Archivo de la categoría ‘Otros calendarios’

El calendario azteca

Martes, junio 16th, 2009

Al igual que el calendario maya, el azteca consiste de hecho en una pareja de sistemas relativamente independientes de determinación de la fecha, con ciclos de 260 y 365 días. El hecho no es casual: se considera que ambos derivan de una misma construcción de origen olmeca. El primero de los calendarios, denominado tonalpohualli, dividía el año en 20 semanas de trece días asociadas a un elemento natural. Se usaba con fines astrológicos, para establecer los rituales y registrar los acontecimientos. A cada semana y a cada día dentro de ella correspondía un dios. Cuatro de esos dioses estaban relacionados con los puntos cardinales, que a su vez también se emparentaban con las semanas. La función del calendario sagrado era predecir los vaivenes del delicado equilibrio que el mundo guardaba bajo las disputas divinas.
El segundo de los calendarios mexicas o aztecas, el xiuhpohualli o civil, era evidentemente solar y se usaba por ende para determinar las tareas agrícolas. Se componía de 18 meses, también asociados a deidades, de 20 días más cinco días vacíos, los nemontemi, de mal augurio. Cada cuatro años era preciso agregar un día, como hacemos en nuestros bisiestos, pero este ajuste se efectuaba repitiendo uno de los días, al que se denominaba mowechiwa. El seguimiento de la fecha se hacía de forma independiente en ambos calendarios, que coincidían de nuevo cada 52 años, periodo al que se denominaba xiuhmopilli. Hay que hacer ver que la concepción de la historia para los aztecas era cíclica, lo que significaba que los acontecimientos se repetían y podían predecirse.
Una representación de su cosmogonía, junto con elementos de su calendario, se puede contemplar en la llamada Piedra del Sol, un altar descubierto en Ciudad de México en 1790.

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El día juliano

Jueves, diciembre 28th, 2006

A pesar de que se debe a los astrónomos el diseño de prácticamente cualquier calendario usado actualmente o en la antigüedad, ninguno de ellos ha satisfecho sus necesidades. No nos referimos a las incorrecciones que con sucesivas mejoras se han ido subsanando, sino a otra cuestión: cuando más ligadas han estado sus divisiones a los ciclos del sol y la luna, y han sido por tanto de mayor utilidad para predecir sus movimientos, más difícil han sido de manejar para realizar cálculos. Por ejemplo, el calendario civil egipcio, con su año de exactamente 365 días, permitía fácilmente calcular cuántos días habían transcurrido entre dos fechas cualesquiera. La introducción de días bisiestos complica algo más la tarea, ya que exige contabilizar los veintinueves de febrero intermedios. Y la reforma del papa Gregorio añade un elemento de complejidad adicional. A lo que hay que sumar un sinfín de detalles más: los saltos con cada cambio de calendario, los desacuerdos (países o regiones con distinto calendario, o distinta fecha de inicio del año), la no existencia de año cero, las divisiones no decimales (el día tiene 24 horas, cada hora 60 minutos…), el cambio de hora -e incluso de fecha- según la longitud terrestre, los segundos adicionales que se agregan al final de algunos años, el cambio de hora en verano en algunos países de Europa, etcétera. Todo esto produciría importantes quebraderos de cabeza a los astrónomos modernos de no ser porque hace mucho decidieron crear un sistema propio lo más simple y exento de incoherencias posible.

El inventor fue Joseph Justus Scaliger. En 1583, recién estrenado el calendario gregoriano, este autor francés convertido al protestantismo publicó su Opus de Emendatione Tempore, en la que exponía un sistema sumamente simple para datar acontecimientos: contar los días a partir de una fecha. La elección de ésta es una cuestión que hoy carece de interés, pero en en sus cálculos buscó la coincidencia del ciclo lunar o metónico, el solar y el periodo de recaudación de impuestos en la antigua Roma. Esto le dio como fecha de inicio de su cuenta el lunes 24 de enero del año 4183 antes de Cristo según el calendario juliano (24 de noviembre en el gregoriano). Los días se referirían a dicho momento. Así, diríamos que el 1 de enero de 2000 acaeció el 2451544. Scaliger decidió llamar día juliano a tal datación en honor a su padre, Julius Cesar -el nombre no tiene por tanto nada que ver con el calendario juliano-. La cuenta comienza por cero y a mediodía (de Greenwich). Posteriormente se introdujeron periodos menores como divisiones decimales del día. Por tanto, para ser precisos deberíamos haber dicho que el uno de enero de 2000 fue el día juliano 2451544,5. Obvia decir lo útil que un sistema semejante ha resultado para la astronomía desde la época de su invención hasta la actualidad, en la que el instrumental y los registros están controlados por computadoras. Como curiosidad, los ciclos que Scaliger utilizó se repiten cada 7890 años, lo que denominó año juliano.

A partir del día juliano se pueden calcular fácilmente dos fechas más relacionadas con él: el día juliano modificado, que pretende hacer menos engorroso su uso, y que son las cinco cifras menos significativas; y el día lidiano, número de días transcurrido desde la entrada en vigor del calendario gregoriano, el 14 de octubre de 1582. El nombre del último deriva de Luigi Lilio Ghiraldi, como reconocimiento a su aportación a dicho sistema. Existen numerosas aplicaciones para calcular el día juliano disponibles en la red a partir de nuestra fecha. De hecho, la mejor forma de traducir una fecha de un calendario a otro es emplear como intermediario el día juliano.

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Otro fin del mundo

Jueves, septiembre 1st, 2005

Para los descontentos con el decepcionante fin de la humanidad que vivimos en el cambio de milenio, decirles que la siguiente cita apocalíptica es dentro de siete años y nos la brinda con desenfado el calendario maya. Según una de las varias correlaciones existentes entre el perteneciente a esta cultura y el nuestro, la cuenta larga alcanza su final (o inicia un nuevo ciclo) el 23 de diciembre de 2012. Y para quien esté más interesado en conocer qué es la cuenta larga o choltun que en difundir profecías, sigue una explicación.
Los mayas, como es sabido, desarrollaron un interesante sistema de numeración posicional, con dígito para el cero, basado en el número 20. Y, asociado a él hasta el punto de no saber si sus conocimientos matemáticos se subordinaban a los astronómicos o viceversa, un calendario bastante preciso. Aunque habría que decir que usaban en realidad tres sistemas para fijar la fecha. El que poseía un ciclo más breve era el tzolkin, lo que podríamos denominar calendario religioso, pues se usaba para las ceremonias y el pronóstico de las lluvias. Estaba constituido por trece meses de 20 días, lo que hace que se repitiese cada 260 jornadas. Se nombraba a los individuos según su fecha de nacimiento, y no se autorizaba a las parejas a casarse si sus cumpleaños tenían el mismo guarismo.
Además de este calendario, la cultura maya seguía un calendario solar compuesto de cinco meses y cinco días más, el haab. Hay que hacer notar que aunque contaban con base 20, las cifras se componían agregando puntos hasta formar grupos de cinco, número que tenía también cierto significado mágico. Estos 18 meses de 20 días más los cinco adicionales, que se consideraban de mal agüero y no se tenían en cuenta en las cronologías, aunque sí en la fecha, hacen un total de 365. Los dos ciclos mencionados, el sagrado y el impreciso, coincidían cada 18980 días (casi 52 años nuestros), lo que se ha dado en llamar calendario circular.
Como ejemplo de sus preocupaciones astronómicas, comentar su empeño por predecir un hecho para ellos de importancia vital y muy temido: la reaparición de Venus en el horizonte tras un tiempo de invisibilidad. Lograron hacerlo con una precisión el orden de un día en quinientos años, lo que sólo se ha conseguido en la astronomía europea en los tiempos modernos. Las tablas que elaboraron están recogidas en el códice Dresden.
Probablemente la necesidad de realizar cálculos sobre fechas, así como su compulsión a datar los acontecimientos, en un sistema que no poseía fracciones ni números negativos, hizo que a los mayas un periodo como el calendario circular les pareciera insuficiente. Inventaron entonces la cuenta larga. Cada veinte días (kin) constituyen, como se ha dicho, un mes (uinal). Un tun está formado por 18 meses y se aproxima al año; 20 tun componen un katun y 20 katun hacen un baktun. Ese gran ciclo de 144000 días es lo que se denomina choltum o cuenta larga, que comenzaba a contar a partir de un inicio convencional situado, se cree (los historiadores discrepan sobre el inicio y fin de este periodo en un margen de unos 500 años), el 10 de agosto de 3113 a.C.

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