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De Architectura

Domingo, noviembre 29th, 2009

La influencia de la obra de Marco Vitruvio, no sólo durante el Imperio Romano, sino en la Edad Media y el Renacimiento, es indiscutible. Los diez libros de su De Architectura nos describen sistemáticamente todos los conocimientos técnicos del momento: edificios, máquinas, distribución de la ciudad, métodos constructivos, artísticos, conocimientos astrológicos, elaboración de pigmentos, etc. Debía por fuerza dedicar varias páginas a la construcción de los relojes, que iremos desgranando en varias entradas. Ya en el primer libro, previamente a la descripción de un método para localizar con ayuda de un gnomon y de forma precisa los puntos cardinales, que estructurarán toda la ciudad romana, pues es primordial su orientación con respecto a los vientos, menciona el Horologion ateniense. Pero es en el noveno donde entra directamente a describir la gnomónica. Tras un repaso a nociones de carácter astronómico, en las que hace varias referencias a los distintos periodos del calendario, describe la construcción de los analemas y distintos tipos de relojes.

Veamos: mientras dura el equinoccio de primavera y de otoño, el Sol, situándose en Aries y en Libra, proyecta una sombra que equivale a ocho de las nueve partes del gnomon, en la latitud de Roma. Por la misma razón, la sombra será igual a tres de las cuartas partes del gnomon, en Atenas; en Rodas, cinco de las siete partes; en Tarento, nueve de las once partes, y en Alejandría, tres de las cinco partes, en otros lugares distintos encontramos que las sombras equinocciales son siempre diferentes, de acuerdo con la naturaleza.
En base a este principio debe tomarse la sombra equinoccial en el mismo lugar donde haya de construirse el reloj; y si, como sucede en Roma, la sombra equivale a ocho partes de las nueve que tiene el gnomon, descríbase en un lugar plano una recta y exactamente desde su parte central levántese a escuadra una perpendicular, que se denomina gnomon. Desde la línea trazada sobre el plano se medirán, con la ayuda del compás, nueve segmentos iguales en la misma línea del gnomon; donde quede marcado el segmento noveno se fijara el centro, señalado con la letra A; abriendo el compás desde este centro hasta la línea del plano donde aparecerá señalada la letra B descríbase una circunferencia, denominada meridiana; después tómense ocho de las nueve partes que quedaron medidas desde la línea del plano hasta el centro del gnomon y márquense en la misma línea del plano donde figurara la letra C.
[...]Así se logra y se completa la figura del analema. Después de describir y explicar el analema donde hemos utilizado las líneas de invierno, de verano, o bien las de los equinoccios e incluso las de los meses, deberán trazarse las líneas que marquen las horas, en una base plana, de acuerdo con los cálculos del analema. A partir del analema se pueden deducir múltiples variantes y múltiples clases de relojes, simplemente con seguir unos cálculos técnicos. El resultado de estas figuras y diagramas es siempre el mismo: dividir en doce partes iguales el día equinoccial y el día de los solsticios de invierno y de verano.

Analema

Analema

Es interesante hacer notar varias cuestiones de interés. La primera es que la construcción del reloj de sol difiere según la latitud geográfica en la que nos encontremos. Aunque parece obvio, Plinio nos dice que durante un siglo la ciudad de Roma se rigió por un reloj de sol construido para otra localización y que, por tanto, marcaba el tiempo de forma incorrecta. La segunda, que las horas romanas tenían diferente duración según la época del año: las diurnas eran largas en verano y breves en invierno; las nocturnas variaban de forma inversa.

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La Torre de los Vientos

Lunes, agosto 10th, 2009
Torre de los Vientos

Torre de los Vientos

Con la dominación romana se vio que el Antigua Ágora de Atenas resultaba pequeña para sus funciones, y se decidió la construcción de una nueva con objeto de desplazar a ella las actividades comerciales de la ciudad. A la nueva plaza, a imitación de la antigua, se la dotó de un avanzado reloj, encargo que cumpliera Andrónico de Cirro en el año 50 a. C. Se le denomina Horologion o Torre de los Vientos, y consiste en una construcción octogonal de mármol orientada según los puntos cardinales y rematada con una cúpula cónica. La edificación tiene unos doce metros de altura. En lo alto, una veleta con la figura de un tritón de bronce apuntaba a cada una de sus caras, donde aún se pueden ver esculpidos los relieves de los dioses de los vientos correspondientes: Bóreas al norte, Kaikias al noreste, Euro, Apeliotas, Noto, Lips, Céfiro, y Skiron.

El edificio en sí servía tanto de reloj de sol como clepsidra. Para la primera función poseían nueve marcadores que sobresalían de sus fachadas y que, mediante la sombra proyectada sobre éstas, permitían determinar la hora en los días soleados. Durante la noche o en días nublados se podía seguir utilizando el reloj de agua. Éste lo constituía su propio interior, dividido en dos cámaras. La una servía para, gracias a un desagüe adicional situado en su parte superior, mantener un nivel constante de agua. Esto permite que el flujo vertido a la segunda cámara, la que indica la hora conforme se va llenando por medio de un flotador, sea constante, y con ello establecer divisiones de altura regulares. Una vez completo el segundo tanque, debía vaciarse para reiniciar la cuenta.

Derek de Solla Price, estudiando las marcas de su interior, único vestigio del mecanismo interno original, ha llegado a la conclusión de que la clepsidra debía estar conectada además con un engranaje giratorio que mostrase la rotación del sol en los cielos a lo largo del día. El sobrante de agua por otra parte alimentaría tres fuentes.

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La clepsidra del Ágora de Atenas

Domingo, agosto 2nd, 2009
Clepsidra en el Ágora de Atenas

Clepsidra en el Ágora de Atenas

Atenas disfrutó en su historia antigua de dos relojes de agua. El primero de ellos estaba situado en el Ágora clásica, la zona de la ciudad donde tenían lugar las actividades políticas, sociales y, hasta la época romana, las comerciales. Sus ruinas pueden visitarse en la actualidad: se hallan en la esquina suroeste, junto al camino que conducía a la colina de Pnyx. Se construyó a finales del siglo IV antes de Cristo, y su mecanismo era en sus inicios muy simple: con el agua que llegaba de un canal se llenaba un tanque que poseía un drenaje inferior de bronce. Cuando estaba lleno se calcula que tardaba en vaciarse unas 17 horas. Posiblemente al amanecer se forzase el vaciado para reiniciar la temporización. La clepsidra debía disponer además de algún mecanismo de flotación que indicaba en un marcador superior el paso de las horas.
Este sistema tenía el incoveniente de que las divisiones no podían ser regulares, ya que la mayor presión del agua cuando el depósito estaba lleno hacía que éste se vaciase con más rapidez. Este problema se resolvió en el tercer siglo antes de Cristo al añadirle dos tanques suplementarios a diferentes alturas. La idea consiste en medir el tiempo no ya por el vaciado del depósito mayor, sino por el llenado de uno de los accesorios a partir del agua de éste. El primer tanque mantiene según el nuevo sistema un nivel constante mediante un aporte continuo de agua y un desagüe adicional situado en su parte superior y de esta forma la presión de salida de su agua es siempre la misma. Al completarse el llenado del depósito que servía para indicar la hora, se vaciaba éste y se reiniciaba el ciclo.
Este reloj permaneció en funcionamiento hasta la construcción de una clepsidra mayor en el Ágora Romana, llamada la Torre de los Vientos.

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