Archivo etiquetado como ‘calendario gregoriano’

El tiempo en HTML5

Domingo, diciembre 12th, 2010

Uno de los elementos que se van a introducir con la última versión de HTML es la etiqueta time para especificar información relacionada con el tiempo. El objetivo parece ser facilitar su tratamiento a distintos sistemas que trabajan con lo publicado en Internet, como los motores de búsqueda, por ejemplo. Con esto sería más sencillo hacer búsquedas de citas según la fecha, u organizar acontecimientos. Es un pequeño paso más en el avance hacia una web semántica. Sin embargo, y a pesar de que se pretende con esta etiqueta conseguir mayor sistematicidad, su definición ha dejado una cierta libertad de empleo que, caso de que se haga un mal uso, puede dar lugar a ambigüedades que anularían el beneficio que este elemento puede aportar. Vamos por partes.
La forma más básica de emplear la etiqueta time es hacerlo sin acompañarla de los atributos datetime o pubdate que la completan:

El eclipse se producirá a las <time>dos y media</time>.

Como se puede observar, de esta forma indicamos que hay una referencia al tiempo, pero la vaguedad no permitiría determinar con claridad el momento exacto al que se hace referencia. Para explotar verdaderamente el potencial de la nueva etiqueta, es necesario acompañarla del atributo datetime, en el cual se pueden especificar, ajustándose a un formato más preciso, fechas, horas del día, instantes, etcétera. La primera cuestión es qué sistema emplear para notar el tiempo. Los de W3C no han querido andarse con florituras ni correcciones políticas: la fecha se indica según el calendario gregoriano. ¿Qué pasa si la página es india, egipcia o estamos fechando la próxima pesaj judía? Pues que hay que hacerlo según el calendario gregoriano. Después de todo, ¿no se están introduciendo ya desde hace tiempo otros elementos de carácter temporal de acuerdo al sistema occidental (expiración de una página, última modificación, etc.)? ¿Y si nos referimos a fechados que no pueden asociarse inequívocamente al calendario gregoriano, como referencias al calendario maya, citas bíblicas…? Pues no se puede. Y ya que estamos, el calendario gregoriano no se establece sino en 1582, y hay estados que no lo adoptan hasta el siglo XX. ¿Qué pasa con dataciones anteriores, o en los casos en los que localmente se usaba el calendario juliano, tan similar al gregoriano que las referencias pueden dar lugar a equívocos? No hay ningún calentamiento de cabeza: calendario gregoriano siempre. Otra cosa es que la gente recuerde hacerlo. ¡Qué divertido va a ser leer que Colón pisó por primera vez América el 21 de octubre de 1492!
Retomando un poco el hilo, el atributo datetime puede adoptar distintos valores, cuyo sentido es fácil de comprender:

  • 2009-07
  • 2009-07-22 (siempre el mes precede al día)
  • 2009-W30 (trigésima semana del año 2009, comenzando en lunes)
  • 02:35:21.500 (instante del día, según tiempo local)
  • 01:35+01:00
  • 2009-07-22T01:35:21
  • 2009-07-22T02:35Z (zona UTC)
  • 2009-07-22T01:35+01:00 (UTC+1)

Sorprende la particular mezcla de rigidez y ambigüedad. Se permite indicar una hora sin referir la fecha, pero no un mes sin precisar el año. Se puede dar cuenta del tiempo local ajustando milésimas de segundo y no se requiere determinar la zona horaria. ¿Qué pasa con los cambio de hora? Muy simple: seguimos permitiendo la indefinición de vivir dos veces el mismo momento. Se pueden especificar zonas horarias que difícilmente podríamos considerar aceptables, como -13:37, y están prohibidos en cambio los segundos intercalares. Otra cosa más: ¿qué pasa con las fechas antes de Cristo? Sencillo también: no hay tales fechas, el año debe tener siempre un valor positivo.
Por último, personalmente echo de menos haber ido un paso más lejos y haber permitido (no digo que necesariamente bajo la misma etiqueta time) especificar duraciones o intervalos; e incluso haber dado opción de asociar información geográfica a los acontecimientos. Creo que sería interesante la posibilidad a procesar sentencias del tipo:

  • El horario del Museo del Prado es de martes a domingos de 9:00 a 20:00.
  • El 6 de junio de 1944 las fuerzas especiales desembarcaron en Normandía.
  • Mercurio efectúa una vuelta alrededor del Sol cada 88 días.

Quizás para siguientes especificaciones, quién sabe.

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El nombre del emperador

Miércoles, junio 23rd, 2010

Hasta recientemente se consideraba poco cortés en Japón dirigirse a alguien por su nombre, máxime si pertenecía a la nobleza. En el caso del emperador esta norma era más inflexible, hasta el punto de que tan sólo referirse a él de este modo, hasta hace sólo unas décadas, se consideraba blasfemo. Es una costumbre sólo ejercida por los japoneses, y de la que poco entendemos los extranjeros. En vida, al emperador se le nombra por uno de sus títulos (comúmente El Soberano Celestial o Su Majestad). Y una vez fallece, pasa a adoptar el nombre de la última era. De modo que el soberano pierde en cierto sentido su nombre en la coronación. Y se inicia un nuevo periodo, otra nueva cuenta de los años.
En realidad habría que hacer varias matizaciones para no pecar de simplista. Ni existe un emperador para toda era, ni una era por emperador, ni los japoneses computan los años sólo mediante este sistema. A efectos prácticos es enormemente engorroso, y desde el 1873 se emplea comúnmente el calendario gregoriano. Pero anteriormente las fechas seguían uno de tipo lunisolar emparentado con el chino; y respecto a la cuenta de los años, aún sigue vigente la cuenta de las eras, con más frecuencia al referirse a hechos históricos. Así, no nos debe extrañar que el teniente Mamiya, un personaje de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami, al referir su aventura durante los albores de la Primera Guerra Mundial, la date “a finales de abril del año 13 de Shoowa”. El emperador Shoowa para los japoneses no es sino el que aquí conocemos por el nombre de Hiroito. En aquel momento sin embargo, y como se ha explicado, no se le designaba por ninguno de estos dos nombres, sino por su título. En realidad ni siquiera la fecha se databa entonces de esta forma, pues hasta el final de la contienda se mantuvo vigente una tercera forma de computar los años, lo que se denominó año imperial, que contaba a partir de la fundación mítica de Japón en el 660 a. C. Pero, para no confundir más al lector, hablemos sólo de las eras japonesas.
Antiguamente se iniciaba una nueva era (年号, pronunciado nengō) con cada acontecimiento reseñable. La corte imperial podía hacerlo siempre que lo creyese conveniente, fuese a causa de una plaga (era Ōei), una guerra (Daiei), el descubrimiento de yacimientos (Wadō), etc. Los años no propicios del ciclo sexagenario, llamados sankaku -esto es, el primero, quinto y quincuagésimo octavo- eran otro motivo para cerrar un periodo. Una vez se tomaba la decisión, el año vigente pasaba a ser el primero de dicha era, de modo retroactivo. Esta designación de las fechas se instauró en Japón en el 645, fue abandonada al cabo de una década y se adoptó ya definitivamente a comienzos del siglo VIII. Junto a los nengō oficiales, existen unos 40, principalmente pertenecientes al medievo, no fijados por la corte y difíciles de datar. Como es de suponer, las continuas alteraciones de este sistema forzaron en 1868 una simplificación: desde entonces se sigue una regla que asocia una era a cada emperador vigente. El año de la coronación es a la vez último de la anterior y primero de la nueva. En 1979 la Dieta dio forma de ley a este sistema.
A los ojos occidentales pueden parecer confusas las eras japonesas. Obligan, para calcular años transcurridos o equivalencias con otros sistemas, a emplear extensas tablas con casi 250 nombres. Sin embargo, no deberían causarnos sorpresa, puesto que métodos similares se han usado en muchas otras civilizaciones, desde China a la Antigua Roma. Lo que sí resulta destacable es su pervivencia aunque, como se ha apuntado, el nengō coexiste desde hace siglo y medio con el calendario gregoriano.

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El día juliano

Jueves, diciembre 28th, 2006

A pesar de que se debe a los astrónomos el diseño de prácticamente cualquier calendario usado actualmente o en la antigüedad, ninguno de ellos ha satisfecho sus necesidades. No nos referimos a las incorrecciones que con sucesivas mejoras se han ido subsanando, sino a otra cuestión: cuando más ligadas han estado sus divisiones a los ciclos del sol y la luna, y han sido por tanto de mayor utilidad para predecir sus movimientos, más difícil han sido de manejar para realizar cálculos. Por ejemplo, el calendario civil egipcio, con su año de exactamente 365 días, permitía fácilmente calcular cuántos días habían transcurrido entre dos fechas cualesquiera. La introducción de días bisiestos complica algo más la tarea, ya que exige contabilizar los veintinueves de febrero intermedios. Y la reforma del papa Gregorio añade un elemento de complejidad adicional. A lo que hay que sumar un sinfín de detalles más: los saltos con cada cambio de calendario, los desacuerdos (países o regiones con distinto calendario, o distinta fecha de inicio del año), la no existencia de año cero, las divisiones no decimales (el día tiene 24 horas, cada hora 60 minutos…), el cambio de hora -e incluso de fecha- según la longitud terrestre, los segundos adicionales que se agregan al final de algunos años, el cambio de hora en verano en algunos países de Europa, etcétera. Todo esto produciría importantes quebraderos de cabeza a los astrónomos modernos de no ser porque hace mucho decidieron crear un sistema propio lo más simple y exento de incoherencias posible.

El inventor fue Joseph Justus Scaliger. En 1583, recién estrenado el calendario gregoriano, este autor francés convertido al protestantismo publicó su Opus de Emendatione Tempore, en la que exponía un sistema sumamente simple para datar acontecimientos: contar los días a partir de una fecha. La elección de ésta es una cuestión que hoy carece de interés, pero en en sus cálculos buscó la coincidencia del ciclo lunar o metónico, el solar y el periodo de recaudación de impuestos en la antigua Roma. Esto le dio como fecha de inicio de su cuenta el lunes 24 de enero del año 4183 antes de Cristo según el calendario juliano (24 de noviembre en el gregoriano). Los días se referirían a dicho momento. Así, diríamos que el 1 de enero de 2000 acaeció el 2451544. Scaliger decidió llamar día juliano a tal datación en honor a su padre, Julius Cesar -el nombre no tiene por tanto nada que ver con el calendario juliano-. La cuenta comienza por cero y a mediodía (de Greenwich). Posteriormente se introdujeron periodos menores como divisiones decimales del día. Por tanto, para ser precisos deberíamos haber dicho que el uno de enero de 2000 fue el día juliano 2451544,5. Obvia decir lo útil que un sistema semejante ha resultado para la astronomía desde la época de su invención hasta la actualidad, en la que el instrumental y los registros están controlados por computadoras. Como curiosidad, los ciclos que Scaliger utilizó se repiten cada 7890 años, lo que denominó año juliano.

A partir del día juliano se pueden calcular fácilmente dos fechas más relacionadas con él: el día juliano modificado, que pretende hacer menos engorroso su uso, y que son las cinco cifras menos significativas; y el día lidiano, número de días transcurrido desde la entrada en vigor del calendario gregoriano, el 14 de octubre de 1582. El nombre del último deriva de Luigi Lilio Ghiraldi, como reconocimiento a su aportación a dicho sistema. Existen numerosas aplicaciones para calcular el día juliano disponibles en la red a partir de nuestra fecha. De hecho, la mejor forma de traducir una fecha de un calendario a otro es emplear como intermediario el día juliano.

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