Archivo etiquetado como ‘calendario lunisolar’

El nombre del emperador

Miércoles, junio 23rd, 2010

Hasta recientemente se consideraba poco cortés en Japón dirigirse a alguien por su nombre, máxime si pertenecía a la nobleza. En el caso del emperador esta norma era más inflexible, hasta el punto de que tan sólo referirse a él de este modo, hasta hace sólo unas décadas, se consideraba blasfemo. Es una costumbre sólo ejercida por los japoneses, y de la que poco entendemos los extranjeros. En vida, al emperador se le nombra por uno de sus títulos (comúmente El Soberano Celestial o Su Majestad). Y una vez fallece, pasa a adoptar el nombre de la última era. De modo que el soberano pierde en cierto sentido su nombre en la coronación. Y se inicia un nuevo periodo, otra nueva cuenta de los años.
En realidad habría que hacer varias matizaciones para no pecar de simplista. Ni existe un emperador para toda era, ni una era por emperador, ni los japoneses computan los años sólo mediante este sistema. A efectos prácticos es enormemente engorroso, y desde el 1873 se emplea comúnmente el calendario gregoriano. Pero anteriormente las fechas seguían uno de tipo lunisolar emparentado con el chino; y respecto a la cuenta de los años, aún sigue vigente la cuenta de las eras, con más frecuencia al referirse a hechos históricos. Así, no nos debe extrañar que el teniente Mamiya, un personaje de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami, al referir su aventura durante los albores de la Primera Guerra Mundial, la date “a finales de abril del año 13 de Shoowa”. El emperador Shoowa para los japoneses no es sino el que aquí conocemos por el nombre de Hiroito. En aquel momento sin embargo, y como se ha explicado, no se le designaba por ninguno de estos dos nombres, sino por su título. En realidad ni siquiera la fecha se databa entonces de esta forma, pues hasta el final de la contienda se mantuvo vigente una tercera forma de computar los años, lo que se denominó año imperial, que contaba a partir de la fundación mítica de Japón en el 660 a. C. Pero, para no confundir más al lector, hablemos sólo de las eras japonesas.
Antiguamente se iniciaba una nueva era (年号, pronunciado nengō) con cada acontecimiento reseñable. La corte imperial podía hacerlo siempre que lo creyese conveniente, fuese a causa de una plaga (era Ōei), una guerra (Daiei), el descubrimiento de yacimientos (Wadō), etc. Los años no propicios del ciclo sexagenario, llamados sankaku -esto es, el primero, quinto y quincuagésimo octavo- eran otro motivo para cerrar un periodo. Una vez se tomaba la decisión, el año vigente pasaba a ser el primero de dicha era, de modo retroactivo. Esta designación de las fechas se instauró en Japón en el 645, fue abandonada al cabo de una década y se adoptó ya definitivamente a comienzos del siglo VIII. Junto a los nengō oficiales, existen unos 40, principalmente pertenecientes al medievo, no fijados por la corte y difíciles de datar. Como es de suponer, las continuas alteraciones de este sistema forzaron en 1868 una simplificación: desde entonces se sigue una regla que asocia una era a cada emperador vigente. El año de la coronación es a la vez último de la anterior y primero de la nueva. En 1979 la Dieta dio forma de ley a este sistema.
A los ojos occidentales pueden parecer confusas las eras japonesas. Obligan, para calcular años transcurridos o equivalencias con otros sistemas, a emplear extensas tablas con casi 250 nombres. Sin embargo, no deberían causarnos sorpresa, puesto que métodos similares se han usado en muchas otras civilizaciones, desde China a la Antigua Roma. Lo que sí resulta destacable es su pervivencia aunque, como se ha apuntado, el nengō coexiste desde hace siglo y medio con el calendario gregoriano.

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Los calendarios budistas 1

Domingo, junio 13th, 2010

Imagina, hermano, bhikkhu, una gran montaña sin agujeros o gritas, de roca sólida. Cada 100 años un hombre la frota con un trozo de suave tela. La montaña entera se desgastaría y todavía no se habría completado un eón. Así de largo es un eón, hermano.
Samyutta Nikaya 15.5

El budismo siente una especial fascinación por el vértigo de las medidas inconmensurablemente extensas o ínfimas de tiempo. Así, tienen un amplio abanico de unidades para abarcar periodos de difícil determinación, desde el ksana, algo así como su cuantización mínima, 95 veces más breve que un pensamiento, hasta el mahakalpa, la duración de la vida de Brahma. Nosotros de momento vamos a aparcar dichos periodos para centrarnos en esta entrada en formas más prácticas de determinar su transcurso.
Se recoge bajo la denominación de calendario budista en realidad a un conjunto de éstos empleados en el sudeste asiático que poseen ciertos elementos comunes y están asociados a la religión o filosofía de Buda. Concretamente se emplean en Birmania (Myanmar), Tailandia, Laos y Camboya. Como sucede en muchos otros casos, a pesar de ser los calendarios oficiales de dichos estados y determinar las festividades y datación de acontecimientos, en el ámbito comercial se emplea el gregoriano u occidental. El budista es de tipo lunisolar; es decir, intenta acompasar meses ajustados al ciclo que establece la Luna con años asociados al del Sol, ello de acuerdo al Surya Siddhanta, una conocida obra astronómica del siglo III de la que beben en general todos los calendarios hindúes. A tal efecto se establecen meses alternos de 29 y 30 días (una lunación son prácticamente 29 y medio) y años de doce meses, con ajustes periódicos. Éstos consisten en agregar en ocasiones un día extra a los meses once veces cada 57 años y añadir igualmente siete meses extras cada 19 años, ajustando el ciclo metónico. El sistema seguido se acomoda bastante bien al año sidéreo, pero no así al trópico, lo que haría que se desplazasen las estaciones si no se introdujesen reajustes adicionales que cada zona lleva a cabo de forma diferente, razón por la cual existe cierta descoordinación en la celebración de las festividades. Tampoco coinciden en la numeración de los años. Así, quienes siguen la era budista empiezan la cuenta con la muerte de Buda, tradicionalmente el 545 a.C. (aunque en Tailandia se atrasó en 1941); los birmanos, en la era chulasakarat, comienzan en el 638 d.C.; los camboyanos en el 78, de acuerdo a la era mahasakarat… Ni siquiera se puede establecer una fecha común para iniciar la datación del año, que para añadir complejidad suele cambiar a mitad de mes, con lo cual establecer equivalencia de fechas entre calendarios es bastante complejo. Entre tantas diferencias, resalta sin que deba sorprendernos un punto común y diferenciador: la existencia de un año cero.

Continúa en Los calendarios budistas 2

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Los ciclos del calendario chino

Lunes, febrero 1st, 2010

Al igual que sucede en muchas regiones, el calendario que regula la vida ordinaria en China es el gregoriano, establecido administrativamente en 1912, aunque con objeto de determinar ciertas festividades, como la de la Primavera, la del Barco del Dragón o la del Otoño, se emplea el calendario tradicional. Es frecuente encontrar textos que le atribuyen más de cuatro milenios de antigüedad, lo cual sería tan correcto como decir que en Europa nos regimos por los mismos ciclos desde mucho antes de que viera la luz el faraón Shepseskaf. La verdad es que no se tienen evidencias de un calendario basado en observaciones astronómicas hasta la dinastía Shang, en torno al 1300 a.C., y el primero calculado data del 484 a.C., si bien éste contemplaba tan tempranamente el ciclo metónico. Todavía habría de sufrir numerosas reformas posteriormente hasta el año 1645, principalmente con el objeto de ajustar de forma precisa los ciclos del sol y la luna. Para explicar esta necesidad habría que dar cuenta de la importancia histórica de la astrología, cuyos preceptos no pueden independizarse del calendario dictado por los emperadores. A continuación damos pues sólo la descripción del que se emplea en la actualidad.
Los meses del calendario chino tradicional son de carácter lunar. Se inician con cada luna nueva, lo que significa que poseerán de forma casi alternativa 29 o 30 días. El año está formado usualmente por doce meses. Lo cual suma 354 días; 11 y cuarto menos de lo que corresponde a un año solar. Para acompasar ambos periodos se intercala en la cuenta de los meses uno adicional cada dos o tres años (siete veces cada 17 años se podría decir), siempre que el sol no atraviese una marca zodiacal. Durante el primero de los meses el sol cruza Piscis, y éstos se nombran a partir de él. El año da comienzo en la conocida fiesta del Año Nuevo; no obstante, de cara a la elaboración del calendario, no es una insensatez decir que hay que tener en mente como primer instante el solsticio de invierno, pues se fuerza a que éste acaezca en el mes undécimo. Aunque existen reglas para efectuar estos cálculos, a pocos escapa la necesidad de un organismo oficial para resolver dificultades, como la que acaecerá el año 2033 cuando el Año Nuevo caiga en la segunda luna nueva tras el solsticio de invierno. De ello se encarga el Observatorio de la Montaña Púrpura, en Nanjing.
Cada mes se compone de tres semanas de diez días, aunque éstas no poseean la relevancia que tienen para nosotros. Cada día da comienzo a las 11:00 p.m. y se subdivide en doce partes, de una duración equivalente a dos de nuestras horas. Por otra parte, se conserva una unidad de tiempo denominada ke. Aunque ésta antes poseía una duración igual a la centésima parte de la jornada, hoy se ha aproximado a un cuarto de hora.
Los ciclos no terminan aquí. Los años para los chinos se van numerando de acuerdo de acuerdo a diez troncos celestes e, independientemente, doce ramas terrestres (representadas mediante animales). La combinación de ambas cuentas da lugar a un ciclo de 60 años. Aunque ha caído en desuso, se empleaba un sistema semejante para denominar los días y los meses. Estos periodos de 60 años, o eras, servían para datar los acontecimientos, de una forma cíclica. No se ha hecho presente hasta recientemente (los antecedentes los podemos hallar en el siglo XVII, pero este uso no ha sido común hasta el XX) la necesidad de numerar secuencialmente los años, para lo cual se ha elegido como instante de inicio el 2697 a.C., comienzo del reinado de Huangdi, el legendario Emperador Amarillo. Tal es la razón de que, como decía al inicio, se le atribuya a veces erróneamente tan larga edad a este calendario.

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