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El Reloj Astronómico de Praga: el cielo

Domingo, abril 11th, 2010

A quien conozca el astrolabio no escapa la similitud que presenta el instrumento con el reloj astronómico del antiguo ayuntamiento de la Ciudad Vieja de Praga. En efecto, la rueda exterior, con la indicación de la hora local en cifras góticas, se asemeja al elemento denominado madre; el fondo representa el plato, con los círculos correspondientes a los trópicos y el ecuador; y, dentro de él, la araña con los signos zodiacales. De hecho, incluso podemos descubrir el dorso de esta herramienta de astrónomos y navegantes en el círculo que se halla justo bajo el principal del reloj, aunque este componente date de finales del siglo XIX.

Reloj Astronómico de Praga

Reloj Astronómico de Praga

En la entrada previa ya mencionamos el recorrido que efectúa el sol sobre la representación de la bóveda celeste indicando las horas. Pues bien, una rueda con los signos del zodiaco situada excéntricamente lo acompaña indicando la posición que el astro ocupa en los cielos. Para que ello sea posible es necesario que ambos (el sol y el círculo zodiacal) sigan un lento movimiento relativo de modo que al cabo de un año el uno haya efectuado una vuelta completa alrededor del otro. Queda así justificado el adjetivo astronómico que se le otorga al reloj. El círculo zodiacal no es otra cosa sino una proyección de la esfera celeste (para los astrónomos el zodiaco es la banda en la cual podemos observar el movimiento del sol, la luna y los planetas). Acompañan a los signos unas divisiones más pequeñas, seis por cada uno de ellos, que corresponden a fracciones de cinco grados del ecuador. Como es lógico, la pequeña estrella que representa en el reloj el punto vernal debe moverse de forma solidaria con el zodiaco, pues se sitúa en la transición de Piscis a Aries. Si se observa con cuidado, se puede notar que del centro de giro parten además otros tres brazos, a modo de cruz: el opuesto a la estrella es el denominado punto Libra y ambos marcan el solsticio del primavera y otoño respectivamente; los transversales indican los solsticios de verano e invierno. De modo que cuando el sol cruza, en sentido antihorario, cada una de estas líneas entra en una estación nueva.
La luna, por último, también tiene cabida en el conjunto. Se representa mediante una esfera plateada por uno de sus lados y negra por el otro (con objeto de que al girar indique su fase). Como sucede con el sol, su posición puede leerse tanto en la bóveda celeste si la observamos desde el círculo zodiacal como sobre el horizonte si lo hacemos desde el frontal del reloj.
En www.praguealacarte.com se puede disfrutar de una animación del conjunto. Pulsando el botón azul de la parte inferior podemos modificar los parámetros. El más interesante es step, que ajusta el paso del tiempo (divisiones del día en 366). Se anima a probarlo con los siguientes valores:

  • Uno. Vemos, acelerado, el movimiento del reloj a lo largo del día.
  • 365. Con el firmamento fijo, observamos cómo se desplaza por él el sol y la luna durante del año.
  • 366. Con la hora fija, vemos cómo varía el firmamento a lo largo del año.

Continúa en El Reloj Astronómico de Praga: el calendario

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El calendario de Rómulo

Martes, agosto 11th, 2009

Se denomina caledario de Rómulo al primero de los calendarios romanos conocidos. Según la tradición, fue instaurado por el propio y legendario fundador del Roma, y se usó hasta la implantación del juliano en el año 46 a.C. Su ciclo se iniciaba con el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, y comprendía diez meses que, aunque de origen lunar, habían derivado en periodos de alternativamente 31 y 30 días, salvo decembris, también de 30. Esto arroja un total de 304 días, y deja 61 libres, no pertenecientes a ningún mes. El calendario de Rómulo, a pesar de estas particularidades, constituirá como ya se intuye la base del calendario juliano y, con ello, del gregoriano nuestro. Los meses poseían ya los nombres conocidos (martius, aprilis, maius, iunius, quintilis…), a los que se añadirían enero y febrero con la reforma de Numa Pompilio, el segundo rey de la ciudad, que alteró también la duración de los meses. Sucesivas modificaciones, sin embargo, como se comentará en otro momento, lejos de simplificar introdujeron más confusión a la datación de la fecha.
El conteo del día del mes se efectuaba por la retorcida referencia a los días restantes hasta las las calendas, las nonas y los idus. La razón de esta cuenta retrógrada es un vestigio del calendario lunar, por el cual se esperaban los días que faltaban para la luna llena o creciente.  El sistema tampoco estaba universalmente extendido en sus inicios y coexistía con calendarios previos, usualmente con periodos dedicados a divinidades locales. Así Censorinus nos habla del calendario que seguían los de Alba Longa, con meses de 36, 28, 22 o 16 días; Tusculum, con un octubre de 32; o Aricia, que le asignaba 39 al mismo.
Hay que indicar, para terminar, que algún autor clásico (Licinius Macer, por ejemplo) no menciona diez sino ya doce meses para el calendario previo a Numa, contradicciones que no deben asombrar tratándose de referencias que pretenden remontarse tanto en su tiempo.

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El mecanismo de Anticitera

Jueves, septiembre 4th, 2008

En el año 1900, entre los restos de un naufragio junto a la isla de Anticitera, se descubrió el más complejo mecanismo que conservamos de la antigüedad. Se considera que fue construido en torno a la segunda mitad del siglo segundo antes de Cristo, y actualmente se guarda en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Se trata de un mecanismo del que se conservan 30 engranajes, pero algunos especialistas suponen que debió de contener más del doble, que permitía realizar varios cálculos astronómicos, entre ellos la posición del Sol, de la Luna, su fase, quizás la situación de planetas, aparición de estrellas sobre el horizonte y las fechas de los juegos olímpicos.

Mecanismo de Anticitera

Mecanismo de Anticitera

El mecanismo de Anticitera estaba construido en bronce y guardado en una caja de madera de aproximadamente 30x20x10 cm (sería posiblemente un dispositivo portátil) cuyas puertas frontal y trasera podían abrirse y contenían inscripciones a modo de manual de uso. En su parte delantera poseía dos diales concéntricos: el interno para representar el zodiaco con sus 360 divisiones y el externo un calendario solar con 365 días que incluía los nombres de los meses egipcios y los días epagómenos. La corrección del día extra cada cuatro años se efectuaba desplazando las ruedas una respecto de otra y bloqueándolas de nuevo, para lo que disponían de unos agujeros. También en esta parte frontal se indicaban las posiciones del Sol y la Luna sobre el cielo por medio de dos punteros. La palabra Venus entre las inscripciones apunta a que podría mostrar posiciones de planetas, aunque de esta parte sólo ha sobrevivido un engranaje. En la trasera el mecanismo disponía de dos espirales, cada una de ellas con un dial principal que la recorría y otro subsidiario. El indicador superior se usaba para determinar el ciclo metónico, y la rueda subsidiaria para el calípico, cuatro veces mayor; el inferior representaba el ciclo de Saros, que predice los eclipses, junto con el de Exeligmos, el triple de largo.
Los engranajes que determinaban el movimiento de la Luna hacían que ésta cambiase de velocidad, aproximando en buena medida su trayectoria real. Este comportamiento simulaba la entonces reciente teoría de Hiparcos. El experto Michael Wright opina que las fases del satélite se mostraban gracias a un mecanismo diferencial, elemento que no volvemos a ver en Europa hasta la Edad Moderna. Respecto a la posición de planetas, no hay pruebas concluyentes de que pudiese calcularse, pero se han creado reconstrucciones que los incorporaban con sistemas de engranajes similares y según los cálculos de Apolonio de Perga.
La función del mecanismo de Anticitera sigue siendo discutida. Su complejidad sobrepasa las necesidades de la navegación y hay que apuntar a usos relacionados con cálculos de calendario, como determinación de festividades, fechas de Juegos Olímpicos (que se celebraban durante la luna llena previa al solsticio de verano cada cuatro años), eclipses, previsiones astrológicas, etc.

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