Archivo etiquetado como ‘calendario lunar’

El calendario chino

Domingo, noviembre 27th, 2005

Las primeras pruebas documentales del uso del calendario chino le aseguran 34 siglos de historia, y esto haría de él el más antiguo de los registros cronológicos actuales, pero legendariamente se considera inventado en el 2637 a.C. por el primer emperador, Huangdi. En este sistema los meses se inician con la luna nueva, y el año se ajusta al ciclo solar de modo no tan preciso: da comienzo con la segunda lunación posterior al solsticio de invierno. El efecto, como en otros calendarios lunisolares, sus periodos básicos no tienen un número fijo de días, y esto los llevó desde muy temprano a buscar fracciones mayores que permitiesen elaborar predicciones, como el ciclo metónico, de 19 años, o el calípico, de 76. Hay que mencionar que el uso del yin-yang li ha quedado restringido, desde que en 1912 se adoptase el calendario gregoriano, a la determinación de las festividades, como la conocida celebración del Año Nuevo. En realidad el sistema europeo, que introdujeron los misioneros jesuítas en 1582, estaba bastante extendido, como también lo estuvieron el hindú durante la dinastía T’ang (siglos VII a IX) y el musulmán durante la Yüan (XIII y parte del XIV). Por otro lado, respecto al calendario chino se puede prácticamente decir que cada dinastía tuvo un calendario particular. Hay que entender que su elaboración era compleja, y dependía de los astrónomos de palacio. Se promulgaba con cada monarca como un documento sagrado con carácter legal que contenía buen número de predicciones -como duraciones de los ciclos, eclipses, etc.; también vaticinios astrológicos- que afianzaban la creencia en un vínculo entre los astros y la corte imperial. La renovación al cambiar cada emperador (a veces incluso en medio de un reinado) se había de entender como un intento de reestablecer esta conexión entre Cielo y Tierra.
Un elemento más de complejidad en este calendario lo introduce la denominación de los meses pues si bien, como se ha dicho, su duración la fija de modo absoluto el ciclo lunar, los nombres les vienen asignados según la división del año solar. Para esto se fracciona la bóveda celeste en doce partes de 30 grados, equivalentes a nuestras divisiones zodiacales, cuya línea media es el centro. Un mes recibirá el nombre de una de estas divisiones si el sol pasa por su centro durante su transcurso. Pero puede darse el caso de que no pase por ninguna, en cuyo caso se denomina bisinódico y se llama de igual forma que el precedente.
Cada periodo de 60 años, por otra parte, se considera una era, aunque se tiene en consideración un ciclo mayor de 180 años. Dentro de ella, el nombre que cada año recibe se obtiene sumando dos componentes: el tronco celeste (hay diez) y la rama terrestre (doce, con los nombres de animales de las constelaciones chinas). Se avanza simultáneamente en el tronco y en la rama, dando lugar al mencionado ciclo de 60 años. Estos componentes tienen asociados valores según la teoría de los cinco elementos y las seis energías, relacionada también con la medicina tradicional, que servían para pronosticar la climatología o las enfermedades más frecuentes.

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El calendario musulmán

Domingo, octubre 16th, 2005

Los musulmanes llaman a los tiempos precedentes a Mahoma la yahiliyya o era de la ignorancia. El calendario arábigo que se usaba empleaba meses de treinta y veintinueve días casi siempre alternativos, y el año constaba de doce de estos meses. Era un sistema fuertemente basado en los ciclos lunares, pero aproximadamente cada tres años, aunque sin una regulación fija, se intentaba reajustarlo con el periodo solar, para lo cual se intercalaba un año superabundante, de trece meses.
Al Profeta estos suplementos de trece lunaciones le parecieron un rasgo de infidelidad, y unos años después de su muerte el califa ‘Umar ibn Al-Jattab instauró una nueva era, la islámica, que daría comienzo en su registro del tiempo con la salida de Mahoma de la Meca, la Hégira. Para ser más preciso, unos cuatro días después de su llegada a Medina, para hacerlo coincidir con la luna nueva, el 20 de septiembre de 622.
El ciclo lunar o sinódico dura un poco más de 29 días y medio, de modo que no se ajusta cabalmente a un año de 354 días. Para resolver dicho problema, el calendario musulmán introduce un periodo mayor, de tradición sumeria, de 360 lunaciones o 30 años, de los que 11 se computan como bisiestos o kabisa. Este sistema ofrecería un buen ajuste con las fases lunares, de sólo un día de error cada dos milenios; pero, al prescindir por completo de la referencia del periodo solar, no existe correspondencia entre fechas y estaciones, y las festividades se van adelantando con respecto a las últimas. De hecho, al poseer años de unos once días menos que el calendario gregoriano, avanza más rápidamente en el cómputo.
No obstante, lo que más sorprende a ojos extraños a esta cultura es la determinación del inicio de cada mes y consecuentemente, la duración de éstos, la sucesión de años bisiestos, etc. Tal acontecimiento se establece cuando alguien observa la primera luna o hilal en las condiciones que establece el orden jurídico. El avistamiento se ve influido por multitud de factores meteorológicos, humanos y astronómicos, además de por la localización geográfica, de modo que un país islámico puede haber entrado en un mes mientras su vecino no lo ha hecho. Realmente el mes se iniciaría a la noche siguiente, pues el día musulmán comienza con la puesta de sol. Recientemente se está debatiendo el uso de instrumentos como telescopios para determinar el inicio del Ramadán. Las horas, que regulan los cinco rezos diarios, son pues de duración irregular. Se cuentan doce diurnas y doce nocturnas invariablemente.
La impredictibilidad del calendario obligó desde muy temprano aceptar a modo de calendarios teóricos modelos como el del matemático Abu ‘Abd Allah Muhammad b. Yabir b. Sinan al-Battani o, entre astrónomos, horas de igual duración.

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El calendario babilónico

Domingo, julio 10th, 2005

Transcribo a continuación un fragmento de El tiempo en la historia, de G. J. Whitrow:

La base del calendario babilónico parece haber sido siempre lunar. El mes empezaba cuando la luna en cuarto creciente volvía a ser visible, por primera vez, después de la puesta del sol. En consecuencia, el día babilónico empezaba por la noche. Definido de esta manera, un mes lunar debía contener cierto número de días, pero a veces eran veintinueve, a veces treinta.
[...] Por lo general, el año lunar comprendía doce meses, pero eso es menos que el año solar. Con el fin de evitar que las estaciones se desfasaran, se insertaba un decimotercer mes de vez en cuando, aunque no existió un sistema regular para intercalar este mes adicional hasta el siglo V a.C., cuando empezaron a insertar siete de estos meses a intervalos regulares, en un ciclo de 19 años. Es probable que antes el estado de la cosecha decidiera la necesidad del mes adicional. El ciclo de 19 años se basaba en el descubrimiento de que 19 años solares son casi equivalentes a 235 meses lunares. Se conoce comúnmente por el nombre de ciclo metónico, por ser el astrónomo ateniense Metón quien lo introdujo en el año 432 a.C. [...] Se sabe que los doce signos del zodíaco, de 30 partes y de igual duración cada uno, se emplearon desde poco después del año 500 a.C. Con el tiempo, esta división del cielo se traspasó a la división del círculo y, de este modo, dio lugar a la costumbre actual de dividir el ángulo completo (bidimensional) alrededor de un punto en 360 grados.

También debemos a los babilonios la semana de siete días, periodos posiblemente asociados a las fases lunares, y las divisiones de la hora. Era costumbre que los cálculos que implicaban fracciones se realizasen en el sistema sexagesimal (probablemente debido al buen número de divisores de 60), lo que los llevó a introducir minutos y segundos cuya duración, que dependía de la de la hora, no era constante durante el año.

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