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El Calendario de Coligny

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A finales del siglo XIX un agrigultor encontraba en la pequeña población francesa de Coligny los fragmentos de una placa de bronce con el texto más extenso conocido en lengua celta antigua. Data de finales del siglo II a. C. y sus dimensiones debían ser de un metro por metro y medio. Su estado de conservación es pobre, pero suficiente para atestiguar con claridad su función: consistía en un calendario por una duración de cinco años.

Calendario de Coligny

Calendario de Coligny

Vaya por delante la aclaración de que no se puede hablar de un único calendario celta, sino de un conjunto de ellos relativamente heterogéneo, dentro del cual el de Coligny destaca por su sofisticación, puesto que intenta unificar los ciclos lunares y solares, lo cual sólo logra parcialmente (para ello se requerirían 19 o 76 años). En cualquier caso, es la mejor fuente que poseemos de sus festividades. Los meses según esta placa se corresponden claramente con el ciclo lunar. No está claro si se inician con la luna nueva o la llena, pero sí parece que los dividían en dos mitades de catorce o quince días denominadas de luz y de oscuridad. Estas quincenas eran llamadas atenoux, palabra que aparece escrita con el mismo tamaño que los nombres de los meses. Cuando la duración de ambas partes alcanzaba los 30 días, se consideraba el mes afortunado (matos), y desafortunado (anmatos) si sólo llegaba a 29. Los textos, escritos con caracteres latinos, nos revelan que sus nombres eran los siguientes: samonios, dumannios, rivros, anagantios, ogronios, cutios, giamonios, simivisonnios, equos, elembivios, edrinios, y cantlos. En total hacen 354 o 355 días, lo que obliga a introducir un mes intercalar más para ajustar el ciclo solar. En la tabla de bronce existen dos de estos meses intercalares: el primero encabeza el conjunto y su nombre no se acierta a leer, y el segundo, antes de giamonios (lo que quiere decir que no ocupaba una posición fija) se denomina ciallos bis sonnocingos. Una cuestión hoy discutida es su disposición; esto es, la fecha aproximada de comienzo del año. Por un lado el nombre del primer mes parece corresponder con el término galo para designar el verano (samon); sin embargo, se asume como más coherente el otoño, habida cuenta de que también podría emparentarse con sanhaim .
Hay que hacer notar que el Calendario de Coligny se elaboró en una época en que la zona estaba ya ocupada por los romanos. La influencia es clara, no sólo en los caracteres latinos con los que está escrito, sino por el uso de numeración romana y la distribución como parapegma (dispone de unos agujeros para marcar el día actual). Sus restos se hallaron en un templo a Apolo. Se ha sugerido que constituyese un intento de preservar los restos de la cultura celta ante la dominación romana, aunque más bien parece una ejemplo de coexistencia e intercambio de ambas. Se conserva hoy día en el Musée d’Archéologie du Jura en Lons-le-Saunier.

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