libros de su De Architectura nos describen sistemáticamente todos los conocimientos técnicos del momento: edificios, máquinas, distribución de la ciudad, métodos constructivos, artísticos, conocimientos astrológicos, elaboración de pigmentos, etc. Debía por fuerza dedicar varias páginas a la construcción de los relojes, que iremos desgranando en varias entradas. Ya en el primer libro, previamente a la descripción de un método para localizar con ayuda de un gnomon y de forma precisa los puntos cardinales, que estructurarán toda la ciudad romana, pues es primordial su orientación con respecto a los vientos, menciona el Horologion ateniense. Pero es en el noveno donde entra directamente a describir la gnomónica. Tras un repaso a nociones de carácter astronómico, en las que hace varias referencias a los distintos periodos del calendario, describe la construcción de los analemas y distintos tipos de relojes.

Veamos: mientras dura el equinoccio de primavera y de otoño, el Sol, situándose en Aries y en Libra, proyecta una sombra que equivale a ocho de las nueve partes del gnomon, en la latitud de Roma. Por la misma razón, la sombra será igual a tres de las cuartas partes del gnomon, en Atenas; en Rodas, cinco de las siete partes; en Tarento, nueve de las once partes, y en Alejandría, tres de las cinco partes, en otros lugares distintos encontramos que las sombras equinocciales son siempre diferentes, de acuerdo con la naturaleza.
En base a este principio debe tomarse la sombra equinoccial en el mismo lugar donde haya de construirse el reloj; y si, como sucede en Roma, la sombra equivale a ocho partes de las nueve que tiene el gnomon, descríbase en un lugar plano una recta y exactamente desde su parte central levántese a escuadra una perpendicular, que se denomina gnomon. Desde la línea trazada sobre el plano se medirán, con la ayuda del compás, nueve segmentos iguales en la misma línea del gnomon; donde quede marcado el segmento noveno se fijara el centro, señalado con la letra A; abriendo el compás desde este centro hasta la línea del plano donde aparecerá señalada la letra B descríbase una circunferencia, denominada meridiana; después tómense ocho de las nueve partes que quedaron medidas desde la línea del plano hasta el centro del gnomon y márquense en la misma línea del plano donde figurara la letra C.
[...]Así se logra y se completa la figura del analema. Después de describir y explicar el analema donde hemos utilizado las líneas de invierno, de verano, o bien las de los equinoccios e incluso las de los meses, deberán trazarse las líneas que marquen las horas, en una base plana, de acuerdo con los cálculos del analema. A partir del analema se pueden deducir múltiples variantes y múltiples clases de relojes, simplemente con seguir unos cálculos técnicos. El resultado de estas figuras y diagramas es siempre el mismo: dividir en doce partes iguales el día equinoccial y el día de los solsticios de invierno y de verano.

Analema

Analema

Es interesante hacer notar varias cuestiones de interés. La primera es que la construcción del reloj de sol difiere según la latitud geográfica en la que nos encontremos. Aunque parece obvio, Plinio nos dice que durante un siglo la ciudad de Roma se rigió por un reloj de sol construido para otra localización y que, por tanto, marcaba el tiempo de forma incorrecta. La segunda, que las horas romanas tenían diferente duración según la época del año: las diurnas eran largas en verano y breves en invierno; las nocturnas variaban de forma inversa.

Share