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El Reloj Astronómico de Praga: el calendario

Martes, abril 27th, 2010

En entradas anteriores hemos descrito la representación de las horas y el cielo en el Reloj Astronómico de Praga. Queda hablar del resto de elementos; en particular, debido a la temática de estas páginas, del calendario que lo acompaña inmediatamente debajo. Quiero antes brevemente comentar la serie de figuras alegóricas que cierran el conjunto. A la izquierda del reloj vemos una representación de la vanidad (el hombre con el espejo) y la avaricia (el judío y su bolsa); a la derecha un esqueleto y un turco simbolizan la muerte y la infidelidad. Éstas son las más antiguas de las figuras, y sus originales databan del siglo XVII. En el XIX se completó el conjunto tal y como hoy lo podemos contemplar: se dotó a las esculturas de movimiento y se añadieron doce apóstoles. Y en la parte inferior, la representación del calendario a la que me refería, obra de Josef Mánes, y cuatro personajes más: un filósofo, un ángel, un astrónomo y un cronista.

Reloj astronómico de Praga: el calendario

Reloj astronómico de Praga: el calendario

El calendario se articula de forma circular en torno al escudo de la ciudad: un castillo con tres torres. Lo rodean doce medallones con los signos zodiacales. Por fuera de éstos, otros tantos círculos simbolizan los meses del año correspondientes por medio de personajes que realizan labores agrícolas o de la vida cotidiana. Así vemos, por ejemplo, en enero nacer un niño, la siega durante julio o la vendimia en octubre. El conjunto se cierra con un aro dividido radialmente en 365 partes. Cada una de ellas corresponde, lógicamente, con los días del año. Con muy buena vista se logra discernir el día del mes y el nombre que le corresponde en el santoral. Un dial lo rodea en sentido contrario a las agujas del reloj completando una vuelta al cabo de un año. De esta forma el reloj indica de modo preciso la fecha, lo cual sólo podía adivinarse vagamente hasta la incorporación del calendario. Los elementos que hoy se pueden contemplar no son los originales, sino una réplica. Éstos, o lo que quedó de ellos tras la Segunda Guerra Mundial, se conservan en el Museo de Historia de Praga.

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Dionisio el Exiguo

Miércoles, febrero 24th, 2010

Los antiguos romanos solían datar los años bien indicando los cónsules que gobernaban en dicho momento, bien a partir de la supuesta fundación de la ciudad (ab urbe condita) o el final de la monarquía (post reges exactos). Esta costumbre no se abandonó con la extensión del cristianismo, al menos de inmediato. Ni con el uso por parte los seguidores de esta religión en Alejandría de un método alternativo de datación consistente en contar los años transcurridos desde el comienzo del reinado de Diocleciano. Esto último no deja de ser peculiar, habida cuenta de las cruentas persecuciones organizadas por dicho emperador, razón por la que a este sistema de numeración se conoce como era de los mártires. De seguro debió ser una de las circunstancias que tenía en mente Juan I cuando en el 525 encargó a un monje procedente de Escitia Menor calcular los años transcurridos desde el nacimiento de Cristo. Era conocido como Dionisio el Exiguo, y su erudición le llevaría además a escribir numerosas traducciones, un tratado de matemáticas y una conocida colección de derecho canónico. El sistema de cómputo al que aquí nos referimos se asociaría a la postre al calendario juliano, por extensión al gregoriano, y en la actualidad es universalmente usado en todo el mundo (en convivencia con otros allí donde la religión imperante no es la cristiana). Eso a pesar de que, si algo se tiene claro, es que Dionisio el Exiguo erró sus cálculos por entre cuatro y siete años. Pero este hecho se ha establecido modernamente, al intentar compaginar los acontecimientos históricos con el Evangelio según San Mateo, en particular con el requerimiento de que el nacimiento de Cristo se produjese en vida del rey Herodes.
A pesar del origen papal de la iniciativa para el establecimiento de un cómputo según esta nueva era, no se abandonaron de inmediato las costumbres existentes, y el año del Señor no se empezó a utilizar de facto hasta pasados dos siglos. Hay que pensar que el uso que Dionisio el Exiguo le dio no fue la datación de acontecimientos, sino la elaboración de unas tablas de Pascuas. La propia cancillería papal no adoptó la era cristiana hasta el siglo XV. En su origen se expresaba acompañando a la fecha de la indicación Anno Dómini Nostri Iesu Christi, abreviado A.D., pero con el tiempo se ha traducido frecuentemente a otros idiomas como antes o después de Cristo (a.C. o d.C.). Además de cristiana, a esta era se la denomina también común o simplemente nuestra era y, como se ha comentado, hoy en día es la principalmente usada por organismos internacionales, desprovista de su significado religioso.

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Schwarze Gebetbuch

Miércoles, abril 29th, 2009
Schwarzes Gebetbuch

Schwarzes Gebetbuch

Existen siete manuscritos negros en el mundo. Se trata de unas obras preciosas, frágiles y caras que se produjeron en Flandes a finales del siglo XV. El mejor conservado se encuentra en Viena descuadernado y guardado entre planchas de acrílico: es el Libro negro de las horas o Das Schwarze Gebetbuch. El color de sus hojas lo origina la agalla, un tinte procedente de la envoltura de una larva parásita del roble, fijado como vitriolo, que posee una gran profundidad, pero es muy corrosivo, razón por la cual, cinco siglos después, su pergamino se pulveriza al tacto. Los textos están escritos con letras de oro y plata, que han sobrevivido también a la oxidación, y profusamente decorados con miniaturas. Perteneció, aunque no fuese su primer propietario, a Galeazzo Maria Sforza, cuyas armas se añadieron a la primera hoja. Quienes han visto alguno de estos manuscritos afirman que los colores brillan de modo especialmente intenso sobre lo oscuro.
El libro recoge el ciclo de oraciones, acompañado de representaciones religiosas, varias del tamaño de una página y proverbios o medallones con escenas domésticas y rurales. Los márgenes suelen estar decorados con coloridos acantos, frutas y aves. Se usaba como ayuda al rezo en distintas horas del día (laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas). Este manuscrito recoge un conjunto de oraciones asociadas unas a las horas de Cristo en la cruz y otras a María y, como es usual, lo acompañan una misa, varios salmos, un oficio de difuntos y va precedido por un calendario. Éste dedica dos páginas a cada mes, encabezada la primera de cada par por una representación de una escena cotidiana correspondiente a ese momento del año y su signo zodiacal.

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