Archivo de la categoría ‘Referencias’

Gregorio XIII

Lunes, noviembre 8th, 2010

Se constata que es necesario establecer una regla al mismo tiempo sobre tres puntos para restaurar la celebración de la Pascua de acuerdo a las normas fijadas por los pontífices romanos previos, en particular Pio I y Víctor I, y por los padres de los concilios, notablemente los del gran concilio ecuménico de Nicea. A saber: primero, la fecha precisa del equinoccio vernal, después la fecha exacta del decimocuarto día de la luna que alcanza su edad el mismo día que el equinocio o inmediatamente después, y finalmente el primer domingo que sigue a este día catorce de la luna. También tenemos en cuenta no sólo que el equinoccio vernal se restituya a su fecha original, de la cual se ha desviado aproximadamente diez días desde el Concilio de Nicea, sino que el decimocuarto día de la luna pascual acaezca en su lugar correcto, del cual dista ahora más de cuatro días, pero también que se funde un sistema metódico y racional que asegure en el futuro que el equinoccio y el decimocuarto día de la luna no se desplacen de sus posiciones apropiadas.
Con objeto de que el equinoccio vernal, que fue fijado por los padres del Concilio de Nicea en las duodécimas calendas de abril [21 de marzo], se devuelva a dicha fecha, prescribimos y ordenamos que se eliminen de octubre del año 1582 los diez días que van del tercero después de las nonas [el día cinco] hasta el día previo a los idus [día 14], ambos incluidos. El día que seguirá a las cuartas nonas [el cuatro de octubre], en el que tradicionalmente se celebra San Francisco, serán los idus de octubre [el 15], y se celebrarán las fiestas de los mártires San Dionisio, Rústico y Eleuterio, así como la memoria de San Marco papa y confesor, y de los mártires San Sergio, Baco, Marcelo y Apuleyo.
[...]
Así, con objeto de que el equinoccio no se aleje de las duodécimas calendas de abril en el futuro, establecemos que cada cuatro años sea bisiesto, como es costumbre, excepto en los años seculares, que siempre fueron bisiestos hasta ahora; deseamos que el año 1600 sea todavía bisiesto, pero después de este, aquellos años seculares que le sigan no serán todos bisiestos, sino que por cada 400 años los tres primeros años seculares no serán bisiestos, pero el cuarto sí lo será; de suerte que los años 1700, 1800 y 1900 no serán bisiestos. Pero el año 2000, según nuestra costumbre, tendrá una intercalación bisiesta: febrero contendrá 29 días, y la misma regla para intercalar los bisiestos cada 400 años se preservará por siempre.

Inter Gravissimas, bula de Gregorio XIII.

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Iatromathematische Hausbuch

Domingo, julio 4th, 2010

Iatromathematische Hausbuch, enero
El Iatromathematische Hausbuch puede considerarse una suerte de enciclopedia de mano del 1400 que relaciona conocimientos astronómicos y médicos de la época. Se cree que fue escrito por un médico seglar del norte de Alemania, posiblemente de Nuremberg. Uno de los ejemplares de este incunable, ricamente decorado a color, y producido por la imprenta de Johann Schönsperger en 1487, se guarda en la Bayerische Staatsbibliothek de Munich y puede consultarse en su Centro de Digitalización.
El libro está dividido en varias partes, dedicadas al calendario, los temperamentos, los cielos, los planetas, dioses, naturaleza… Por lo que respecta a la primera, a cada mes del año se le dedican dos páginas. Una recoge una ilustración con una actividad propia de dicho momento del año. La otra contiene un santoral y lo acompaña una pequeña representación del signo zodiacal propio.
Iatromathematische Ausbuch, septiembre

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Marcus Terentius Varro

Jueves, mayo 20th, 2010

Pido perdón por los errores de traducción:

Y puesto que tenemos dos medidas de tiempo, una anual que el sol completa con su recorrido, la otra mensual que la luna abarca al dar vueltas, hablemos primero del sol. Su curso anual se divide en cuatro periodos de unos tres meses, y más precisamente en ocho periodos de mes y medio cada uno; la división en cuatro comprende primavera, verano, otoño e invierno. [...] El primer día de la primavera tiene lugar cuando [el Sol] está en Acuario, en verano cuando está en Tauro, en otoño cuando está en Leo y en invierno cuando está en Escorpio. Puesto que el día 23 de cada uno de los signos es el primer día de las cuatro estaciones, la primavera contiene 91 días, el verano 94, el otoño 91 y el invierno 89, cuyos números, llevados al calendario en curso, fijan el comienzo de la primavera el 7 de febrero, del verano el 9 de mayo, del otoño el 11 de agosto y del invierno el 10 de noviembre. Para divisiones más exactas hay que observar otras cosas, que resultan en ocho partes: la primera desde Favonio [el viento del oeste, no sé de otro evento que denomine así] hasta el equinocio vernal, 45 días; desde ahí hasta la aparición del las Pléyades, 44 días; hasta el solsticio de verano, 48 días; hasta el orto de Sirio, 27 días; hasta el equinocio de otoño 67 días; hasta la puesta de las Pléyades, 32 días, hasta el solsticio de invierno, 57 días, y de vuelta a Favonio, 45 días.
[...] Los periodos lunares también deben tenerse en cuenta; a grandes rasgos son dos, cuando la luna crece desde la nueva hasta la llena y cuando decrece de nuevo hacia la nueva, hasta que alcanza el intermenstruum, en el que se dice que la luna es última y primera; día que en Atenas llaman ἕνην καὶ νέαν, o vieja y nueva, mientras que otros denominan τριακάδα, o decimotercero
[...] Hay -dijo Stolo- una segunda división en seis de las estaciones que se puede decir que establecen una relación con el sol y la luna porque todo producto alcanza la perfección en cinco estados y llega a la tina y la cesta en la granja, y en el sexto se usan.

Marcus Terentius Varro, De la agricultura.

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