Archivo etiquetado como ‘calendario romano’

¿Cuándo comienza el día?

Domingo, octubre 18th, 2009

En la entrada dedicada al día no se trató la cuestión de cuándo da comienzo dicho periodo temporal. Hoy efectuamos el cambio de fecha a medianoche, entendida ésta no como el momento opuesto al mediodía solar, sino según rige por el tiempo civil vigente según la franja horaria que nos corresponda. Pero en otras épocas u otras culturas el criterio ha diferido.
Para los babilonios comenzaba al atardecer, y así sigue siendo (en un contexto religioso) entre judíos y musulmanes, cuyos calendarios de tipo lunar son herederos del de éstos. Así al comienzo del Génesis leemos repetidas veces “así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día”. Para el calendario hebreo de daba inicio tradicionalmente cuando podían observarse tres estrellas. Modernamente se ha establecido cuando el centro del sol se encuentra siete grados bajo el horizonte geométrico. Para los musulmanes la primera oración del día, el inicio del ramadán, etc. dan comienzo, textualmente, cuando no se puede distinguir un hilo blanco de uno negro.
Los antiguos egipcios optaron por cambiar de fecha justo al amanecer, como también se hizo en parte de Europa hasta la invención del reloj de péndulo. Cualquiera de estos sistemas presenta el inconveniente de que, puesto que los periodos diurno y nocturno varían notablemente con el transcurso de las estaciones, durante seis meses estamos robándole minutos a los días para concedérselos a la otra mitad del año. La Antigua Roma, que inicialmente avanzaba en el calendario con las puestas de sol, había resuelto este dilema previamente trasladando el cambio de fecha a la media noche. Aunque para ser justos habría que mencionar que los astrónomos griegos ya usaban a tal efecto el mediodía, costumbre que han mantenido (véase el día juliano) hasta una época tan tardía como el siglo XX.

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Parapegma

Lunes, agosto 24th, 2009

El parapegma (su plural es parapegmata) es el precursor de nuestros antiguos almanaques. Consistían en tablillas de piedra, o directamente dibujos sobre las paredes, en los que inscripciones dispuestas en forma de círculos o hileras aventuraban predicciones astronómicas, astrológicas o meteorológicas. Al lado de éstas, unos orificios servían de clavijero para hincar un puntero que debía avanzarse cada día. La información que recogen pueden abarcar en lo referente a los ciclos temporales el día de la semana, del mes (el ciclo lunar), el desplazamiento del sol por los signos zodiacales, el día del año acompañado de indicaciones de solsticios o equinoccios, el día nundinal (de mercado), el orto de estrellas, etc.
Los primeros parapegmata son de mediados del siglo III a. C. y se atribuyen a Conon de Samos, aunque tradicionalmente se ha considerado a Metón y Euctemón los inventores de estos instrumentos. Se han encontrado numerosos parapegmata en ruinas griegas y romanas, de los que se conservan unos sesenta en la actualidad.

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Guárdate de los idus de marzo

Domingo, agosto 28th, 2005

En entradas anteriores he hablado del calendario romano, pero me he abstenido de dar ejemplos para no desorientar, ya que para ellos calcular una fecha era tan complicado como realizar operaciones aritméticas en su sistema de numeración. Había que tener presentes tres días señalados en el mes, no necesariamente festivos: las calendas, el día uno; las nonas, que a pesar de su nombre eran el quinto; y los idus, el día trece. En marzo, mayo, julio y octubre, las nonas y las calendas se retrasaban dos días. Con esto en mente, los acontecimientos se databan expresando cuántos días faltaban para la siguiente fecha señalada. Así, por ejemplo, el once de diciembre sería el día tercero antes de los idus (ante diem tertius Idus Decembris); y no me he equivocado al restar: se incluían en la diferencia tanto el día once como el propio trece. Al doce se le mencionaría simplemente como la vigilia de los idus (pridie Idus). Para complicar más la cosa, en los años bisiestos no se añadía un día más, sino que al ante diem sextius Kalendas Martias se le dotaba de 48 horas de duración, y era por ello llamado bissextilis. Los días de fiesta especiales solían denominarse según dicha celebración (Quirinalia, Lupercalia, Saturnalia…).
Respecto al año, y dejando de lado la fecha de inicio, se contaba en los documentos oficiales según la serie de cónsules o emperadores, lo que llevó a largas recopilaciones de epónimos, las fasti consulares o las fasti triumphales. Otra cronología alternativa data los acontecimientos a partir de la creación de Roma, pero no había concordia respecto a su inicio, que podía oscilar desde el 747 a.C. según Fabio Pictor hasta el 752 si seguimos a Terentius Varro, fecha que finalmente se ha impuesto entre los historiadores modernos. Con este panorama presente, en el que he evitado mencionar alteraciones circunstanciales del calendario, resulta tentador suponer que en los idus de marzo César acudió al Senado sin conocer qué día del año era.

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