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El día juliano

Jueves, Diciembre 28th, 2006

A pesar de que se debe a los astrónomos el diseño de prácticamente cualquier calendario usado actualmente o en la antigüedad, ninguno de ellos ha satisfecho sus necesidades. No nos referimos a las incorrecciones que con sucesivas mejoras se han ido subsanando, sino a otra cuestión: cuando más ligadas han estado sus divisiones a los ciclos del sol y la luna, y han sido por tanto de mayor utilidad para predecir sus movimientos, más difícil han sido de manejar para realizar cálculos. Por ejemplo, el calendario civil egipcio, con su año de exactamente 365 días, permitía fácilmente calcular cuántos días habían transcurrido entre dos fechas cualesquiera. La introducción de días bisiestos complica algo más la tarea, ya que exige contabilizar los veintinueves de febrero intermedios. Y la reforma del papa Gregorio añade un elemento de complejidad adicional. A lo que hay que sumar un sinfín de detalles más: los saltos con cada cambio de calendario, los desacuerdos (países o regiones con distinto calendario, o distinta fecha de inicio del año), la no existencia de año cero, las divisiones no decimales (el día tiene 24 horas, cada hora 60 minutos…), el cambio de hora -e incluso de fecha- según la longitud terrestre, los segundos adicionales que se agregan al final de algunos años, el cambio de hora en verano en algunos países de Europa, etcétera. Todo esto produciría importantes quebraderos de cabeza a los astrónomos modernos de no ser porque hace mucho decidieron crear un sistema propio lo más simple y exento de incoherencias posible.

El inventor fue Joseph Justus Scaliger. En 1583, recién estrenado el calendario gregoriano, este autor francés convertido al protestantismo publicó su Opus de Emendatione Tempore, en la que exponía un sistema sumamente simple para datar acontecimientos: contar los días a partir de una fecha. La elección de ésta es una cuestión que hoy carece de interés, pero en en sus cálculos buscó la coincidencia del ciclo lunar o metónico, el solar y el periodo de recaudación de impuestos en la antigua Roma. Esto le dio como fecha de inicio de su cuenta el lunes 24 de enero del año 4183 antes de Cristo según el calendario juliano (24 de noviembre en el gregoriano). Los días se referirían a dicho momento. Así, diríamos que el 1 de enero de 2000 acaeció el 2451544. Scaliger decidió llamar día juliano a tal datación en honor a su padre, Julius Cesar -el nombre no tiene por tanto nada que ver con el calendario juliano-. La cuenta comienza por cero y a mediodía (de Greenwich). Posteriormente se introdujeron periodos menores como divisiones decimales del día. Por tanto, para ser precisos deberíamos haber dicho que el uno de enero de 2000 fue el día juliano 2451544,5. Obvia decir lo útil que un sistema semejante ha resultado para la astronomía desde la época de su invención hasta la actualidad, en la que el instrumental y los registros están controlados por computadoras. Como curiosidad, los ciclos que Scaliger utilizó se repiten cada 7890 años, lo que denominó año juliano.

A partir del día juliano se pueden calcular fácilmente dos fechas más relacionadas con él: el día juliano modificado, que pretende hacer menos engorroso su uso, y que son las cinco cifras menos significativas; y el día lidiano, número de días transcurrido desde la entrada en vigor del calendario gregoriano, el 14 de octubre de 1582. El nombre del último deriva de Luigi Lilio Ghiraldi, como reconocimiento a su aportación a dicho sistema. Existen numerosas aplicaciones para calcular el día juliano disponibles en la red a partir de nuestra fecha. De hecho, la mejor forma de traducir una fecha de un calendario a otro es emplear como intermediario el día juliano.

El calendario musulmán

Domingo, Octubre 16th, 2005

Los musulmanes llaman a los tiempos precedentes a Mahoma la yahiliyya o era de la ignorancia. El calendario arábigo que se usaba empleaba meses de treinta y veintinueve días casi siempre alternativos, y el año constaba de doce de estos meses. Era un sistema fuertemente basado en los ciclos lunares, pero aproximadamente cada tres años, aunque sin una regulación fija, se intentaba reajustarlo con el periodo solar, para lo cual se intercalaba un año superabundante, de trece meses.
Al Profeta estos suplementos de trece lunaciones le parecieron un rasgo de infidelidad, y unos años después de su muerte el califa ‘Umar ibn Al-Jattab instauró una nueva era, la islámica, que daría comienzo en su registro del tiempo con la salida de Mahoma de la Meca, la Hégira. Para ser más preciso, unos cuatro días después de su llegada a Medina, para hacerlo coincidir con la luna nueva, el 20 de septiembre de 622.
El ciclo lunar o sinódico dura un poco más de 29 días y medio, de modo que no se ajusta cabalmente a un año de 354 días. Para resolver dicho problema, el calendario musulmán introduce un periodo mayor, de tradición sumeria, de 360 lunaciones o 30 años, de los que 11 se computan como bisiestos o kabisa. Este sistema ofrecería un buen ajuste con las fases lunares, de sólo un día de error cada dos milenios; pero, al prescindir por completo de la referencia del periodo solar, no existe correspondencia entre fechas y estaciones, y las festividades se van adelantando con respecto a las últimas. De hecho, al poseer años de unos once días menos que el calendario gregoriano, avanza más rápidamente en el cómputo.
No obstante, lo que más sorprende a ojos extraños a esta cultura es la determinación del inicio de cada mes y consecuentemente, la duración de éstos, la sucesión de años bisiestos, etc. Tal acontecimiento se establece cuando alguien observa la primera luna o hilal en las condiciones que establece el orden jurídico. El avistamiento se ve influido por multitud de factores meteorológicos, humanos y astronómicos, además de por la localización geográfica, de modo que un país islámico puede haber entrado en un mes mientras su vecino no lo ha hecho. Realmente el mes se iniciaría a la noche siguiente, pues el día musulmán comienza con la puesta de sol. Recientemente se está debatiendo el uso de instrumentos como telescopios para determinar el inicio del Ramadán. Las horas, que regulan los cinco rezos diarios, son pues de duración irregular. Se cuentan doce diurnas y doce nocturnas invariablemente.
La impredictibilidad del calendario obligó desde muy temprano aceptar a modo de calendarios teóricos modelos como el del matemático Abu ‘Abd Allah Muhammad b. Yabir b. Sinan al-Battani o, entre astrónomos, horas de igual duración.

Los días que nunca existieron 2

Domingo, Septiembre 11th, 2005

Viene de Los días que nunca existieron 1

Hay que recordar que, aunque previamente todos los estados coincidiesen en el día y mes de la fecha, no había unanimidad respecto a la cifra del año; a partir de 1582 Europa pasó además a utilizar dos calendarios. Esto, como decía, ocasiona hechos insólitos, como que Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare muriesen ambos el 23 de abril de 1616, pero que el segundo lo hiciese 10 días después que el autor del Quijote (el 3 de mayo del calendario europeo actual).
El caso de Suecia es muy peculiar: se decidió hacer el cambio gradualmente, suprimiendo los años bisiestos entre el 1700 y el 1740. Esto originó cierta confusión, pues les hacía regirse por un tercer sistema distinto al de cualquier otro país, a lo que se unió una pésima administración, que olvidó la idea y consideró bisiestos el 1704 y el 1708. En 1712 Carlos XII quiso corregir este caos, pero lo hizo incomprensiblemente dando marcha atrás, para lo que tuvo que agregar un día más al año ya bisiesto (el 30 de febrero). Finalmente en 1753 eliminaron los 11 días que les separaban del calendario gregoriano.
En Alaska el cambio se hizo al volverse entidad federal de los Estados Unidos el viernes 6 de octubre de 1867, y vino además acompañado de un desplazamiento de la Línea de Cambio de Fecha del este al oeste de la región. Esto provocó que el día que seguía al mencionado fuera de nuevo viernes, lo que, hasta donde yo sé, es caso único.
En Rusia la adopción del calendario gregoriano se llevó a cabo en 1918, cuando llevaba un retraso de 13 días. Por dicha razón la Revolución de Octubre aconteció de hecho para el resto de los europeos en el mes de noviembre.
Sobra decir que en los retrasos en la adhesión al calendario gregoriano por parte de cada país pesaron motivos religiosos y políticos. El último país de Europa del Este en llevar a cabo el cambio fue Grecia, que esperó a 1923, pero la adopción fue civil y no religiosa. Unas pocas iglesias ortodoxas (Rusia, Serbia, Jerusalén…) persisten en el calendario juliano, lo que les lleva a celebrar la Navidad durante nuestro 7 de enero. El resto optó por una rebuscada solución para hacer coincidir las fechas con el calendario civil sin aceptar un sistema que partía de Roma: a propuesta de Milutin Milankovic se inventó el calendario juliano revisado, que en lugar de tratar como bisiestos los años de inicio de siglo divisibles por 400, hace lo mismo con los que dejan un resto de 200 o 600 al dividirse por 900. El efecto es que coincidirán con el calendario gregoriano hasta el año 2800.


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