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El calendario pawukon

Miércoles, octubre 14th, 2009

El pawukon es uno de los dos calendarios balineses, usado para determinar festividades religiosas (el otro es llamado sasik, y es de tipo lunar).  Posee la particularidad de estar basado en ciclos que no se numeran y, por tanto, no sirve para fechar acontecimientos. Cada uno de estos años, si se admite la licencia de llamarlos así, posee 210 días, agrupados según diversos subciclos de distinta duración. Lo más parecido a un mes que posee este calendario, por otra parte, va a ser cada una de las seis divisiones de 35 días del año llamadas bulan. Es directo que 210 es el producto de los números primos inferiores a 10, lo cual nos da una pista de cómo se prosigue el conteo del tiempo: simplificando un poco podríamos afirmar que se lleva a cabo avanzando independientemente en cada uno de ellos, a modo de ruedas con distinta cantidad de muescas.

Para entendernos vamos a considerar el subciclo de tres días (triwara). Comenzaríamos el año en pasah, como se denomina al primero de ellos. El siguiente sería beteng y el siguiente kajeng. El cuarto día vuelve a ser de nuevo pasah. Vendrían a ser semanas de tres días de duración. Pero simultáneamente con ellas, tenemos también un subciclo de cinco días (pancawara), a los que se llama paing, pon, wage, keliwon y umanis. Y a la vez también se lleva una cuenta de siete días, que tienen, lógicamente, una correspondencia directa con nuestra semana: redite (nuestro domingo), coma, anggara, buda, wraspati, sukra y saniscara. Estos periodos se repiten indefinidamente, así como otros de dos días, cuatro, seis, ocho, nueve, diez e incluso uno (ekawara, en el fondo es dual: unos días llevan por nombre luang y otros no reciben ninguno). Por desgracia, para estos ciclos, aunque la secuencia está perfectamente definida, no es tan directa como la de los comentados y se encuentran interrelacionados; no obstante, no son tan fundamentales para la determinación de las actividades sociales o religiosas, y muchos balineses sólo prestan atención a los descritos.

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El calendario ático

Viernes, agosto 14th, 2009

Los calendarios helénicos representan en general un intento de compaginar el ciclo lunar y el solar de forma no sistemática. Tampoco unitaria; al fin y al cabo, aunque relacionadas cultural e idiomáticamente, las polis se organizaban de modo independiente. Así poseían una pléyade de calendarios con ciertos elementos comunes: en particular, meses lunares que se iniciaban con la primera visión de la luna (y que sin criterio predefinido incluían 29 o 30 días, por tanto) y años solares que se reiniciaban tras un solsticio o equinoccio (y que, de la misma manera, podían incluir bien doce, bien trece meses sin que se atendiese a una sucesión reconocida). Aunque astrónomos como Metón descubriesen ciclos que permitían el cálculo de fechas futuras, no hay evidencias de que en la práctica se siguiese otro procedimiento que el de la observación directa de los cielos.
El más conocido de los calendarios helénicos era el que se seguía en el territorio del Ática. Su más destacada particularidad con respecto al de sus vecinos era el comienzo del año en el solsticio de verano (lo usual era iniciarlo en el equinoccio de otoño). Para ser más precisos, con la primera luna nueva, que es decir el comienzo del primer mes, tras dicho momento. Los meses se denominaban hecatombeón, metagitnión, boedromión, pianopsión, memacterión, poseideón, gamelión, antesterión, elafebolión, muniquión, targelión y esciroforión, y hacían referencia a celebraciones (mes de las hecatombes, de las mudanzas…) o divinidades (memacterión es una forma culta para Zeus, por ejemplo, y significa El Impetuoso). Cuando se creía necesario introducir un decimotercer mes como reajuste del calendario se duplicaba uno de ellos (al que se denomina embolístico), usualmente el sexto, dedicado a Poseidón. Los nombres no estaban relacionados en absoluto con los de otras Polis, con excepción de algunas coincidencias con las Islas Jónicas, sobre las que Atenas tenía cierta influencia.
Respecto a los días de los meses, se dividían en tres décadas, la tercera no necesariamente completa. A partir del primero, noumenia o luna nueva, se iba contando en sentido positivo hasta el vigésimo. A continuación, durante la tercera década, la cuenta era retrógrada, y se enunciaba cuántos días restaban hasta la siguiente luna nueva. Tanto el periodo diurno como la noche se dividían en doce horas de igual duración, pero variables según la época del año.
Hay que resaltar que el calendario indicado tenía usos desde la agricultura hasta el establecimiento de las festividades. Acerca de éstas, se puede distinguir entre las comunes a todo el territorio y las segregadas según zona o clan. Pero a la par que este calendario coexistía otro de uso civil con un año exactamente solar, de diez meses de 36 o 37 días. Servía al estado para determinar la rotación de los miembros del Consejo, así como para el cobro de tasas. La referencia a un mes en particular se efectuaba indicando qué tribu presidía en dicho momento. En el 407 a.C. ambos ciclos sincronizaron sus inicios, se cree que alargando los meses del año civil correspondientes a los años de trece meses en el calendario de festividades.

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El calendario de Rómulo

Martes, agosto 11th, 2009

Se denomina caledario de Rómulo al primero de los calendarios romanos conocidos. Según la tradición, fue instaurado por el propio y legendario fundador del Roma, y se usó hasta la implantación del juliano en el año 46 a.C. Su ciclo se iniciaba con el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, y comprendía diez meses que, aunque de origen lunar, habían derivado en periodos de alternativamente 31 y 30 días, salvo decembris, también de 30. Esto arroja un total de 304 días, y deja 61 libres, no pertenecientes a ningún mes. El calendario de Rómulo, a pesar de estas particularidades, constituirá como ya se intuye la base del calendario juliano y, con ello, del gregoriano nuestro. Los meses poseían ya los nombres conocidos (martius, aprilis, maius, iunius, quintilis…), a los que se añadirían enero y febrero con la reforma de Numa Pompilio, el segundo rey de la ciudad, que alteró también la duración de los meses. Sucesivas modificaciones, sin embargo, como se comentará en otro momento, lejos de simplificar introdujeron más confusión a la datación de la fecha.
El conteo del día del mes se efectuaba por la retorcida referencia a los días restantes hasta las las calendas, las nonas y los idus. La razón de esta cuenta retrógrada es un vestigio del calendario lunar, por el cual se esperaban los días que faltaban para la luna llena o creciente.  El sistema tampoco estaba universalmente extendido en sus inicios y coexistía con calendarios previos, usualmente con periodos dedicados a divinidades locales. Así Censorinus nos habla del calendario que seguían los de Alba Longa, con meses de 36, 28, 22 o 16 días; Tusculum, con un octubre de 32; o Aricia, que le asignaba 39 al mismo.
Hay que indicar, para terminar, que algún autor clásico (Licinius Macer, por ejemplo) no menciona diez sino ya doce meses para el calendario previo a Numa, contradicciones que no deben asombrar tratándose de referencias que pretenden remontarse tanto en su tiempo.

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