Archivo de la categoría ‘Calendarios lunares’

El calendario musulmán

Domingo, octubre 16th, 2005

Los musulmanes llaman a los tiempos precedentes a Mahoma la yahiliyya o era de la ignorancia. El calendario arábigo que se usaba empleaba meses de treinta y veintinueve días casi siempre alternativos, y el año constaba de doce de estos meses. Era un sistema fuertemente basado en los ciclos lunares, pero aproximadamente cada tres años, aunque sin una regulación fija, se intentaba reajustarlo con el periodo solar, para lo cual se intercalaba un año superabundante, de trece meses.
Al Profeta estos suplementos de trece lunaciones le parecieron un rasgo de infidelidad, y unos años después de su muerte el califa ‘Umar ibn Al-Jattab instauró una nueva era, la islámica, que daría comienzo en su registro del tiempo con la salida de Mahoma de la Meca, la Hégira. Para ser más preciso, unos cuatro días después de su llegada a Medina, para hacerlo coincidir con la luna nueva, el 20 de septiembre de 622.
El ciclo lunar o sinódico dura un poco más de 29 días y medio, de modo que no se ajusta cabalmente a un año de 354 días. Para resolver dicho problema, el calendario musulmán introduce un periodo mayor, de tradición sumeria, de 360 lunaciones o 30 años, de los que 11 se computan como bisiestos o kabisa. Este sistema ofrecería un buen ajuste con las fases lunares, de sólo un día de error cada dos milenios; pero, al prescindir por completo de la referencia del periodo solar, no existe correspondencia entre fechas y estaciones, y las festividades se van adelantando con respecto a las últimas. De hecho, al poseer años de unos once días menos que el calendario gregoriano, avanza más rápidamente en el cómputo.
No obstante, lo que más sorprende a ojos extraños a esta cultura es la determinación del inicio de cada mes y consecuentemente, la duración de éstos, la sucesión de años bisiestos, etc. Tal acontecimiento se establece cuando alguien observa la primera luna o hilal en las condiciones que establece el orden jurídico. El avistamiento se ve influido por multitud de factores meteorológicos, humanos y astronómicos, además de por la localización geográfica, de modo que un país islámico puede haber entrado en un mes mientras su vecino no lo ha hecho. Realmente el mes se iniciaría a la noche siguiente, pues el día musulmán comienza con la puesta de sol. Recientemente se está debatiendo el uso de instrumentos como telescopios para determinar el inicio del Ramadán. Las horas, que regulan los cinco rezos diarios, son pues de duración irregular. Se cuentan doce diurnas y doce nocturnas invariablemente.
La impredictibilidad del calendario obligó desde muy temprano aceptar a modo de calendarios teóricos modelos como el del matemático Abu ‘Abd Allah Muhammad b. Yabir b. Sinan al-Battani o, entre astrónomos, horas de igual duración.

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El calendario babilónico

Domingo, julio 10th, 2005

Transcribo a continuación un fragmento de El tiempo en la historia, de G. J. Whitrow:

La base del calendario babilónico parece haber sido siempre lunar. El mes empezaba cuando la luna en cuarto creciente volvía a ser visible, por primera vez, después de la puesta del sol. En consecuencia, el día babilónico empezaba por la noche. Definido de esta manera, un mes lunar debía contener cierto número de días, pero a veces eran veintinueve, a veces treinta.
[...] Por lo general, el año lunar comprendía doce meses, pero eso es menos que el año solar. Con el fin de evitar que las estaciones se desfasaran, se insertaba un decimotercer mes de vez en cuando, aunque no existió un sistema regular para intercalar este mes adicional hasta el siglo V a.C., cuando empezaron a insertar siete de estos meses a intervalos regulares, en un ciclo de 19 años. Es probable que antes el estado de la cosecha decidiera la necesidad del mes adicional. El ciclo de 19 años se basaba en el descubrimiento de que 19 años solares son casi equivalentes a 235 meses lunares. Se conoce comúnmente por el nombre de ciclo metónico, por ser el astrónomo ateniense Metón quien lo introdujo en el año 432 a.C. [...] Se sabe que los doce signos del zodíaco, de 30 partes y de igual duración cada uno, se emplearon desde poco después del año 500 a.C. Con el tiempo, esta división del cielo se traspasó a la división del círculo y, de este modo, dio lugar a la costumbre actual de dividir el ángulo completo (bidimensional) alrededor de un punto en 360 grados.

También debemos a los babilonios la semana de siete días, periodos posiblemente asociados a las fases lunares, y las divisiones de la hora. Era costumbre que los cálculos que implicaban fracciones se realizasen en el sistema sexagesimal (probablemente debido al buen número de divisores de 60), lo que los llevó a introducir minutos y segundos cuya duración, que dependía de la de la hora, no era constante durante el año.

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