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El inicio del año

Viernes, septiembre 10th, 2010

Como se comentaba en Y próspero año nuevo, históricamente se han considerado fechas muy diferentes para efectuar el avance en la cuenta del año (ni siquiera ha habido en Occidente acuerdo sobre la era, que puede referirse según el texto a la romana, diocleciana, cristiana, hispánica, etc.). Esto hace bastante compleja la datación de una fecha en la Edad Media, para lo cual es precioso conocer el contexto en el que se menciona. En esta entrada vamos a tratar justamente los estilos de inicio de año, esto es, en qué mes y día se producía el cambio:

  • Estilo de la circuncisión o annus circuncisiones: es el mismo que se emplea hoy día, y coincide con la fecha en la que se comenzaba el año en el Imperio Romano (antes de Julio César se iniciaba el 1 de marzo) y supuestamente la de la circuncisión de Jesucristo. Se empieza a difundir ampliamente por Europa a partir del siglo XIII; en España se adopta en el XVI y se refrenda su uso en 1691.
  • Estilo de la Natividad o annus Nativitate Domini: inicia el año el 25 de diciembre, supuesta fecha del nacimiento de Cristo y antigua fiesta romana del Sol Invicto. Se empleó fundamentalmente en Italia desde el siglo IX al XIII, aunque también se usó en Aragón y Castilla hasta tardíamente. A veces se confunde con el de la circuncisión, ya que sólo varía respecto de éste en siete días.
  • Estilo de la Pascua de Resurrección o annus gratiae: según éste el año cambia en la Fiesta de Resurrección, en Semana Santa, y puesto que la fecha que corresponde a ésta depende de la fase lunar, su inicio es variable. Peor aún, una misma datación puede corresponder a dos días diferentes separados por un año de diferencia. Se empleó en Francia desde los siglos X a XVI, y también en Navarra.
  • Estilo de la Encarnación (annus Incarnationis, annus ab Incarnationis Domini, annus Domini) pisano: comienza el año el 25 de marzo, con la fiesta que conmemora la concepción de la Virgen. Desde el 1 de enero hasta dicho día la cuenta coincide con el calendario común; dicho de otro modo, se inicia 9 meses antes del nacimiento de Cristo. Fue usado en la región de Pisa.
  • Estilo de la Encarnación florentino (calculus Florentinus, mos Treverenis, mos curiae Lausanensis): idéntico al anterior, salvo porque mantenían una cuenta del año diferente. Desde el 26 de marzo al 31 de diciembre coincide con el calendario común; dicho de otro modo, inicia la cuenta 3 meses después del nacimiento de Cristo. Se empleó fundamentalmente en Florencia, aunque también en Inglaterra, Siena, Toscana o la Cancillería Pontificia. En la Península se usó principalmente en Aragón.
  • Estilo véneto: da comienzo el 1 de marzo, según se hacía en la República de Roma. Coincide con el común a partir de dicha fecha. Se usó en Venecia.
  • Estilo bizantino: inicia el año el 1 de septiembre, coincidiendo con el común los meses precedentes da dicha fecha. Lo encontramos empleado en Grecia y sur de Italia.
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El Reloj Astronómico de Praga: el cielo

Domingo, abril 11th, 2010

A quien conozca el astrolabio no escapa la similitud que presenta el instrumento con el reloj astronómico del antiguo ayuntamiento de la Ciudad Vieja de Praga. En efecto, la rueda exterior, con la indicación de la hora local en cifras góticas, se asemeja al elemento denominado madre; el fondo representa el plato, con los círculos correspondientes a los trópicos y el ecuador; y, dentro de él, la araña con los signos zodiacales. De hecho, incluso podemos descubrir el dorso de esta herramienta de astrónomos y navegantes en el círculo que se halla justo bajo el principal del reloj, aunque este componente date de finales del siglo XIX.

Reloj Astronómico de Praga

Reloj Astronómico de Praga

En la entrada previa ya mencionamos el recorrido que efectúa el sol sobre la representación de la bóveda celeste indicando las horas. Pues bien, una rueda con los signos del zodiaco situada excéntricamente lo acompaña indicando la posición que el astro ocupa en los cielos. Para que ello sea posible es necesario que ambos (el sol y el círculo zodiacal) sigan un lento movimiento relativo de modo que al cabo de un año el uno haya efectuado una vuelta completa alrededor del otro. Queda así justificado el adjetivo astronómico que se le otorga al reloj. El círculo zodiacal no es otra cosa sino una proyección de la esfera celeste (para los astrónomos el zodiaco es la banda en la cual podemos observar el movimiento del sol, la luna y los planetas). Acompañan a los signos unas divisiones más pequeñas, seis por cada uno de ellos, que corresponden a fracciones de cinco grados del ecuador. Como es lógico, la pequeña estrella que representa en el reloj el punto vernal debe moverse de forma solidaria con el zodiaco, pues se sitúa en la transición de Piscis a Aries. Si se observa con cuidado, se puede notar que del centro de giro parten además otros tres brazos, a modo de cruz: el opuesto a la estrella es el denominado punto Libra y ambos marcan el solsticio del primavera y otoño respectivamente; los transversales indican los solsticios de verano e invierno. De modo que cuando el sol cruza, en sentido antihorario, cada una de estas líneas entra en una estación nueva.
La luna, por último, también tiene cabida en el conjunto. Se representa mediante una esfera plateada por uno de sus lados y negra por el otro (con objeto de que al girar indique su fase). Como sucede con el sol, su posición puede leerse tanto en la bóveda celeste si la observamos desde el círculo zodiacal como sobre el horizonte si lo hacemos desde el frontal del reloj.
En www.praguealacarte.com se puede disfrutar de una animación del conjunto. Pulsando el botón azul de la parte inferior podemos modificar los parámetros. El más interesante es step, que ajusta el paso del tiempo (divisiones del día en 366). Se anima a probarlo con los siguientes valores:

  • Uno. Vemos, acelerado, el movimiento del reloj a lo largo del día.
  • 365. Con el firmamento fijo, observamos cómo se desplaza por él el sol y la luna durante del año.
  • 366. Con la hora fija, vemos cómo varía el firmamento a lo largo del año.

Continúa en El Reloj Astronómico de Praga: el calendario

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El calendario de Rómulo

Martes, agosto 11th, 2009

Se denomina caledario de Rómulo al primero de los calendarios romanos conocidos. Según la tradición, fue instaurado por el propio y legendario fundador del Roma, y se usó hasta la implantación del juliano en el año 46 a.C. Según algunos autores (existen bastantes diferencias desde la antigüedad hasta hoy en día al respecto), su ciclo se iniciaba con el primer plenilunio tras el equinoccio de primavera, y comprendía diez meses que, aunque de origen lunar, habían derivado en periodos de alternativamente 31 y 30 días, salvo decembris, también de 30. Esto arroja un total de 304 días, y deja 61 libres, no pertenecientes a ningún mes. El calendario de Rómulo, a pesar de estas particularidades, constituirá como ya se intuye la base del calendario juliano y, con ello, del gregoriano nuestro. Los meses poseían ya los nombres conocidos (martius, aprilis, maius, iunius, quintilis…), a los que se añadirían enero y febrero con la reforma de Numa Pompilio, el segundo rey de la ciudad, que alteró también la duración de los meses. Sucesivas modificaciones, sin embargo, como se comentará en otro momento, lejos de simplificar introdujeron más confusión a la datación de la fecha.
El contaje del día del mes se efectuaba por la retorcida referencia a los días restantes hasta las las calendas, las nonas y los idus. La razón de esta cuenta retrógrada es un vestigio del calendario lunar, por el cual se esperaban los días que faltaban para la luna llena o creciente.  El sistema tampoco estaba universalmente extendido en sus inicios y coexistía con calendarios previos, usualmente con periodos dedicados a divinidades locales. Así Censorinus nos habla del calendario que seguían los de Alba Longa, con meses de 36, 28, 22 o 16 días; Tusculum, con un octubre de 32; o Aricia, que le asignaba 39 al mismo.
Hay que indicar, para terminar, que algún autor clásico (Licinius Macer, por ejemplo) no menciona diez sino ya doce meses para el calendario previo a Numa, contradicciones que no deben asombrar tratándose de referencias que pretenden remontarse tanto en su tiempo.

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