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El calendario de Rómulo

Martes, agosto 11th, 2009

Se denomina caledario de Rómulo al primero de los calendarios romanos conocidos. Según la tradición, fue instaurado por el propio y legendario fundador del Roma, y se usó hasta la implantación del juliano en el año 46 a.C. Según algunos autores (existen bastantes diferencias desde la antigüedad hasta hoy en día al respecto), su ciclo se iniciaba con el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, y comprendía diez meses que, aunque de origen lunar, habían derivado en periodos de alternativamente 31 y 30 días, salvo decembris, también de 30. Esto arroja un total de 304 días, y deja 61 libres, no pertenecientes a ningún mes. El calendario de Rómulo, a pesar de estas particularidades, constituirá como ya se intuye la base del calendario juliano y, con ello, del gregoriano nuestro. Los meses poseían ya los nombres conocidos (martius, aprilis, maius, iunius, quintilis…), a los que se añadirían enero y febrero con la reforma de Numa Pompilio, el segundo rey de la ciudad, que alteró también la duración de los meses. Sucesivas modificaciones, sin embargo, como se comentará en otro momento, lejos de simplificar introdujeron más confusión a la datación de la fecha.
El contaje del día del mes se efectuaba por la retorcida referencia a los días restantes hasta las las calendas, las nonas y los idus. La razón de esta cuenta retrógrada es un vestigio del calendario lunar, por el cual se esperaban los días que faltaban para la luna llena o creciente.  El sistema tampoco estaba universalmente extendido en sus inicios y coexistía con calendarios previos, usualmente con periodos dedicados a divinidades locales. Así Censorinus nos habla del calendario que seguían los de Alba Longa, con meses de 36, 28, 22 o 16 días; Tusculum, con un octubre de 32; o Aricia, que le asignaba 39 al mismo.
Hay que indicar, para terminar, que algún autor clásico (Licinius Macer, por ejemplo) no menciona diez sino ya doce meses para el calendario previo a Numa, contradicciones que no deben asombrar tratándose de referencias que pretenden remontarse tanto en su tiempo.

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Los días que nunca existieron 2

Domingo, septiembre 11th, 2005

Viene de Los días que nunca existieron 1

Hay que recordar que, aunque previamente todos los estados coincidiesen en el día y mes de la fecha, no había unanimidad respecto a la cifra del año; a partir de 1582 Europa pasó además a utilizar dos calendarios. Esto, como decía, ocasiona hechos insólitos, como que Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare muriesen ambos el 23 de abril de 1616, pero que el segundo lo hiciese 10 días después que el autor del Quijote (el 3 de mayo del calendario europeo actual).
El caso de Suecia es muy peculiar: se decidió hacer el cambio gradualmente, suprimiendo los años bisiestos entre el 1700 y el 1740. Esto originó cierta confusión, pues les hacía regirse por un tercer sistema distinto al de cualquier otro país, a lo que se unió una pésima administración, que olvidó la idea y consideró bisiestos el 1704 y el 1708. En 1712 Carlos XII quiso corregir este caos, pero lo hizo incomprensiblemente dando marcha atrás, para lo que tuvo que agregar un día más al año ya bisiesto (el 30 de febrero). Finalmente en 1753 eliminaron los 11 días que les separaban del calendario gregoriano.
En Alaska el cambio se hizo al volverse entidad federal de los Estados Unidos el viernes 6 de octubre de 1867, y vino además acompañado de un desplazamiento de la Línea de Cambio de Fecha del este al oeste de la región. Esto provocó que el día que seguía al mencionado fuera de nuevo viernes.
En Rusia la adopción del calendario gregoriano se llevó a cabo en 1918, cuando llevaba un retraso de 13 días. Por dicha razón la Revolución de Octubre aconteció de hecho para el resto de los europeos en el mes de noviembre.
Sobra decir que en los retrasos en la adhesión al calendario gregoriano por parte de cada país pesaron motivos religiosos y políticos. El último país de Europa del Este en llevar a cabo el cambio fue Grecia, que esperó a 1923, pero la adopción fue civil y no religiosa. Unas pocas iglesias ortodoxas (Rusia, Serbia, Jerusalén…) persisten en el calendario juliano, lo que les lleva a celebrar la Navidad durante nuestro 7 de enero. El resto optó por una rebuscada solución para hacer coincidir las fechas con el calendario civil sin aceptar un sistema que partía de Roma: a propuesta de Milutin Milankovic se inventó el calendario juliano revisado, que en lugar de tratar como bisiestos los años de inicio de siglo divisibles por 400, hace lo mismo con los que dejan un resto de 200 o 600 al dividirse por 900. El efecto es que coincidirán con el calendario gregoriano hasta el año 2800.

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Los días que nunca existieron 1

Domingo, septiembre 11th, 2005

Envía marthiano un comentario con el texto íntegro de un interesante artículo que la profesora de la Universidad de Salamanca Ana M. Carabias Torres publicó en Tiempos Modernos (número 1, año 2001) con motivo del cambio de milenio. Está repleto de información sobre las evoluciones que ha sufrido nuestro calendario hasta el momento actual, y no lo puedo reproducir por su extensión. Pero me he sentido tentado a añadir algunas notas pintorescas a uno de los hechos que describe: las distintas adopciones por parte de cada país de la adaptación que Gregorio XIII hizo al calendario juliano. Para entender a qué se refiere, hacer notar que el sistema propuesto por César introducía los días bisiestos para aproximar la verdadera duración del año, que es de 365 días y casi un cuarto. Concretamente 365’2422454 (365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,5 segundos), pero tal precisión no podía lograrse en aquella época ni sólo con esta mejora, y en el siglo XVI los solsticios arrastraban ya diez días de adelanto. Ana M. Carabias nos sigue contando así:

El retraso astronómico en la celebración de la fecha de la Pascua, era un problema considerado como “intolerabilis” (R. Bacón) y en el que la Iglesia y los intelectuales cristianos empeñaron toda su dedicación en orden a que dicha celebración pudiera llevarse a cabo en la fecha fijada por el Concilio de Nicea. Tras larguísimas y dificultosas investigaciones y negociaciones, se llegó a la Reforma Gregoriana del calendario: En 1582 apareció el sistema que aún hoy rige nuestro tiempo, a través de una bula del papa Gregorio XIII.
Su primera resolución fue, como la de Julio César, drástica: el día 4 de Octubre pasaba a ser, a todos los efectos, el 15 de Octubre de ese año. Los 10 días intermedios no han existido para Roma y su eliminación hizo de ese año 1582 el más corto. Se fijó en 365,2425 días el año, resultando una desviación mínima de exactitud. Y para prevenir futuros desfases, se redefinieron los bisiestos: son los años divisibles por 4, excepto los centenarios, que sólo lo serán si pueden dividirse por 400 (por eso el 2000 tiene 366 días mientras que el 1900 tuvo 365).
La bula papal de reforma del calendario sólo fue adoptada inmediatamente en España, Italia y Portugal. Francia la acató el 9 de Diciembre de ese 1582 (que pasó a ser el 20 de Diciembre), los estados católicos de Alemania y de los Países Bajos el 1 Enero 1583, Hungría en 1587, los estados protestantes alemanes en 1700, los británicos se resistieron hasta 1752 (cuando ya existía un intervalo de 11 días entre su sistema y el gregoriano: por eso allí el 12-Septiembre, pasó a ser día 14 [Se trata de una errata, pretende decir que al 2 de septiembre miércoles siguió el 14]). Los más rezagados, URSS y Japón lo adaptaron respectivamente en 1918 y 1923.

Continúa en Los días que nunca existieron 2

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